¿Dónde está el sur?

Por Cristina Castillo Martínez

La tradición marca la existencia de un línea vertical entre el bien y el mal, entre el cielo y el infierno, entre el progreso y una suerte de estancamiento o retroceso, entre el primer mundo y el tercero, entre el norte y el sur, sin conceder tregua ni margen a un punto intermedio, a un segundo mundo, que tal vez sería el ideal, puesto que, a decir de los estoicos, en el medio se encuentra la virtud.Es una línea recta, nada inocente, que sitúa siempre en lo más alto al bien, al progreso, al primer mundo…, al norte. Todo lo que queda por debajo está condenado a ocupar el último lugar. Lo bueno parece situarse arriba. Allí viven los grandes, los acumuladores de poder, riquezas, importancia…, los que creen dominar a los de abajo. Pero, ¿quién los “nació” allí? ¿Por orden de quién ocupan esos tronos? Y lo que es más importante, ¿quién trazó la dirección de ese eje?

mapa-de-joaquin1_r1_c1.jpgDescubrí a finales de febrero, visitando un sur, el de América, el museo del pintor uruguayo Joaquín Torres García (Montevideo), fundador del universalismo constructivo. Y no pude evitar reparar en una de sus más famosas obras, América invertida (1943), que el propio artista se encargó de desentrañar en una de las muchas conferencias que impartió a lo largo de su vida. En un ejercicio de admirable libertad afirmó lo siguiente: “No debe haber norte, para nosotros, sino por oposición a nuestro Sur. Por eso ahora ponemos el mapa al revés, y entonces ya tenemos justa idea de nuestra posición, y no como quieren en el resto del mundo. La punta de América, desde ahora, prolongándose, señala insistentemente el Sur, nuestro norte” (Universalismo Constructivo, Buenos Aires, Poseidón, 1944).

Su obra, sus palabras me trajeron la respuesta. Y en su ciudad encontré más de lo que esperaba, pues en ningún norte habrá jamás una ciudad capaz de convertir un ancho río en mar, ni de aderezar sus días con la yerba mate, ni de gritar en sus calles, a través de sus paredes, consignas tan singulares:

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Ay, pero yo, desde mi atalaya europea, inquieta e insatisfecha, sigo preguntarme dónde está el sur. Y no hallo la respuesta más que en el centro, al menos en mi centro. Será que me gusta esa América que tiendo a visitar. Será que me gusta mirar y aprender. Será que todos somos los mismos, aunque nos hayan nacido en muy lejanas latitudes. Y no puedo evitar convertirme en adalid de la horizontalidad y preguntarme, como algún anónimo traseúnte del sur:

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Colonia de Sacramento (Uruguay)

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7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Lole dice:

    A mí me gustó de Chile su idea sobre “el sur del sur” emocionados defensores de su “suralidad”.

    Cierto es que tendemos a pensar en los justos medios aristotélicos como donantes de equilibrio y sosiego, pero la injusticia y la indefensión de tener una u otra vida en función de dónde, maldita la suerte, hemos llegado al mundo no la resuelve ni la atenúa ser estoico en la medida.

    Desgraciadamente existen muchos lugares y situaciones que no son norte, incluso el lenguaje es directivo en esto y decimos que alguien “ha perdido el norte” cuando su juicio, su razón o su vida da tumbos inciertos. Pero también es sur el trato a la mujer (ya sea en el sur o en el norte), el desprecio a la ancianidad y el abuso al infante.

    Es necesario e indispensable el ejercicio de empatía que nos lleva a ponernos en el lugar del otro y ver, sentir y vivir su mundo, porque ese mundo también es nuestro mundo.

    Lole.

  2. Luis Eduardo Montenegro dice:

    El sur tiene tradición igual. Los Incas construyeron una vasta red de caminos por todo el territorio del imperio. El uso de este sistema de comunicaciones esta estrictamente reservado para los negocios oficiales y militares; un servicio de correos muy bien organizado.
    Ellos impusieron su dominación desplazando poblaciones enteras de sus tierras nativas hacia otras tierras para mejor dividirlos y controlarlos. Esta práctica tuvo un importante efecto secundario, extender el uso de la lengua quichua sobre todo el territorio del enorme imperio Inca.
    Los gustos de los Incas eran simples y funcionales. Los edificios Incas fueron construidos con piedras cuidadosamente talladas y ajustadas con precisión que no eran decoradas. Las puertas y las ventanas trapezoides eran características. Los Incas no produjeron estatuas grandes ni esculturas arquitecturales. Las ciudades de montaña Inca tales como Machu Picchu eran cuidadosamente delineadas para armonizar con el paisaje circundante.
    Si tomamos como punto Machu Picchu vemos la importancia del sur y su trascendencia.

  3. Miguel Soberman dice:

    Soy chileno vivo en nicaragua y me gustaría saber por qué no hablan de Chile, un país maravilloso y valiente.

  4. Raúl MG dice:

    Los geógrafos son gente muy seria, demasiado seria, porque siempre ponen los puntos sobre las íes en todo aquello que ven. Nos ponen o, mejor, nos imponen, por ejemplo, sus puntos ordinales, el Norte, el Sur, el Este, el Oeste, y siempre en este mismo orden norte-sur-este-oeste, norte-sur-este-oeste… Es este un orden que no admite ni término medio, ni discusión (ni siquiera a los cuatro vientos). Son cuatro coordenadas (¿de verdad están ordenadas?) que nos han enseñado, dicen ellos, para que uno aprenda a moverse espacialmente (cronoLÓGICAMENTE, eso ya es otra historia). Nunca he entendido bien el sentido de esos cuatro puntos. Tal vez sea porque nunca entendí dónde estaba la gracia del juego de las cuatro esquinas. Y, por cierto, precioso y único es el Conosur. Y aún lo es más porque no hay, ni habrá, un Cononorte.

  5. Luis Carlos Fuentes dice:

    Más sobre EL SUR por Jorge Luis Borges, para divertimento

    El Sur

    Jorge Luis Borges

    Desde uno de tus patios haber mirado
    las antiguas estrellas,
    desde el banco de
    la sombra haber mirado
    esas luces dispersas
    que mi ignorancia no ha aprendido a nombrar
    ni a ordenar en constelaciones,
    haber sentido el círculo del agua
    en el secreto aljibe,
    el olor del jazmín y la madreselva,
    el silencio del pájaro dormido,
    el arco del zaguán, la humedad
    -esas cosas, acaso, son el poema.

    Jorge Luis Borges

  6. Ana karla Guzman dice:

    No es un gran poema de Borges, no más que su ego

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