Poesía migratoria de Eugenia Toledo-Keyser

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Por Arnulfo Agüero. “La perla es la biografia de la ostra”, dijo una vez Federico Fellini, cineasta italiano surrealista, nostálgico y autobiográfico, al que la chilena migrante Eugenia Toledo-Keyser, autora del texto poético Tiempo de metales y volcanes, cita en su prefacio Perímetro de un libro; nota introductoria que busca como explicar el origen de su poesía, de su memoria en Chile, de Temuco, de los trenes, y del sentir para con la Fundación Toledo; resumen de toda una historia de migraciones y nostalgias “fundidas al horno y talladas en trigo” con mucha precisión y belleza literaria.

Debo confesarlo mi primer “contacto” con Chile, fue con Neruda, con sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada, más de un millón de copias vendidas; años después, en 1977, me llegó la primera edición de La Barcarola, de Seix Barral, así “conocí algo de Neruda, su telúrica y marina poesía”.

Hoy mi cita ha sido con María Eugenia Toledo-Keyser, con su pulcra, nostálgica y profunda poesía: Tiempo de metales y volcanes editado por Marta Leonor González, de Editorial 400 Elefantes; dicho texto lleva la grafica de otro viajero, el español José Valverde, que corresponde a la serie de Maniquíes, así como un comentario de contraportada de la argentina, de Río Cuarto, Elda Durán, que retoma las palabras de Emily Dickinson que nos dice que “no hay mejor fragata que un libro para llevarnos a tierras distantes”.

Y estas, son las de Chile, del Sur, de Temuco: una ciudad de 250 mil habitantes — de indígenas con alma araucana, mestizos y migrantes europeos—, ciudad destruida por un voraz incendio en 1908. Ciudad habitada en un tiempo por la maestra Gabriela Mistral, la que enseñó a Pablo Neruda el sentir político-literario al conocer a los escritores rusos.

Esta pues esta, la ciudad cuna de la maestra Toledo-Keyser, hija de migrantes nacida en 1954. En su recuerdo liricos y de prosa invoca a su abuela italiana, sus parientes alemanes, los trabajadores ferroviarios y sus estaciones de trenes, lagos y araucarias, la cocina de leña, plazas, faroles, y las antiguas Fundición Toledo, o Libertad, de Santiago, y otras de inicio del siglo XX.

“El oficio metalúrgico, como el de las letras, ha pasado a mis antepasados hasta el día de hoy que está en manos de mi hijo”, resalta al recordar su origen europeo, que parte desde Italia (Piamonte, Torino), cruzando la cordillera de los andes argentinos a lomo de caballo y mula, hasta llegar a Temuco, epicentro donde se alimentó del estremecimiento lirico de dos premios nobel, Mistral y Neruda.

A propósito de estos “aires del sur”, vertidas sobre esta zona de archipiélagos, geografía de trenes, clima y recuerdos de infancia, Neruda, en uno de sus fragmentos Terremoto en Chile, del libro Barcarola, exclama:

Oh ramos del Sur, cuando el tren dejó atrás limones
y sigue hacia el Sur galopando y jadeando rodando hacia el
Polo,
y pasan los ríos y entran los volcanes por las ventanillas
y un olor de frio se extiende como si el color de la tierra
cambiara y mi infancia
tomara su poncho mojado para recorrer los caminos de
Agosto.

Es pues de este Sur del Sur, geográfico, histórico, biográfico y poético, que Toledo-Keyser que ha pesar de emigrar en 1975 hacia Seattle, Estados Unidos, no ha olvidado; sino que como trovadora trotamundos ha cantado en tono de “Patria estremecida” desde otro lejano país, llenándose de coros con sus antepasados, su Chile crecido e ido; todo construido estéticamente en tres partes: Manojo de llaves; En los inviernos también me visto de palabras; y la ultima, Diario vivir en septiembre; esta ultima sección para una lectura poética de alto sentir socio-histórico, como lo veremos en este poema:

ULTIMO TREN (1793)

Tomamos el tren esa mañana,
era el último tren de sur, un fugitivo.

Los pasajeros que llevaba sentados
en sus banquillos de madera
viajaban por accidente,
oteando por las ventanillas un paisaje inolvidable y vacío,
carreteras desiertas y campos de silencio.

A donde iremos a parar, murmuró un pasajero.
Que haré con mis libros, pensaba otro en voz alta,
Mientras que el de más allá se aferraba a un paquete.
La mujer de negro parecía habitar entre los muertos.
La estudiante cerraba los ojos al momento,
al miedo y la incertidumbre.
Fecha: 11 de septiembre, tres de la tarde.

Los rieles se sentían reacios, chirriantes,
se estiraban, en vez de acortarse.
¿Habría alguna estación después
de esta emergencia?

El conductor apareció para dar un solo comunicado:
“Habrá una sola parada
todo el mundo ahí se baja y
se presenta ante las fuerzas armadas
para que revisen sus documentos y sus personas.

Si usted es inocente
camine por el medio de la calle
hay toque de queda y
podría ser muerto en forma equivocada.
Váyase directo a su casa.
Si es culpable, seguro se va con ellos
En sus transportaciones verdes.
Les deseo mucha suerte.”

Esto dijo y desapareció por la puerta
de la locomotora.

Dicho poema, fue escrito en el contexto del golpe de estado del general Augusto Pinochet contra Salvador Allende (el 11 de septiembre de 1973), sitiado en el palacio presidencial La Moneda, el cual antes de morir pronunció su celebre frase: “pagaré con mi vida la lealtad del pueblo”; para unos esta acción fue heroica, para otros un suicidio.

Estas pues, son “palabras candentes vertidas por las estructuras de sus cuidadosos moldes, unidos por una hebra espiritual a la voz poética de la metalurgia: llamita de intemporalidad, fragmentación vivencial y de patria, y con lenguaje de metal y poesía”, nos confiesa Eugenia Toledo-Keyser sobre su Chile vivido. Esta sentida y vivida obra literaria, se viene a sumar a su poemario anterior, Arquitectura de Ausencias, 2006, Madrid.

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Rubén Venegas Rodríguez dice:

    La poesía de Eugenia Toledo-Keyser, goza de una natural expresión y de una profundidad ilimitada en el acontecer de la memoria y su viaje ancestral.
    Su proyección y su establecimiento en el tiempo, se prefigura en el asiento
    portentoso de los elementos, en los que el hombre se divina y se reconoce
    en el lenguaje. Una poesía vital y de una nobleza ejemplarizadora, y por cierto
    digna heredera de las voces emblemáticas de nuestra lírica; Pablo Neruda y
    Gabriela Mistral.

    Un abrazo, Eugenia!!…

    Iván Rodríguez
    Santiago de Chile

  2. Gustavo Adolfo Becerra dice:

    El mundo se hizo para encontrar-nos. No sé cómo Martha Leonor se encontró con Eugenia… Estas coincidencias fenomenales deberían tener alguna explicación. Lo cierto es que veo brillar los metales de la Fundición Toledo. Y veo a Eugenia caminando por calle Prat / quizás hacia la Universidad Católica. El tiempo pasa, pero se puede vivir dos veces.

  3. Eugenia Toledo. dice:

    Gustavo Adolfo, yo tambien te veo en aquellos anos que acarrean tanta poesia en si, el mundo da vueltas con dolor y recuerdos…y los circulos se cierran, escribeme de vez en cuando…voy a Chile en estos dias para unas jornadas poeticas,
    Atte.
    Eugenia

  4. Ingrid Parra Cornejo dice:

    Me gusta su poesía porque es capaz de interpretar diferentes sentimientos, de ella misma y de su entorno, disfruto con su simpleza de palabras y versos.
    Ella dice la verdad con adjetivos disfrazados y sustantivos elocuentes.
    Siento que interpreta y pone el lápiz a disposición de todos y deja escurrir la magia poética para los que no tienen voz o no se atreven a dar a conocer sus sentimientos en este mundo.
    Es responsable de las letras felices, tristes y demandantes de su poesía.

    Ingrid

  5. René Zúñiga Cid dice:

    Eugenia, favor enviar tu e-mail. Gracias.

    Un abrazo,

    René Zúñiga Cid

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