EL CIRCO DE LAS MUERTES Y DESMUERTES DE NERUDA

pablo-nerudaPor Bernardo Reyes (7 ab. 2013)

Quizás éste sea el último acto físico que el cuerpo de Pablo Neruda acometa, antes de completar su retorno definitivo a la sal y a las aguas.

Se trata de la publicitada performance, en donde los despojos de lo que fue, sean examinados para determinar cómo se consumó el acto íntimo -feroz y sin retorno-, con Tánatos. Aquello que los antropólogos forenses llaman, no se sabe si con un dejo de cinismo, el lenguaje de los huesos.

A 40 años del oscuro encuentro del poeta con la musa del silencio, el presunto y solitario testigo de actos homicidas que solo él vio, silenciado por un poco entendible complot de todo el mundo, partiendo por su partido, por el difunto cardenal Silva Henríquez, por los medios de información nacionales e internacionales, clandestinos y públicos, pretende fundar una verdad de una vez y para siempre. O al menos su verdad, que lo tiene atragantado.

Como sea que fuera, ya no vamos a gastar palabras ni tiempo para señalar que de una forma u otra, se ha logrado fundar lo que en lenguaje jurídico se denomina una duda razonable, que por el momento se mantiene en un presunto secreto, ya que todo el mundo, y partiendo por cierta prensa, conoce el expediente completo desde hace rato. Por tanto, con el argumento y auxilio de esta duda, se procedió a fundar el andamiaje justificativo para realizar la exhumación del poeta.

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Una de las cuestiones centrales, que avinagra a una parte, es que con los elementos de juicio actuales, ya se pudo determinar que Neruda murió de cáncer, y no por algún procedimiento homicida. Este informe, según consta en tal expediente, lo entregó el médico Germán Tapia, funcionario del SML. Sin embargo, el ministro Carroza, aconsejado por tanatólogos de la Universidad de Chile, optó por solicitar la exhumación por dos razones: la escasísima posibilidad de  encontrar  trazas de residuos de sustancias letales, que hubieran sido capaces de originar la muerte, o comprobar que la muerte se originó en un cáncer. Este último aspecto, por cierto no es destacado por la prensa, la que convenientemente disimula las palabras en beneficio del rating: lo que vende es lo escabroso, no el ver los hechos con objetividad.

Dicho sea de paso, ningún familiar autoriza la exhumación, pese a las pomposas declaraciones hechas al respecto. En una investigación por homicidio, el juez ordena diligencias, y los demás acatamos.

Dos querellas existen al respecto: la del Partido Comunista, representada por el abogado Eduardo Contreras, y la de Rodolfo Reyes Muñoz, representando a sus hermanos, todos sobrinos de Neruda.  Léase bien el último párrafo ya que personalmente, como es sabido, tengo absoluta discrepancia con ambos, por considerar que no han podido acreditar la existencia de pruebas razonables y concretas, sino que, reiterando hasta la saciedad argumentos  periodísticos, y contradicciones del testigo, establecen como verdad lo que dista de serlo.

Sin embargo, pese a que  aún no se realiza la exhumación, ya se ha hecho público que existirán en breve acusaciones por homicidio, sin saber si existió tal homicidio.

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Otros, advenedizos por vocación y naturaleza, han cuestionado al equipo médico, y han clamado por más expertos internacionales, ojalá decenas de ellos, “para mayor transparencia”.  Pero ¿Será posible no entender que en escasos metros cuadrados no cabría ya ni un alma más, y que la participación de otros expertos jamás se ha excluido? Es decir, hay un grupo altamente calificado, respetado internacionalmente, que por disciplinas separadas emitirán sus opiniones científicas. Y existirá un número de observadores internacionales, que velarán porque todo el proceso se realice con estricto apego a protocolos forenses internacionales.

Es decir, se ignora y se pone en entredicho la ejemplar labor del ministro Mario Carroza y del doctor Patricio Bustos, director del Servicio Médico Legal, que quizás sean los hombres más probos y transparentes que existan en nuestros servicios públicos.

Ambos, con personales  vivencias dolorosas, han aportado dedicación y afecto para que nuestro país sea un poco más vivible, cuestión que al parecer no todos entienden. ¿Será razonable cuestionar la participación de Bustos debido a “su falta de imparcialidad” por ser parte del gobierno en tanto funcionario dependiente del gobierno derechista? ¿O es que de pronto la imbecilidad puede tener rasgos de patología, al punto de olvidar que el Sr. Bustos fue también un torturado por la dictadura y que por esa misma razón tiene un vínculo emocional y profesional de la más alta categoría y ética, para encabezar este  proceso médico investigativo?

Nunca me ha parecido que existiera la necesidad de una exhumación. Discrepo con don Mario Carroza, pero ni remotamente dudaría, ni dudo, de su excelencia profesional. Uno lee sus discretas y concisas declaraciones, el trato deliberadamente pulcro que da a sus casos, que no puede más que provocar un lazo de simpatía y respeto por su desempeño profesional.

En relación a los últimos fuegos de artificio lanzados a granel estos últimos días: me parece extremadamente superficial la teoría de que el padecimiento de cáncer no estaría acreditado, máxime cuando ni siquiera se han tenido a la vista  las fichas médicas de tres países europeos en las cuales el diagnóstico y tratamientos diversos, están suficientemente documentados. En Europa las fichas médicas “no desaparecen”, como aquí ocurrió en la Clínica Santa María.

Pero como a estas alturas, casi todo el mundo se volvió experto en temas médicos, y es capaz de teorizar acerca de  los más intrincados procedimientos, es cosa de ponerse a hablar y diseminar en la red sus dichos, para que “estudiosos nerudianos”, sin ningún asco ni vergüenza, repitan como loros de organillo, lo dicho por otros. ¿No tiene esto alguna reminiscencia de Goebels, acostumbrado a no perder la sonrisa mientras sostenía impúdicamente la mentira más descarada?

Los que vieron al poeta desde lejos, hoy sostienen que “Pablo” y que “Matilde”, dijeron cualquier cosa. El arquetipo de este embrujo de la hipocresía, está representado  por un connotado intelectual español, entrañable amigo de ambos, que jamás tuvo el tino de denunciar una supuesta atrocidad. Por el contrario, por años sostuvo algo completamente diferente a la idea de un homicidio, y que él, sin cuestionar su intrínseca traición, optó por guardar cómplice silencio, si acaso fuera posible establecer actos homicidas. Y de ahí se genera la feblísima convicción de que Matilde habría insinuado la idea del asesinato, en España, afirmación sacada totalmente de contexto. Como si fuera poco las palabras de Matilde están contenidas en un video que se exhibiera en la televisión española.

¿Será que este erudito a tiempo completo no fue capaz de entender el básico eufemismo de que cuando se dice que Neruda no murió de cáncer, no se está refiriendo a un asesinato, sino a situaciones emocionales que llevaron a un agravamiento?

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Por cierto ni nos vamos a dar el trabajo de describir las palabras de otro estudioso cuyo testimonio se promueve, y que aún trata de zafarse de una escandalosa acusación por abuso de menores. Ni de presuntos revolucionarios, acusados en la clandestinidad de robar dineros destinados para víctimas de la represión, y que hoy aparecen presentando su testimonio como si todos ya se hubieran olvidado de quiénes se tratan.

La codicia, la estulticia, la desidia, se han convertido en extraña forma de acreditar actos deleznables, al punto de hacer creer que quienes estuvimos en primera fila enfrentándonos a la dictadura, ahora estamos siendo manejados por siniestros poderes, que probablemente existan, mas no en nuestros corazones ni en nuestros actos, que jamás han sido inconsecuentes.

Cuando la mayor parte de esta troupe, estaba escondida, algunos por amenazas reales, y otros porque no resultaba conveniente ser relacionado con el poeta, muchos fuimos los que con todas las limitaciones dimos la cara, enfrentándonos al miedo y a las armas en manos demenciales.

Esperaremos pues con la calma que merece este procedimiento, para que sean los expertos quienes nos clarifiquen científicamente los hechos acaecidos, y no oportunistas profesionales.

El resultado tendremos todos que acatarlo. Pero independiente del resultado, esta ominosa y obtusa mancha dejará en la memoria nacional una huella de lamentable superficialidad, que no se condice con una figura tan trascendente como Neruda, y su mujer, protagonista de la historia al lado del poeta, y que ayudara a preservar el legado nerudiano de la mejor manera que ella consideró, en los días más negros de nuestra historia nacional.

¿Será posible tener que aceptar la ladina y cobarde insinuación de que Matilde Urrutia y Laura Reyes, esposa y hermana del poeta respectivamente, fueron parte de un complot siniestro de ocultamiento de procedimientos homicidas?

Un largo desfile de personas, sin más argumento que el manoseado “dicen que dijeron” ha llenado los espacios de farándula, que gozosos han acogido inverosímiles interpretaciones biográficas,  plagadas de una ignorancia que supera toda la cota de vulgaridad que pueda concebirse: a la acusación de que Matilde Urrutia fuera proxeneta, se le agregó la de ser practicante de la magia negra, y finalmente cómplice de un complot para asesinar al poeta mediante la aplicación de radioterapia, debido a que no estaría acreditada la existencia de un cáncer.

El ya inmortal Cantinflas, seguramente jamás pensó que tan al sur del mundo iban a surgir en masa, exégetas de la vida y obra del poeta, superando la locuacidad suya, consistente en hablar una enormidad para decir nada. Y es lo que objetivamente ha ocurrido.

Desacreditar a Matilde, como una maniobra que les permita a algunos sustentar la teoría de la complicidad de la viuda con el asesinato de su esposo, es quizás la ridiculez más flagrante y demencial que se hubiera podido escuchar. Pero frente a ella, el silencio que otorga, ha logrado enmudecer a querellantes, y otros personajes, que se han metido a explorar odios, desamores de los años veinte del poeta, para justificar su tirria por la musa del poeta.

Usted ha leído bien: se han metido a interpretar las manchas en las sábanas de la memoria de amantes, cuando todos los protagonistas tenían veinte años, específicamente en el trío amatorio de Neruda, Homero Arce, y Laura Arrué, en que los lleva a concluir la perpetuidad de los odios, en que el gran perdedor fuera Neruda. Por tanto, se sacan las conclusiones de celos, de venganzas, en fin de todo aquello que una  guionista de una teleserie de pacotilla pudiera utilizar para inventar la historia menos creíble que exista, pero que venda.

Es verdad, Matilde no era una persona fácil. Muchas veces embestía, y no todo el mundo podía con su carácter. Pero colectivamente no es posible tantísimo silencio de personas que dicen haber sido sus amigos.

Con estos “amigos” Pablo y Matilde no necesitan de enemigos.

Es por éstas y otras razones que no describo por fastidio, que no iré al carnaval de los despojos, en que huesos casi doctorados en arena, sean escudriñados, y se haga la repartija de notoriedad a delirantes y ávidos, que felizmente la suave brisa marina de los días borrarán pronto.

En vez de ello, una vez más, intento ver el rayo verde en el ocaso de Isla Negra. Allá, donde las aguas de la inmensidad oceánica se despeñan en la noche que avanza voraz a nuestro encuentro.

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