Alvaro Abós: “En Latinoamérica no hay respeto por la memoria”

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Por Pablo Gámez

De Macedonio Fernández sabemos que fue escritor, filósofo y un conversador genial. También sabemos que se convirtió en leyenda y que cuestra rastrear las verdades sobre los datos y anécdotas circulantes.

Pese a su carácter autorreferencial, la literatura de Macedonio Fernández multiplica enigmas, situaciones y sorpresas. Así, todo intento de escribir una biografía sobre Macedonio Fernández tropieza con innumerables dificultades.

Sin embargo, el escritor argentino Álvaro Abós desafía al mito y lanza, bajo el sello de la Editorial Plaza y Janés, “Macedonio Fernández: La biografía imposible”. Más de cincuentra años después de su muerte, el que fuese reconocido como uno de los padres intelectuales de Jorge Luis Borges cuenta, finalmente, con una biografía. Autor de “La columna vertebral”, “De mala muerte”, “El posperonismo” y “El poder carnívoro”, Álvaro Abós es quien asume la tarea de reinventar el mito de Macedonio Fernández, reconociendo que en Latinoamérica hay un irrespeto absoluto por la memoria.

¿Por qué asume el desafío de escribir la biografía de un escritor tan resbaladizo e inclasificable como Macedonio Fernández?

El punto es que no existía ninguna biografía y uno escribe los libros que desea leer. En los primeras páginas de este libro cito algunas frases –entre otros– de Jorge Luis Borges, donde habla de que no hay una biografía de Macedonio Fernández que todos consideren interesante. Y esto debido a la particular vida que llevó.

Supongo que también influye el hecho de que Macedonio se convierte de escritor en personaje.

¿Pero qué explica la ausencia de una biografía base de Macedonio Fernández, partiendo del hecho de la importancia que ejerció este escritor sobre Jorge Luis Borges, por ejemplo?

Esa ausencia tiene que ver con las dificultades que ofrece el género en América Latina. El biográfico es un género muy practicado en países anglosajones. Inglaterra, por ejemplo, tiene una gran tradición de la memoria literaria. Se respeta la documentación y existe un lector receptivo de este género.

En América Latina no tenemos esas condiciones. Los costos materiales para una investigación biográfica son altos y muy difíciles de conseguir. Además, el público no es tan interesado como en otras latitudes. Uno de los problemas más serios es que en Latinoamérica no hay respeto reverencial por la memoria ni el documento. Los documentos personales se consideran propiedad familiar o de amistades. Al final de cuentas se suele destruir todo, bajo el convencimiento de que se favorece a una imagen impoluta del muerto.

Y peor aún: no hay un mandato ni una tradición en América Latina que establezca el respeto a la documentación.

Dése cuenta que las cartas suelen ser botín de los herederos. En cualquier caso, tampoco existe apoyo estatal al trabajo de la memoria. Lo que menciono son características propias de nuestros países. Esto también nos explica el por qué no hay biografías de otros escritores importantes. Le puedo decir que una figura como Leopoldo Lugones no tiene en Argentina una biografía.

¿Y regresando a Macedonio Fernández?

Entran en juego varios elementos. Uno es su carácter secreto. Un hombre que durante muchos años permaneció retirado, casi al punto de que algunos lo daban por muerto. Tampoco olvide que en sus prosas humorísticas y desarrollos paradójicos Macedonio se burlaba del género biográfico. Simplemente no creía en él. Decía, por ejemplo, que lo que hace conocido a un hombre es aquello que no se conoce de él. Macedonio ocultó parte de su vida. Dejó pistas falsas y como todo escritor también se desnudó, porque las principales fuentes biográficas que he tenido están en su obra, dispersas en sus cartas y prosas.

Usted ha logrado escribir una narración cautivante e inteligente. Sabemos que Macedonio se convirtió en leyenda y que cuesta rastraer las verdades sobre los datos y anécdotas circulantes ¿Cuán difícil le ha sido encontrar el hilo conductor de esta biografía, tal y como usted lo define?

Por Borges Macedonio Fernández se convirtió en un mito. Su vida y su personalidad conformaron una especie de relato. Borges escribió mucho sobre Macedonio, prácticamente desde 1921. En esta biografía se rastrean las versiones que Borges deja. Todas ellas se pueden resumir en una frase, cuando Borges dice “había en Morón un hombre mágico dedicado a la aventura de pensar”. Es una frase muy hermosa, que sintetiza cómo veía él a Macedonio Fernández. Es la imagen que tenía Borges de un hombre sabio, retirado, dedicado al pensamiento. No veía en él a un escritor, sino a un hombre oral, de conversación fascinante. Es el mito contra el cual he ido y el que me demuestra su verdad.

Resumiendo: lo que usted hace es desgajar el mito en torno a Macedonio Fernández.

Exactamente. Buscar lo que había de verdad. Rescatar lo que había del hombre verdadero, del hombre de carne y hueso. En Macedonio Fernández resulta igual de hermoso el mito que el hombre. Nos muestra que Macedonio no nace sabio. Fue un hombre que se hizo dificultosamente. Tuvo que superar las tentaciones de su tiempo, los errores, se levantó mil veces y cayó. Buscó quién era, hasta encontrarse. Un proceso duro y difícil que no le fue dado. Encontró el camino hacia la literatura tardíamente. Dentro de la literatura ensayó varias formas. Vivió la bohemia y la vida literaria, hasta que se hartó. Después comprende lo vacío de todo eso, y como todo gran escritor se concentra en su propia obra. Todo este proceso humaniza a Macedonio Fernández.

Otro aspecto interesante de anotar es la enorme vigencia que aun tiene Macedonio Fernández, por ejemplo en el ámbito político de su país.

Hace poco escribí un artículo destacando la fábula que escribe Macedonio Fernández para su candidatura a presidente. Si usted lo recuerda Macedonio fue candidato a presidente de Argentina. Se trató de una burla genial. Y cobra una inmensa actualidad en estos momentos en que el país no sabe a quién votar. Argentina no sabe quién será su próximo presidente. Esa fábula urdida en 1920 cobra una vigencia y vitalidad asombrosa.

A lo largo de esta conversación queda claro que Borges fue uno de los grandes responsables de la construcción del mito de Macedonio Fernández. ¿Pero qué es lo que encuentra Borges en este escritor?

Borges regresa en el año de 1921 a Argentina. Es un joven lleno de energía y se reencuentra con un amigo de su padre. Borges irrumpe en la vida literaria y descubre a un sabio, a un genio, a un hombre que lo deslumbra. La amistad se traslada del padre al hijo. A partir de ese momento Borges lleva a Macedonio Fernández como estandarte. Ve en Macedonio al conversador deslumbrante, a la personalidad que lo fascina. Una especie de Sócrates que dictaba su cátedra. Un hombre de prosa deslumbrante, un poeta lírico, un filósofo que decía grandes verdades con humor. Borges, en algunos de sus cuentos, convierte a Macedonio en personaje. Muchos años después, Borges admite que imita a Macedonio Fernández hasta el plagio. Sin embargo, Borges admiraba a Macedonio por su genio oral, y no por su escritura.

¿Qué alimentó el distanciamiento entre Borges y Macedonio Fernández?

Un elemento que envenenó la relación fue el hecho de que la hermana de Borges, la dibujante y pintora Nora Borges, se casó con un crítico español, Guillermo de Torre, el cual tenía una visión muy pesimista de Macedonio. Escribió artículos demoledores que provocaron serias ampollas en Buenos Aires. De Torre era crítico de la Gaceta Literaria de Madrid, una revista parecida a la porteña “Martín Fierro”. El otro elemento es la distancia que se acumula a lo largo de muchos años. Las personas suelen separarse o apartarse. Después de 1930, Macedonio se refugió en la soledad. Es decir, se aisló. Sin embargo, entre ellos nunca hubo una ruptura. De hecho Borges fue quien pronunció la frase final ante la tumba de su maestro oral.

Me queda un punto. Deja usted claro que esta biografía ordena todo lo que era posible ordenar y que sigue contando una de las vidas más maravillosas y singulares de la literatura. ¿Pero qué es lo que queda por saber de la vida de Macedonio Fernández?

Al tratarse de la primera biografía de Macedonio lo que intenté fue articular los aspectos conocidos de su larga vida. Macedonio nació cuando gobernaba Sarmiento y murió cuando gobernaba Perón. En ese lapso cabe prácticamente toda la Argentina moderna. Si alguien decide profundizar esta obra, podrá hacerlo con más tiempo y tranquilidad. Esa persona quizá tenga la suerte de agregar algún elemento nuevo a partir de cartas o documentos que aún puedan existir. Lo que espero lograr es reintroducir el nombre de Macedonio Fernández en Argentina y en toda América Latina.

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