Roberto Sosa habla de su poesía

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LETICIA LUNA. Roberto Sosa nació en la ciudad de Yoro, Honduras, el 18 de abril de 1930 y es considerado, por la crítica especializada, como uno de los poetas más relevantes de Centroamérica y el poeta vivo más prestigiado de Honduras.

Colabora con los principales diarios y revistas de Honduras y demás países centroamericanos. Su obra poética ha sido favorablemente comentada en España, Cuba, Colombia y México.

En 1968 recibe el Premio Adonáis de poesía en España (Editorial Rialp), por su libro Los pobres, convirtiéndose, de esta manera, en el primer latinoamericano que obtiene ese galardón. En 1971 su libro Un mundo para todos dividido se hace acreedor, por unanimidad, al Premio Casa de las Américas, con un jurado integrado por notables autores tales como Gonzalo Rojas y Eliseo Diego. En 1990 el Gobierno de Francia le otorga el grado de Caballero en la Orden de las Artes y las Letras.

Su obra ha sido traducida al inglés, francés, chino, alemán, ruso, italiano y japonés. Entre sus libros de poesía destacan: Caligramas (Tegucigalpa, 1959); Muros (Tegucigalpa, 1966); Mar interior (Tegucigalpa, 1967); Los pobres (Madrid 1968); Un mundo para todos dividido (La Habana, 1971).

¿Cómo fue su primer encuentro con la poesía?

La descubrí muy temprano con el libro de lectura para quinto grado de un profesor mío de primaria que se llamaba Joaquín Reyes Tejeda; ahí me encontré con Juan Ramón Molina y Rubén Darío. Recuerdo que el poema que más me impresionó fue La oración por todos. En aquel tiempo tenía yo una memoria muy especial para grabarme poemas, entonces comencé a sentir que la poesía era un problema de necesidad: primero la necesidad de la lectura y, más tarde, la necesidad de escribir.

¿Que relación existe entre el poeta y la vida?

La vida es prácticamente la poesía misma, por cuanto plantea cosas reales: escenas de odio, crimen, discriminación y eso afecta la conciencia, la obligación de decir la verdad, uno de los fenómenos más extraordinarios que aborda la poesía, dentro de la cual no se puede mentir, dada su definición extrema: o todo o nada; por esa razón el poema debe tener una concreción específica, una redondez idiomática construida sobre la base del lenguaje. La poesía y el arte en general contraen la obligatoriedad de decir algo, un algo para recordar.

¿Qué sucede en la vida de un hombre que junta la preocupación de los problemas del mundo con su obra?

Eso comenzó antes de experimentar el fenómeno de la pobreza. Nací en un lugar pobre, viví todas las contradicciones relativas a la pobreza y las abordé literariamente, al grado de que algunas personas creen que yo sólo he escrito poesía social, y no es así. Por lo demás, sé que la poesía sirve para todo, absolutamente todo cabe en la poesía; en ese sentido, es un obstáculo universal del arte y una posibilidad también de sufrimiento. A mí me ocurre que no escribir me causa sufrimiento, como me causa sufrimiento no oír música, porque para mí la música está ligada a mi conciencia, a mi manera de ser y de ver el mundo; no concibo yo un mundo sin arte, actualmente es la única entidad inalienable poseedora, a veces de un mensaje tremendo que nadie puede deshacer.

¿Cree que en Los pobres (Premio Adonáis, 1968) su poética alcanzó un grado de madurez que posibilitó construir un estilo?

Los pobres viene a ser una síntesis, una manera de estacionarme ahí temáticamente, lo que constituye el primer intento por descubrir lo que difícilmente se puede conseguir, el estilo. El intento de ser sencillo hasta donde fuera posible. Después me di cuenta de que una forma degenerativa de la poesía sencilla podría ser “el sencillismo”. Me enteré de que las cosas deben decirse con una claridad que potenciara la virtud de cerrar la oscuridad. Esos fueron mis primeros pinitos antes de conseguir un lenguaje.
Digamos que el arte siempre ha sido sospechoso, siempre ha sido de alguna forma un lenguaje perseguido.

¿Cómo ha sido la recepción de tu obra en el ámbito de las Américas y España, pero sobre todo en Centroamérica?

El trabajo que he hecho ha tenido una respuesta de amor y de odio, o de ambos, ya que son los dos sentimientos más profundos que ostenta el ser humano. Estoy convencido de que la verdad dicha y escrita engendra odio, y en esto he tenido problemas, un rector conocido con el nombre de “Rata Gorda” me echó de la universidad de Honduras por órdenes superiores de un militar que en vida se llamó Gustavo Adolfo Álvarez Martínez, jefe de las Fuerzas Armadas durante el gobierno de Roberto Suazo Córdova, verdadero payaso siniestro; gracias a él Honduras se convirtió en una base militar norteamericana. Por cierto que nuestra situación sociopolítica no es como en Guatemala o El Salvador, en donde los intelectuales participaron con el arma en la mano; en Honduras no hubo un movimiento de izquierda ni guerrilla, pero sí hubo una fuerte represión, listas de personas que iban a asesinar, instauración del miedo pánico y se produjo, en ese sentido, una verdadera hostilidad selectiva en la década de los ochenta. En ese período publiqué el libro Secreto Militar, que es un libro que denuncia cosas en contra de la corrupción, los antihéroes, la anticultura. El libro tuvo insultos públicos y, cosa extraña, también dentro de los denominados intelectuales hubo un poco de rechazo, porque dijeron que yo había cambiado mi forma de escritura y alguien opinó que en ese libro no había poesía. Bajo esa impresión empecé a remodelar el libro, y en este momento tengo una edición publicada recientemente en la cual hice algunas correcciones formales, no de fondo, porque el fondo ya estaba dado; estoy conforme con el actual Secreto Militar.

¿Observas que entre los poetas de las nuevas generaciones hay poco interés por conservar la línea contestataria de la poesía latinoamericana de otras décadas?

Hay una especie de fuga de la realidad, no sé si esto se debió a la desaparición de la Unión Soviética, algunas desilusiones en Centroamérica traducidas en gobiernos de izquierda que desdichadamente fallaron en muchas cosas; en El Salvador la situación fue otra, hay un saldo de más de cien mil personas asesinadas, es decir, un saldo de sangre muy grande, un sacrificio muy duro, y ahí toman cuerpo y alma las traiciones, fracasos, frustraciones, esto ha tenido un resultado de escepticismo político en las nuevas generaciones, lo que es preocupante en grado extremo.
Un mundo para todos dividido (Premio Casa de Las Américas 1971) se convirtió en un libro muy importante en su trayectoria, a tal grado que en Cuba la gente conoce tus poemas, los recita de memoria, etc.
Sí, Un mundo para todos dividido para mí representó un avance, una concreción estilística en la consecución de un lenguaje que me sirvió para decir lo que siento y pienso, en cuya elaboración aprendí el manejo del adjetivo, que es una de mis grandes preocupaciones; para mí los poemarios Los pobres y Un mundo para todos dividido constituyen un ejercicio de plasmación de cierto dominio de lo que yo quiero hacer con el lenguaje. En fecha reciente, en el Onceno Festival Internacional de Poesía de La Habana se celebró el trigésimo quinto aniversario de la publicación de Un Mundo Para Todos Dividido. Ese festival estuvo dirigido por el poeta cubano Alex Pausides.

¿Es muy difícil ser poeta en Centroamérica?

Tal vez pudiera haber sido un sacrificio económico; pero de todas maneras la poesía, en el caso mío y de muchas personas, es una tabla de salvación, una forma de no ahogarte, de no hundirte. Probablemente ya me hubiera muerto de no haber escrito poesía; la poesía te ayuda a sostenerte, a retroalimentarte, a alimentarte no, tiene una especie de periscopio, una amplitud de espejo hacia todos lados, eso permite algo bien importante: la alegría, la alegría de escribir, de ver un poema ya terminado.

¿Cómo se da cuenta cuando un poema ya está terminado?

Me doy cuenta cuando ya está terminado, porque ha surgido una cosa sobremanera importante y eso me produce una alegría infinita, me ayuda a seguir trabajando. ¡Todas las cosas que se desprenden de un poema! Y ver también su consecuencia: para qué sirve un poema, qué se busca en un poema, qué significa que sea algo ligado a la creación, algo que puede convertirse en un instrumento para que a otros les sirva para verse a sí mismos.

¿De dónde sale el material para su poesía?

Veo a un niño y me emociono profundamente, ese niño en sí mismo es poesía, por eso es que yo le tengo un profundo respeto a los niños, claro, esta sociedad es una sociedad contra los niños, porque son maltratados, al grado que tenemos un resultado espantoso en las maras. Una de las características de un poeta y de un niño es el asombro; te dicen que ayer mataron en México a cinco mil personas y ni siquiera te emocionas, porque te han acomodado a la muerte y al miedo, eso es lo que han hecho las grandes potencias con nosotros, vivimos en el miedo y eso no es casual, está organizado.

¿Es trabajo del poeta revelar esta verdad?

Si no lo dices y te acomodas eres cómplice, prácticamente te conviertes en un traidor a tu clase, a tu familia, a tu país; entonces hay que decirlo, aunque se desplome el cielo.

¿Le queda algo por aprender al poeta cuando ha visto concretada una obra?

Con el tiempo he ido aprendiendo el dominio del trabajo, el sostenimiento de una línea estricta denominada la difícil sencillez, he tratado de no caer en la pedantería retórica, en las egomanías lingüísticas, que son una verdadera trampa para el poeta; pero también otra cosa, Leticia, es cierto que tengo que seguir aprendiendo todos los días, de todo el mundo, de la gente que amo y de la que no amo, nunca se termina de aprender, me parece.

LEA MAS SOBRE ROBERTO SOSA EN ESTOS SITIOS:

http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=crit.php&wid=145&show=poemas&p=Roberto+Sosa
http://www.minitextos.org/2008/02/cancin-para-un-gato-muerto-roberto-sosa.html
http://www-ni.laprensa.com.ni/archivo/2003/junio/14/literaria/ensayos/

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Esteban Ordóñez dice:

    Gran poeta Sosa. Fue el primer poeta hispanoamericano en ganar el Premio Adonáis de Poesía. El influjo de la poesía americana en España siempre ha sido fructífero. El pasado día 15 conocíamos que Rogelio Guedea (México) ganaba también el Premio Adonáis y el segundo accésit lo conseguía otro mexicano.

    En http://larenovaciondelaspalabras.wordpress.com se pueden encontrar todo tipo de artículos sobre el Premio Adonáis, es un blog exclusivamente dedicado a este certamen.

    Visítenlo, seguro que tienen mucho que aportar

    Un abrazo

  2. javier dice:

    esta exelente el es el maestro de las letras

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