Poesía de Carlos Martínez Rivas

Una muestra: Tríptico, Beso para la mujer de Lot,Please pay when served –vignette—, La puesta en el sepulcro

TRÍPTICO

15 de Agosto en Granada
“Por estos aires de Granada, ¡mi Granada!”
Antonio Machado

(de EL CRIMEN FUE EN GRANADA, III, 1936)

Don Miguel de Cervantes advierte
que caballeros pueden a veces
degenerar en caballería.

Cuando no se realiza el Centauro
y la antigua fusión no se logra.
El hombre no reasume al caballo
ni éste se reconcilia en el hombre.
Y ya queda el mito borrado.

II

La Alegoría de Botticelli.
Donde Minerva con su alabarda
junto al Centauro, achumicado
bajo la cornisa de basalto
malva. Roca tallada a tajadas.

La civilización domeñando
a la brutez, a la zafiedad.
Palas Atenea lo heleniza,
lo occidenta, lo cristianiza.

La mano de la Diosa, piadosa,
juega las negras greñas del monstruo
que la mira ceñudo, pero reverente.
Temeroso de la sagrada compasión.

Todo en simbólica simetría, en cruz:
la lanza vertical como un eje,
horizontal el paisaje al fondo.
Y todo como aquí en Granada:
la cerca hecha con rajas clavadas.
El archipiélago allá, distante.
La extensión de cristal azogado
con una lancha negra bogando.
Costa en herradura punta a punta.
Ascendente boscoso Mombacho.
¿Por qué todo como aquí en Granada?

Pero esto fue una digresión. Vieja manía.
Diversión, divertirse, salirse de senda.
A dura rienda volvamos a nuestro tema.

III

En Granada de Nicaragua, los jinetes
están de fiesta. !Por fin volver a caballejear!
Aunque sea sólo por un día.

Su atavismo cuadrúpedo cobra vigor.
Y regresan, retroceden a la Colonia.
Al coloniaje. Cuando los déspotas iban
a caballo, y el pueblo siervo iba a pie.

Restellantes de fusta, sonoros de espuelas,
montados sobre sus sementales alazanes palominos,
estos Encomenderos cargan encomiendas,
sus aperos. Son envoltorios de hojas: bajo,
moronga, chicharrón con yuca, Flor de Caña.

Pero el pueblo alza a mirar -igual que entonces-
en empavorecida perspectiva,
las altas patas delanteras corveteando
y el tórax de la enorme mole antropoequína
como un poder abstracto a desplomarse sobre él.

Que hoy todavía ahora en estos aires
veamos eso, lo deja a uno interrogante.
Preguntándose si hubo aquí Revolución.
¡Semejante pregunta!

Manuscrito “D”
Agosto-Septiembre/82

Beso para la mujer de Lot

Y su mujer, habiendo vuelto la vista atrás,
trocose en columna de sal.
Génesis, XIX, 26

Dime tú algo más.

¿Quién fue ese amante que burló al bueno de Lot
y quedó sepultado bajo el arco
caído y la ceniza? ¿Qué
dardo te traspasó certero, cuando oíste
a los dos ángeles
recitando la preciosa nueva del perdón
para Lot y los suyos?

¿Enmudeciste pálida, suprimida; o fuiste
de aposento en aposento, fingiéndole
un rostro al regocijo de los justos y la prisa
de las sirvientas, sudorosas y limitadas?

Fue después que se hizo más difícil fingir.

Cuando marchabas detrás de todos,

remolona, tardía. Escuchando
a lo lejos el silbido y el trueno, mientras
el aire del castigo
ya rozaba tu suelta cabellera entrecana.

Y te volviste.

Extraño era, en la noche, esa parte
abierta del cielo chisporroteando.
Casi alegre el espanto. Cohetes sobre sodoma.
Oro y carmesí cayendo
sobre la quilla de la ciudad a pique.

Hacia allá partían como flechas tus miradas,
buscando… Y tal vez lo viste. Porque el ojo
de la mujer reconoce a su rey
aun cuando las naciones tiemblen y los cielos lluevan fuego.

Toda la noche, ante tu cabeza cerrada
de estatua, llovió azufre y fuego sobre Sodoma
y Gomorra. Al alba, con el sol, la humareda
subía de la tierra como el vaho de un horno.

Así colmaste la copa de la iniquidad.
Sobrepasando el castigo.
Usurpándolo a fuerza de desborde.

Era preciso hundirse, con el ídolo
estúpido y dorado, con los dátiles,
el decacordio
y el ramito con hojas del cilantro.

¡Para no renacer!
Para que todo duerma, reducido a perpetuo
montón de ceniza. Sin que surja
de allí ningún Fénix aventajado.

Si todo pasó así, Señora, y yo
he acertado contigo, eso no lo sabremos.

Pero una estatua de sal no es una Musa inoportuna.

Una esbelta reunión de minúsculas
entidades de sal corrosiva,
es cristaloides. Acetato. Aristas
de expresión genuina. Y no la riente
colina aderezada por los ángeles.

La sospechosamente siempre verdeante Söar
con el blanco y senil Lot, y las dos chicas
núbiles, delicadas y puercas.

PLEASE PAY WHEN SERVED –vignette—

Please pay when served
sí yo también
pago siempre al ser servido
así quedo listo
giro el asiento un pie en el riel
de cobre el otro en tierra alerta en
la penumbra veo pasar la calle en la luz cruda
al acecho de una mujer una muchacha una
niña quien fuere la que busco
hace treinta años echo
a correr la alcanzo entre el tumulto
me emparejo
la sigo de perfil hípicamente
al fin la pierdo o la suelto
encuentro otra taberna entro me siento
pago en cuanto me sirven desde
hace treinta años esto.

LA PUESTA EN EL SEPULCRO

Décimocuarta estación

Cuando ya no me quieras.

Cuando ya no me quieras
y no podamos estropear nada
porque nada estará vivo y confiado.

Cuando tú te hayas ido
y yo me haya ido
y los de la música se hayan marchado
y el portón se cierre
(dentro pasan el largo fierro por la argolla
asegurando con la correa el cerrojo,
y soplan los candiles
y las mechas se quedan humeando);

diremos: “Algo se ha perdido.
No mucho. Nunca es mucho. Pero
algo esencial –un culto, un lenguaje,
un rito—está perdido”.

Cuando hayamos dejado de ser esto que somos:
pareja expuesta al dardo,
mal avenida pero bien enlazada,
y nos dispersemos en otros círculos
y nos disipemos en otras charlas;

habrá quien diga: “Aquí dos seres carmesíes
se atraparon. Los vimos
balancearse estremecerse oscilar
retornar a la seguridad
y caer”.

Para entonces, el zumbido del tractor
volverá a oírse desde el fondo del llano.
Las chorejas del guanacaste caerán
con su golpe seco frente al portal.

Pero esos rumores de la vida
nos llegarán por separado,
y otro será tu sol
y otra luna será mi luna.

Cuando ya no me quieras.

Cuando en la reunión tus ojos
al encontrar los míos ya no digan:
“Aguarda a que termine con esta gente,
pero mi corazón te pertenece”.

Cuando en las sucesivas fases de tu errabunda
búsqueda femenina
ames a otro:
y te descalces delante de otro cetro
y te desveles bajo otra antorcha
y triturada por otros trapiches trasiegues
el poder que yo te trasmití;

pensaré agudamente: “Ya se le agotará.
¡Y entonces vendrá a mí y no le daré más!”

Y así siga por el mundo y a través de los días
rumiándote en el hosco destierro,
granitizándome en la frustración y el orgullo
como un mendigo sobre un pedestal.

Remontando el obstruido pasado
como un sucio canal maloliente en el crepúsculo:
“Aquí estuve brutal.
Ahí comenzó el desierto.
En aquel banco trató de herirme.
Tal día…”

Y así te evoque. Así conjure tu sombra
agujerándola de flaquezas y máculas.

Cuando ya no me quieras
y yo ya no te tema.

Cuando contentadizo, trivial, inadecuado
para la soledad y la amargura
yo mismo haya olvidado –cuando
ya no me quieras— que me quisiste;

garras y mantos
de mujeres: Furias como Pietás,
Erinias disfrazadas de monjas
me depositarán
en la obscura y helada tumba que me busqué.

Sierras de Managua, Viernes Santo 1953
Viernes 6 de junio 1980.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. cual es el tema central del poema Beso para la mujer de Lot de carlos martinez

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