Mecanismos de defensa

Por Cristina Castillo Martínez. Llámenme rara, pero siempre me he preguntado qué sucede en nuestro organismo cuando estornudamos, cuál es la causa que provoca esa inevitable, divertida, sorprendente, maleducada e inesperada explosión que tratamos de reprimir sin éxito, que nos hace agachar la cabeza y nos obliga a cerrar irremediablemente los ojos.

A falta de la enciclopedia médica y de cualquier otra bibliografía especializada, leo en Wikipedia (desatendiendo mis propios consejos) que se trata de un mecanismo de defensa del aparato respiratorio. La mucosa nasal –por razón que no se explica–, se irrita y, como en la caída de la primera ficha del dominó en una hilera cercana, se desencadena un proceso inevitable que nos hace inhalar aire por la boca (unos dos litros y medio). Los músculos abdominales se estiran elevando el diafragma para aumentar la presión en los pulmones. Entonces se cierran los músculos de la faringe y esa cantidad de aire termina su recorrido, saliendo disparado por la boca a una velocidad no permitida en ningún código de circulación: nada más y nada menos que entre 110 y 160 kilómetros por hora, dejando contaminada, a su paso, un área de 6 m2.

Pero si el estornudo es un mecanismo de defensa del aparato respiratorio, me pregunto por qué no estornudo cuando me encuentro a ese compañero de trabajo que, con su sola presencia, me quita el aire; por qué no estornudo cuando escucho en el telediario atroces noticias que me cortan la respiración o cuando descubro injusticias que me dejan boquiabierta.

Y me pregunto por qué esos estornudos, en su rápido viaje, no se llevan consigo a políticos y mandatarios incongruentes, imprudentes, temerarios; o por qué no quedan en cuarentena en esos 6 m2.

Y me pregunto qué dejan de ver mis ojos en esas décimas de segundo que permanecen cerrados. ¿Me habré perdido un beso, el nacimiento de una idea, la muerte de alguien desconocido, un silencio, los versos más profundos, el recorrido de una lágrima al caer, un pensamiento fugaz, el paso de una estrella?

Y miro al mundo y ante la incomprensión, la altanería o la chulería castiza, estornudo; y ante el insulto, la crítica o el comentario desacertado opto por otro mecanismo de defensa, igual de inevitable, maleducado y además contagioso, que la apócrifa entre las enciclopedias (aunque mi salvadora en estos momentos de duda), define en los siguientes términos: “acción incontrolada de abrir la boca, con separación muy amplia de las mandíbulas, para realizar una inspiración profunda a la que sigue una espiración de algo menos de lo inhalado, con cierre final”.

Disculpen la confianza.

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