Poemas de Steven F. White

Por  Steven F.White

Después de la cosecha

Agachados, y con sus machetes cantando
paralelos a la tierra, ¿cuántos puñados de tiempo
logran limpiar cada hora de cada día, de cada vida?

Con esos brazos bien afilados sonando
trabajan en los cafetales como si cada tronco
fuera el cuello de un ser amado.

Por sus manos
aprendí a conocer a los nómadas
de este ejército imprescindible
sin amparo, sin casa.

Esparcidos en el campo, perdidos
entre la maleza, sus dedos amputados
siembran sus raíces en lo finito.

Pascua en Estelí

Ninguna mano empujó la piedra de la críptica alborada.
Corría la sangre sin milagros ni ritos finales.
Mi rabia naciente ardía bajo Torres de Lo que Fue:
se olía el humo que ascendía de los muertos.

El fantasma en el río

  A José Coronel Urtecho

El anciano sostenía un libro abierto
en el círculo de los años que se cerraba.
Se sentaba en una mecedora azul cercana al río,
resistiendo la corriente de su memoria.
¿Era más peligroso olvidar o recordar?
¿Cuál era peor, olvidar
lo que había hecho, o recordar
haber hecho algo que nunca hizo?

De repente, al ir tanteando por los pasajes sin luz
de estas preguntas, el anciano se asustó
cuando levantó los ojos de las páginas amarillentas
llenas de túneles de insectos
que él mismo había escrito hace décadas.
El fantasma subió de la superficie del río,
queriendo encarnarse, pero permaneció transparente
para los sueños verdes de la selva.
Pero no, no fue el fantasma del tirano
que el anciano había ayudado a escalar al poder
cuando era joven y creía
que una mano fuerte debía modelar el mundo.

Ni tampoco fue necesariamente
una proyección del anciano,
imaginando cómo, muy pronto, iba a entregar
sus átomos a un río que desintegra
toda historia personal y conduce a los demás
viajeros muertos: aventureros, contrabandistas,
especuladores de tierras, madera, plátanos y ganado,
evangélicos, cazadores de tiburones y animales silvestres,
exportadores de monos y loros,
botánicos e ingenieros que soñaban
con la garganta de esta tierra y la gloria
y la fortuna de cortar un canal entre océanos.

¿Quién, entonces, era ese fantasma flotando sobre el río?
El rápido tránsito de los años
se  había llevado los nombres
de las orillas del cerebro del anciano.
Pero sí se acordó que el fantasma
había gozado de fama en la vida
como el autor de una novela
sobre un muchacho y una balsa
en otro río, y que el fantasma había pasado
por este sitio un siglo antes.
Mark Twain, murmuró el anciano.
Cuando pasó por el río
en su viaje de San Francisco a Nueva York,
no había nacido todavía mi madre,
ni existía la hacienda San Francisco del Río.
Las páginas del libro en el regazo del anciano
se agitaban en el viento. Había escrito sobre Twain
con fragmentos de las cartas que redactó
en su viaje por el istmo:
iluminadas cataratas de enredaderas,
prodigiosas cascadas de hojas brillantes tan ajustadas
las unas con las otras como escamas de un pez.
Admiró a Twain por haber sacado de los ríos partículas
para crear no el rostro del autor
sino los rasgos de una cultura entera
que el anciano había adorado
por encima de la suya durante tantos años.

Había otros fantasmas acercándose ahora,
abandonando la neblina del río,
flotando sobre la tierra sembrada
hacia la casa de la finca,
la terraza, la mecedora azul
donde el anciano contempló
sus buenas intenciones, sus memorias falsas
y la insurrección que se negaba a morir
mientras el hijo del tirano permanecía.

Los nuevos espíritus
que el anciano ya no podía excluir de su ensueño,
estaban por fin ante él—
siete guerrilleros sin armas,
casi desnudos y hambrientos,
empapados por la lluvia y el río,
delirantes, rasgados por espinas,
heridos de balacera.
Después del ataque sorpresivo en el cuartel
evitaron las tropas del tirano y los helic­ópteros
durante tres días y tres noches.
Estos hombres y mujeres sobrevivieron,
y buscaban refugio
en este anciano y su última
visión de la historia.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Fernanda del Todo dice:

    Le falta fuerza y nervio e estos poemas. Si quiere escribir como los poetas nicarguenses, digamos CMR, Gioconda Bell , Francisco de Asis, Blanca Castellon, para nombrar unos poquitos, debe asimilarlos. Son como poemas mal traducidos de otra lengua la castellano. Hay algun buen verso, pero eso no basta. Falta garra y locura poetica, y eso no es facil. De lo contrario es versificacion facil. Cualquier escribe asi. Siento ser dura.

  2. Fernanda del Todo dice:

    Le falta fuerza y nervio e estos poemas. Si quiere escribir como los poetas nicarguenses, digamos CMR, Gioconda Bell , Francisco de Asis, Blanca Castellon, para nombrar unos poquitos, debe asimilarlos. Son como poemas mal traducidos de otra lengua la castellano. Hay algun buen verso, pero eso no basta. Falta garra y locura poetica, y eso no es facil. De lo contrario es versificacion facil. Cualquier escribe asi. Siento ser dura.

  3. Luciana dice:

    Estoy de acuerdo, falta fuerza, pasion.. son como una narrativa reflexiva, pero no siento que me estremezcan.
    Si hay figuras bonitas, pero es como ver un cuadro, y no ooder meterse adentro y sentirlo.

  4. zoila josé dice:

    Es un poeta norteamericano no tiene que copiarse de nadie menos de poetas malos como chichi, se nota que no han leído más alla de la provincia nica. Steven es el mayor estudioso de la literatura nicaraguense y el mayor traductor de darío. les recomiendo leer buena poesía para que sepan distinguir la mala. CMR Y Giconda se salvan por supuesto de esa listita de nombres que mencionan.

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