La agenda de Juan Sobalvarro

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Luis Duarte. Después de un poemario, un libro cuentos y un testimonio, Juan Sobalvarro publica Agenda del Desempleado (Ediciones 400 Elefantes, 2007), una propuesta literaria arriesgada sobre el individuo, la urbe y el desencanto postmoderno. Se presenta el miércoles 26 de marzo a las 5:00 p.m en la capilla de la Universidad politécnica (UPOPI de Managua). La entrada es gratuita.Un hombre y una ciudad son protagonistas y escenario de un fin y comienzo de siglo. Esta es la lectura primigenia de Agenda del Desempleado, una colección de textos literarios que no pueden encadenarse en los cánones literarios tradicionales porque es a la vez poema, prosema, relato, crítica, comentario, cuento y leyenda urbana.

El libro presentado en fragmentos, trae síntomas de enfado y frustración cuyo escenario es la urbe caótica de Managua, la ciudad de un país en vías de desarrollo, palabra que parece eufemismo en un texto desprendido de contemplaciones localistas y que se expresa con latente pesimismo, propio de una generación renuente a mitos y metarrelatos. Así describe este joven autor su visión más cotidiana:

“Estas tierras no son de nadie, la gente aparejó sus tablas y se dispuso a vivir. A ver qué pasa. Porque no es en ellos natural abandonarse. Algo se hace o como sentenció el poeta: uno hace lo que puede (…)”

El libro, cargado de simbolismos como de expresiones laicas, habla en este pasaje no de “tierra” con pretensiones nacionales como ocurre muchas veces con esta sinécdoque. Tampoco representa un localismo cualquiera, de esos interpuestos por el imaginario rural, muy arraigados en la identidad literaria nicaragüense (p. ej. Por los Caminos Van los Campesinos, De Tierra y Agua, etc).

La tierra aquí descrita es un espacio particular caótico, polivalente y confuso, puede ser la ciudad como el barrio. Un espacio sin identidad definida, porque en realidad, es un lugar de identidades dispersas, donde el espacio común se transforma según los sujetos.

Por eso tal vez, Agenda del Desempleado no es mediador entre el sujeto y su contexto urbano, por lo que está lejos de ser un relato de un sujeto específico sino una serie de relatos sobre los sujetos que habitan una ciudad.

En realidad no hay un hilo conductor entre todos los textos, pero evidente es la sumisión al paisaje urbano, aunque a veces las reflexiones existenciales de un individuo anónimo y complejo se recogen como partes de un todo más complejo.

Todo inicia con un fin puro, el del relato individual, por cuanto resulta el más transparente por ser el más egoísta:

“Estoy acostado, pensando en lo fatal que es la vida. El tema es decepcionante y aburrido y me satura con una paz desquiciante”.

Pero el individuo que inicia a caminar por las páginas del libro desaparece en su contexto. Tanto que otros individuos toman su lugar y protagonizan las historias anónimas —los desempleados siempre son nombrados con un número que los identifica— que de una y otra manera se construyen en los diferentes textos, como por ejemplo, las mujeres de una fábrica en la Zona Franca:

“Son mujeres hechas, entrenadas de vida, comedidas de placeres, conocen todos los envases, todas las etiquetas. Y saben que la esclavitud no es un drama”.

Esta frase trae consigo la provocación, igual llena de certezas o desaciertos pero con la función de polemizar no sobre los estereotipos cotidianos sino sobre los modelos urbanos a la disposición.

Igual se habla de los rótulos capitalinos, esas “luces que la maqueta urbana inventa”, como artefactos inútiles para un sujeto sin la esperanza del consumo.

La Agenda del Desempleado es un texto de paisajes urbanos que representa como un escenario fragmentado, no solamente geográfico sino también de identidades, como suelen ser las ciudades.

Se trata de una recontextualización de los espacios, en nomenclaturas deformes, es decir, el barrio, los mercados, los centros de trabajo y los centros comerciales pero también de aquellos sujetos que interactúan en la “maqueta”.

En fin, el texto se vuelve por tanto un libro de la ciudad que es un lugar de escenarios e identidades volátiles, según lo construyen sus protagonistas (el desempleado, la trabajadora, el político, el ladrón, el hombre borracho que va en una calle y reta a un ladrón a que lo mate):

Así el barrio es costra encarnada al corazón tieso de Managua. Como asilo de pretéritos. Sumidero de especies humanas mal facturadas. Mientras la Managua se tornasola entre acrílicos and smoking y el nylon embute vítreos muslos de reciente promoción”.

Por tanto no es casual que la agenda comience desde el individuo empequeñecido por el mundo que lo rodea, una ciudad en caos permanente, para pasar a su paráfrasis en la experiencia ajena y terminar en el punto de encuentro: la ciudad misma.

La Agenda del Desempleado no abre un nuevo capítulo en la literatura de postguerra, postvanguardia o postmoderna —apellidos sobran para mencionar a la nueva generación de autores— ni en el plano temático que es evidente en la poesía de fin de siglo, ni en el plano estético, porque son continuidad de las experimentaciones vanguardistas de hace medio siglo.

La Agenda del Desempleado es en cambio un síntoma común en la novísima literatura nicaragüense aunque aún no represente una tendencia. Expresa, sin embargo, un deseo de recontextualizar los escenarios nacionales, la búsqueda de nuevos arquetipos y una necesidad de reconstruir identidades modernas más allá de los relatos tradicionales.

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