Darío, amigos, oportunidades y baches

el

David C. Róbinson O.

Del 18 al 20 de enero del año en curso, se realizó en la ciudad de León Santiago de los Caballeros de Nicaragua (para que no quede ninguna duda de donde fue el evento), el V Simposio Internacional Rubén Darío (a cien años de la primera publicación del Canto Errante). Tuve el honor y la gran suerte de ser invitado a esta versión.

Soy un gran suertudo. Nunca me he ganado el premio gordo de la lotería, pero esta no es la primera vez que participo como poeta internacional. Por segunda ocasión viajo desde mi querida patria Panamá, a compartir mis sencillos versos con la poetada y el público leones. Veintiocho horas de viaje por tierra hasta Managua y sesenta minutos más hasta León, no son ningún castigo sino más bien un aliciente. Bien sé del calor humano que me espera.
Creo me es, mejor dicho, me es obligatorio resaltar un detalle muy importante: quienes me invitaron y acogieron en ambas ocasiones me brindaron una oportunidad. ¿Oportunidad? Sí, una preciosa oportunidad. En realidad, una multiplicidad de hermosas oportunidades. Este año debo escribirlas. De lo contrario podría reventar y sufrir de un algún mal sicosomático.
Mis apreciados organizadores del simposio me ofrecieron la oportunidad de caminar por las mismas calles que recogieron en su momento los pasos de Darío niño, buscar sus ecos, hallarlos y guardarlos en el cofre de mis tesoros. Siempre es un acontecimiento compartir el mismo espacio físico con los grandes, aunque sea en tiempos diferentes.
Me ofrecieron la oportunidad de sentarme en prestigiosas y cómodas salas como la de Teatro José de la Cruz Mena, el auditorio del Banco Central o la Casa de Protocolo de la Universidad Autónoma de Nicaragua en León y allí escuchar a mentes preclaras y expertas demostrarnos a los allí presentes, una vez más, y sin aburrirnos, el faro poético que representa en el mar del universo literario el bardo gigante nicaragüense. Y no sólo para su ciudad natal y el resto de Nicaragua, también para Latinoamérica y la literatura occidental. Las ideas y propuestas corrieron libremente, desde las históricas, hasta una interpretación de Darío a partir de la actual cultura de la imagen, pasando siempre por las valiosas y tradicionales apreciaciones estéticas.
Así mismo me dieron otras oportunidades. Un tanto más mundanas, quizá. Sin embargo, oportunidades al fin y al cabo, que no dejan de tener su sabor a poesía, a vida misma. Por ejemplo, la esencial y básica, la de saborear exquisitos platillos de la común cocina leonesa; desde la hotelera hasta la de las fritangas callejeras. Exquisito y común únicamente se pueden escribir en la misma oración sin caer en contradicciones, bajo el aura bruja de un encuentro poético como el que ocurre en el Simposio Dariano.
Me dieron la oportunidad de escuchar a poetas más jóvenes y sanamente alegrarme y a la vez preocuparme por la fuerza lírica con que emergen; alegrarme porque son garantes de la continuidad poética de calidad y preocuparme por el llamado de atención que me significan: he de ponerme las pilas, seguir escribiendo, procurar hacerlo muy bien y con toda la seriedad que se amerita. Es que los jóvenes poetas invitados por los organizadores tienen el vigor y aliento que bien pueden llevarlos a superarme y dejarme rezagado en la osadía de escribir poemas. Y eso para mí es un doble reto; por un lado siento el llamado a alentarlos a no rendirse y por otro, no desfallecer y fallecer yo en esta búsqueda y este rebuscar que es la poesía.
Me dieron la oportunidad de compartir con los amigos una puesta de sol, dos o tres canciones, y como ocho poemas o más. Y sobre todo, compartir la palabra. Si hay una buena razón para sentarse alrededor de algo más fuerte que una gaseosa, esa razón es la palabra. La palabra siempre es creadora, es motor, es…
Y aunque parezca poca cosa, los organizadores del simposio, los que tuvieron la valentía de invitarme, me dieron la oportunidad de ver con otros ojos, los ojos que ya vieron la magia, a los mimos baches carreteros en el viaje de regreso a Managua; ya no eran la rutinaria molestia, sino aquel alto que me permitía apreciar los colores y los rostros del camino. ¿Y acaso esa nueva mirada no es la poesía?
Pues sí, el V Simposio Dariano fue una oportunidad, muchas oportunidades. Los próximos también los serán. Ya me los puedo imaginar. No tengo dudas. Ellos se convertirán en el pilar del rescate y promoción de la muy saludable literatura leonesa de hoy en día.
Serán la oportunidad de presentar a la ciudad de León como capital regional de los estudios académicos de la gran literatura escrita en Centro América. Y todo en nombre de Rubén. Y todos con la mirada puesta en el horizonte. Ese que sí es alcanzable.
Pues sí, los próximos Simposios Internacionales Rubén Darío (el VI, XVI, el XXXVI, ¿por qué no?), serán la oportunidad (junto a otras iniciativas muy valiosas) que Nicaragua ofrece a la poesía, para que no sólo cante errante por los caminos, sino que además, alimente la identidad cultural nacional y la solidaridad literaria centroamericana, y nos encamine a todos los privilegiados que asistamos a los simposios, a un nuevo mundo de color azul.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s