Escalinata Eterna

Por Roberto Becerra

Los rayos láser cruzaron por el cielo, como ordenando de nuevo las constelaciones, impactaron entre aquellos restos de seres que alguna vez fueron simétricos, eran como pedazos gigantes de carne que rodaban vertiginosamente por el suelo, escapando a toda prisa para no ser desintegrados, exterminados por alguna otra raza superior, decenas perecieron  tan solo unos metros antes de alejarse, de ejercer aquel esfuerzo extremo en su carrera a la libertad.

En sus manos uno de estos seres llevaba la recompensa de años de observación del cielo nocturno, era el conocimiento acumulado de su especie, este logró llegar hasta su refugio y le entregó aquel preciado objeto a un desmembrado espécimen del grupo, él presionó el compartimiento y la celda emergió de la tierra como una hermosa piedra brillante azulada, entonces colocó la pequeña cabeza sobre el nuevo recién nacido, un nuevo ser surgió en el universo, un ser superior, nunca antes visto, con cuerpo de metal y cabeza de titanium.

Dicen que todos tenemos sueños, que cada cosa tiene un lugar en la tierra y en el cielo, este era el simple sueño de un ser, un ser no tan insignificante, que estructuró sus primeras ordenes, se dispuso soñar y entre sus sueños comenzó la maravilla de las mil formas,  donde la materia no escapa a los cambios, donde todo aquello que alguna vez se pierde, puede ser reconquistado, aquel extraño viaje por el universo interior, donde sin saberlo, aunque  resulte extraño puede  realmente existir la vida, pues un segundo es equivalente a millones de  años de creación, así aquel juguete cruzo las celdas del tiempo, marchando entre aquella luz descompuesta en colores, él hizo de su camino el sendero del espacio, mientras tanto no muy lejos se hacia el último contacto con las tropas, pues la batalla final estaba siendo preparada, pero el pequeño ser en su ascensión al puesto de control, fue alcanzado por un asteroide que venía de la misma profundidad del espacio, de ver el nacimiento y la muerte de millones de civilizaciones, el asteroide estalló en mil pedazos destruyendo su cuerpo y es de esta forma que su cabeza atrapada por la gravedad de un extraño mundo, comenzó el largo viaje a la historia.

II

Súbitamente el viento salto de su sitio, como paneles de energía que se cruzaron de inmediato, levantando polvo y haciendo iluminaciones del color violeta, la tierra se empezaba a enfriar y las distancias recorridas no existían, tres partes de agua en el espacio eran la señal del cielo, que se dibujada sobre antiguas cordilleras, pero el hombre prefirió la aventura, el sudor, la letanía perfecta, cuando en sus ojos rojos se reflejaba la vergüenza de otros seres.

Hemos dejado una parte de nosotros en cada oscuro lugar, iluminando con nuestros amanecidos ojos la soledad del pavimento, no quedan distancias sobre nuestros rencores, ni siquiera la dulce canción del ave intrusa, asesina del silencio, y de las copas de los árboles que transitan por los ríos, nada se descubre después de la vigilia, solo que hemos quedado cansados para otro largo viaje, donde las palabras son imágenes que se  resbalan de impaciencia, y el camino se vuelve espesura, pues todo es tan simple que da miedo, asegurarse de que el frío a ocupado tu boca, cuando tu lengua tiembla con el sabor perdido, pero llegamos a la puerta temiendo ser saludados, temiendo encontrar respuestas al olvido, y entre un poco de trigo la balanza del universo dispara hacia nuestro pecho, es tan simple la vida, como las mariposas que bailan antes de morir, como la lluvia que viene a quitarnos la piel, a vestirnos de bruma, a entregarnos la despedida del equinoccio.Pero me he olvidado de mi mismo, he olvidado como recibir  mis plegarias, como adornar mi templo, como juzgar mis pecados, yo, señor  supremo, único amo de mi cuerpo, escucha una ultima vez y llena mi corazón de riquezas, déjame cantar una vez más en lo profundo del bosque, que mi mente reciba la gracia, la maravilla de su forma, déjame entender mi existencia, esta soledad de roca donde vuelvo a sacrificar mi esperanza por lo que he sido, por lo que he amado, ahora creo que es mejor vivir en el vacío, pendiendo siempre sobre las cosas, desplazándome como el fantasma de una antigua civilización, construida de huesos, madera y piedra.

Me he vuelto a reflejar en las hojas donde todo tipo de criaturas pasan inadvertidas protegiendo todo aquello que perdimos, que dejamos rodar por nuestro cuerpo, siempre he llegado tarde para encontrarlas y es que soy un desconocido en mi propio sueño, pertenezco a otra raza, a otra forma de las constelaciones, pero, ya he llegado hasta este sitio y no me marcharé muy fácil mente, sin dar lo mejor de mi parte, sin dejar sobre la tierra la verdad enfurecida.

III

Siglos de espera, ese día nos dimos cuenta de ello.Nos vimos directamente, nuestros rostros estaban viejos, ensangrentados, como si hubieran sido maquillados para la muerte, nuestras manos estaban olvidadas, como si la tierra las hubiera sepultado, y un feroz ladronzuelo se ocultara entre sus uñas, a veces podías verlas por el lugar, sujetando todo lo que encontraran a su paso, midiendo la distancia a pulgadas, dejando sus huellas sobre las aguas, ellas tuvieron en algún tiempo la hermosa costumbre de cortar la piel, de llegar hasta el mismo órgano hueco, para dejar las vidas en completo desorden, hasta que lanzamos aquel suspiro seco y polvoriento, el cual sin oportunidad alguna rebotó en los sanitarios, e hizo brillar por un segundo los clavos oxidados, pero como si no hubiéramos hecho nada, como si toda vía tuviéramos dientes, continuamos con nuestra larga espera, sin saber que el reloj en el drenaje era un pedazo de queso, el cual estaba estrellado sobre la pared, como un pequeño dictador que carecía de pancartas para su protesta, por eso muchos lanzaron sus cráneos contra el suelo para medir la velocidad de sus cerebros.

Del otro lado del muro, mi oído se empezó a hinchar de repente, dos segundos después explotó, y volvió a explotar, y siguió explotando, su sonido fue un carnaval donde todos dimos vueltas hasta vomitar, hasta dejar solo restos de máquinas que lanzaban sus monedas al aire. Mis zapatos estaban consumidos por el asfalto, me había convertido en parte del lugar y los cordones que alguna vez poseyeron ahora eran parte de mi torrente sanguino, las cucarachas cubrían mi piel, me daban calor y las ratas acicalaban mi cabello, nunca entendí aquella estúpida situación.

La escalinata a la superficie se había convertido en un deseo eterno, pero no había final en su recorrido, se había transportado en el espacio y el espacio es curvo, sus peldaños me recordaban lo interminable que es la vida, y lo eterna que es la muerte,: dos, tres, cuatro, cinco, cinco malditos peldaños, en el  séptimo se encontraba otro cuerpo, así como en el primero, así como en el segundo, así como en el tercero, en todo el lugar habían cuerpos, cuerpos que sujetaban sus pertenencias, cuerpos que se derretían de impaciencia, cuerpos que en el tiempo formaban un sistema binario, cuerpos inmundos con sus ojos inmensamente abiertos, cuerpos que sencillamente se divertían.

Los tiempos habían cambiado, las distancias se hacían cortas y las personas eran extensas, profundas,  sin vida, pero después llegó el tiempo de las cinco y sonó el silbato y salimos como todos los días, exhaustos de nuestro trabajo, pero después de siglos de tenerlo, me he acostumbrado a su silencio.

IV

Primero llegó la tarde, después aquella silueta negra, impenetrable, pareciera que todos los hombres de la tierra, lanzaran su sombra hacia el cielo, formando una fuerza  tan incontenible, que sería capaz de someter  a todos los pueblos.Pero este día en  especial, mi sombra  surge súbitamente de los cristales, atrapando la imagen  inversa  de los objetos, lanzándolos  hacia una oscuridad que no tiene forma ni movimiento y que en el subito crepitar de la madera, la ceniza se ha escapado intacta. El aroma del oleo en el ambiente es un recuerdo de la magia, de la súbita forma del color que arremete contra el tiempo, despojándolo de sentido, de la esencia de la guerra y otros suspiros, pues en el cuadro que apenas comienzo a pintar, un pequeño rayo de luz inadvertidamente se escapa de entre sus montañas, asfixiado por el azul, el rojo bermellón y el blanco cieno.

Son casi las nueve de la mañana, ya un fuerte olor a azucena y margarita golpea mi puerta, y las aves pasajeras como nubes emplumadas, depositan su trino en el campo. Es un buen momento para lanzarse por la ventana hacia el primer piso, para llevarse de encuentro un par de ángeles y demonios similares, es una forma torpe de imitar a las ardillas en su trote por los arboles, a los pedazos de papel que suelen arremolinarse sobre el viento, al llegar tocaré la puerta, obviamente de rodillas y le diré a mi vecino, que me devuelva la corbata gris, aquella que la abuela cristina desechó por desagrado, pero él como de costumbre me pedirá que la busque  yo mismo y entre su ropa desordenada, me enteraré nuevamente, de porque solemos confundir la vida con una camisa o par de calcetines, lo extraño es que al comienzo si estaba ordenada, todo parecía normal en él, o tal vez fue la muerte de su esposa, de su hijo, juro por dios que todo fue un accidente, que del cielo bajó un torbellino negro que se los tragó de inmediato y los arrastró doscientas cuadras mas o menos, fue un velorio incipiente, donde el único afortunado fue el carnicero, que vendió su producto al por mayor y es que la sangre señores, da hambre, un irremediable vacío, aquí en estomago.

Pero este hecho no me molesta, lo que me enfada de verdad, es que entraré arrastrándome  por la puerta, pasaré  por la sala y llegaré fatigado a su cuarto, recordando que la primera vez que lo hice quedé atorado en la entrada, parecía un cerdo inmenso, dando quejidos, y rasguñando el piso, nunca imaginé que en aquel cuarto habitara una persona.Pero hasta que llegue ese momento, seguiré recostado con la impresión perfecta de que alguna vez cruzaré por el horizonte rojizo del cuadro y entre sus montañas encontraré la pieza faltante del rompecabezas, que días aquellos, recuerdo como armaba y desarmaba aquel gran grupo de cartoncillos de colores, con la fachada de la verdad y la justicia impresa, a veces pensé que  tenía una habilidad nata, como un súper hombre, como un fantástico ser que manoseaba los planetas y fabricaba soles para venderlos con el cupón de la lotería. Siempre me sentaba en medio de la habitación, en aquel sillón viejo y corroído por el tiempo, del cual me deshice pues este me empujaba hacia el cielo y ya posado en el techo cabeza abajo, recorría su espacio, luego descendía calmadamente por la pared de enfrente, la sensación de tener sangre en la cabeza, no es buena, definitivamente  no es buena.así era mi absurda caminata por el techo, extraña y solitaria, pero ahora, ya son las dos, y estoy esperando a alguien, se que muy pronto llegará, de eso estoy seguro, porque  tengo un suculento almuerzo y una botella de vino en la meza, aunque  no se quien  sea o como se llame, solo espero que no guste de caminar por el techo, de encender cigarrillos con la lámpara, pues siempre he temido a la luz que nubla mi vista, así que seguiré esperando, apacible, con calma, pues presiento, que muy pronto llegará.             

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