Crónica sobre La Casa de Fuego

Por Adriana Tafoya.

La Casa de Fuego es un largo y pronunciado verso oscuro que todo convierte en humo y cenizas.Libro que tiene como eje principal el primer proyecto político: la familia. Pretexto para hacer circular estos versos en donde la poesía con todo y su ficción puede ser más verídica que la historia escrita, pues no está sujeta a los intereses “supremos” (al menos no esta poesía): poesía que suma a sus mejores atributos, el contenido, la crítica familiar, y por ende, la social, desembocando así en una política de vida. La casa está habitada por poemas en donde Marta Leonor habla de los padres (que a fin de cuentas son los nuestros), con sus llantos y sus secretos sucios, específicamente, evidencia al padre-hijo, al padre-niño enmugrecido.

La Casa de Fuego contiene estrofas certeras, con precisión de lanzallamas, por ejemplo: “En la casa de los padres. / Herran las ventanas con sus apellidos / coleccionan aventajados tiempos de sudor / donde se habitan uno y otro / siguiendo un sol que los aplaste”. Son poemas que provocan un llanto muerto, una emoción extraña, emoción no nacida de la experiencia, sino de la empatía, como cuando dice: “Todos tienen una casa en llamas / aunque no la nombren / un travesaño podrido / el infiernito que los quema / una carta de despedida / como único recuerdo de sus padres”.

Versos que demuestran el primer rechazo a la política familiar, escondida pedofilia tras cortinaje, que reafirma luego en el poema Cultivo familiar: “trago las púas que mi padre sembró, / mi hermano las cultiva. / Mamá esconde el cuaderno / donde la niña garabateó / la casa en llamas destruida por las palabras (…) veo las páginas tachadas, los poemas que mamá escribió / con vergüenza / y el sueño de armar una ventana / inventar un color / ‘amarillo no es azul’ me dice”. Aquí la poeta demuestra claramente que el padre nuestro, nuestro padre, habla el lenguaje de los sordos y siempre será un niño payaso con necesidad de ser amamantado “por la rabia madre que le devora el estómago”.

El poemario se divide en cuatro partes como una posible alusión a los cuatro elementos: la casa de fuego, el barco del poeta, los otros (tierra), y cuando ellas beben (viento). Sobre el barco del poeta, Marta Leonor nos entrega una serie de poemas dedicados al mar y sus barcos, a las travesías; poemas llenos de misterio donde somatizan al lector con sus múltiples sentidos. La segunda travesía, la cuarta travesía, la quinta travesía, atrapan el universo en caracoles y conchas extrañas que desdeñan el calor de unos “soles aplastantes”.

En los otros, su poesía se acerca más un parentesco general, a la raíz de los hombres, a esa crítica que es tan necesaria y se torna apremiante, al menos para México, en donde la poesía que mejor se valúa es la de verso hueco, el verso barnizado para atenuar el dolor y donde no se note lo vergonzoso de lo humano. Porque al escribir de manera contraria se le etiqueta, se le tacha automáticamente de feísta, tremendista, maldita o desagradable: esta es la calificación que dan aquellos que desean ocultar la crítica constructiva, la basura de sus oficinas, de su familia, de su hogar, y que aspiran a los blancos y monumentales templos. Donde no se note nada, donde no suceda nada y aunque sus escaleras se llenen de sangre, al día siguiente las señoras de la intendencia, las amas de llaves, las limpien perfectamente y las mantengan in mácula en las páginas negras de la historia. Esto se evidencia con exactitud en estos versos: “todos en la foto, / el click / obturador en el blanco perfecto, / el arma que se dispara, / rápidos segundos para pensar en el hijo y la mujer / que luego aguardarán al padre”, pues al fin y al cabo en contra de los mismos pueblos la ideología prevalecerá. “¿Dónde igual que tú están los otros / los desaparecidos de las madres / los hijos que esperamos, / los malditos traidores rompehuesos / los santos hijos de las putas, / los mejores del mundo, / aquéllos que tanto amamos?”. Nicaragüenses y mexicanos, todos bajo la suela del Gran Patriarca: “y a todos sirve el rey, / el gallinazo. /El hurtador buitre negro”, escribe Marta Leonor, en estos versos de tierra sin patria, pues la tierra es de todos.

Al cierre, en Cuando ellas beben es agradable y fortalecedor encontrar la búsqueda de un carácter femenino, de un pensamiento no enrollado entre los testículos. La búsqueda de la heroína para gritarle al viento y desafiarlo, como en el poema Por el río Wawashang: “Donde otras de mi raza / de legendaria tristeza / ardieron en fiebre/ parieron como conejas / y sobre estas aguas / no soñaron con abrazar muñecas rubias”. Los símbolos aparecen: agua, cielo, ojo, sol. Los colores en huelga contra la realidad: “Desata tiernamente tu pelo / y ondea esa bandera que siempre soñaste / en Managua el cielo es rojo / y se tiñe de negro el lago / los dos colores que preferiste / para tu casa / y grita otra vez / ¡Puta vida!”. Versos para destripar el rostro que no tiene esa personalidad propia femenina que ha dependido durante todo este tiempo del sueño masculino. “Ahora vivo este sueño de sirvienta de tus aterciopeladas manos / pálida musa que has envenenado”.

Marta Leonor González es poeta que decide no dejarse podrir por el hombre-padre en sus restos de crucifixión, no le permite apestarle el vientre. Así ella cierra con un sentido poema: Escena, pero antes deja estos versos para emprender la búsqueda de cualquiera de nosotros, no sólo mujeres, sino también hombres, que estén decididos a crearse una identidad propia.

Y la poeta escribe, dentro de la casa en fuego:

Soy la mujer que mira dentro de mí (…)

que la envuelven los musgos de la infancia

y ensaya su propia canción de cuna.

Texto leído por Adriana Tafoya en la presentación del libro La Casa de Fuego de Marta Leonor González, en La Palabreta, México, en octubre 2008.

Ilustración. Carlos Barberena de la Rocha. Aguafuerte, Nicarao, 2004.

Anuncios

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Néstor Raúl dice:

    Buen libro. Lo he leído todo de un tirón. Estás en la línea de la Huérfana Embravecida. Maduro. Compacto, va a directo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s