Marisa Tellería con esculturas de silencios

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Por María Dolores G. Torres. La relación física y emocional con los materiales y la percepción visual mediante una múltiple variedad de medios son una de las experiencias intelectuales y culturales más notables dentro del arte contemporáneo. A partir de la segunda mitad del siglo XX, la variedad de medios y lenguajes es tan amplia que vale la pena explorar las diferentes propuestas mediante un análisis de las obras a partir de las sensaciones que han motivado al artista, su incidencia en la participación del espectador y el contexto histórico en que han sido producidas. Enrico Crispolti considera que existe una amplia variedad dentro de las formas de representación, que él califica como una “extensa fenomenología tipológica” en las prácticas creativas y que los géneros tradicionales como la pintura, el dibujo y la escultura han sido transgredidos a través de “nuevas tipologías mediales”, que abarcan desde la obra-ambiente, la objetualidad y la corporeidad hasta el uso de nuevas tecnologías, tanto electrónicas como informáticas y virtuales (1).

Una forma de entender el mundo y justificar tanto nuestra existencia como nuestros sentimientos surge de esta relación simbólica entre el ser humano, la realidad y la manera de percibirla. Asimismo, también existe una dualidad entre nuestro estado consciente y la intencionalidad del cuerpo como una condición perpetua de experiencia ya enunciada por Merlau-Ponty, cuando afirma que: “desde el momento en que tengo manos y pies, es decir un cuerpo, mantengo intenciones que no están en dependencia de mis decisiones y que afectan mi ambiente más cercano en una forma que yo no he elegido” (2).

En consecuencia, el conocimento sensorial es una forma directa de relacionarnos con el mundo y el arte presenta una información que nos permite acercarnos a la realidad de manera intuitiva, partiendo de la experiencia como una forma de conocimiento, sin depender del discurso racional. Los primeros años: las sensaciones y la corporalidad. La obra de Marisa Tellería está relacionada con la creación de un espacio, con la transformación de los materiales y objetos, con las sensaciones corporales, la gestualidad, el deterioro y la preservación de la individualidad, para hacerle frente a la masificación, especialemnte en los trabajos de 1990-1993. En las prácticas escultóricas, la constante referencia al objeto está relacionada con el mundo cotidiano, con los desechos, símbolos de lo efímero, y con la permanente alusión al cuerpo humano. Mantiene con ellos una relación autobiográfica porque representan identidad y reflejan el desplazamiento y desarraigo de la propia artista, durante sus primeros años en Estados Unidos, lugar donde su familia se traslada en 1978. Entre 1990-1993, trabaja en torno a las sensaciones y usa preferiblemente la madera por considerarla tan cambiante como el cuerpo humano. Asimismo, utiliza abono orgánico, cera, resina y alquitrán, porque al igual que la madera implican fragilidad y vulnerabilidad. Posteriormente, durante su estancia en Virginia (después de residir varios años en Miami), comienza a realizar una serie de esculturas utilizando moldes de cera y usando el frijol como tema principal. El título B.E.A.N. tiene una doble acepción, pues bean significa frijol en español, pero las siglas que conforman la palabra conllevan una connotación diferente, que irónicamente alude al hecho de sentirse incomprendida en un país extranjero: Being an Exiled Anonymous Nicaraguan (sintiéndome como una exilada nicaragüense anómina). Las esculturas y los dibujos de frijoles, podrían considerarse como imágenes migrantes que nos remiten a los orígenes culturales de la autora y a su carácter transterritorial. Alrededor de 1997, deja de utilizar las bolsas rellenas con trozos de madera, cosidas a mano y recubiertas con resina sintética para usar otros materiales efímeros que guardan una estrecha relación con las múltiples transformaciones del cuerpo, el cual es al mismo tiempo, portador de historias y experiencias personales, de referencias autobiográficas, emocionales y semióticas. El uso de objetos icónicamente relacionados con el cuerpo humano, tales como tela, hisopos, yodo, Vicks Vaporub y grasa, que no están asociados con el concepto tradicional de belleza, sirven como elementos referenciales de la corporalidad. Se trata, además, de una conexión orgánica mediante objetos que metafóricamente reproducen la geografía corporal para representar de manera emocional el cuerpo humano en ausencia, a través de sillas vacías, contenedores, cojines y almohadas. Sinestesia, percepción y puesta en escena.

En la obra de Marisa Tellería la comunicación se manifiesta a través de los sentidos y la experiencia visual parte de una aproximación fenomenológica, donde la experiencia es una forma de conocimiento, al percibir la esencia de las cosas existencialmente. Se deshace del color alrededor de 1998 y el blanco predomina en sus esculturas, llegando a la monocromía. Los objetos de uso diario como los sofás, las almohadas y las otomanas conllevan la doble función de actuar como intermediarios entre el espectador y el ambiente que los rodea y al mismo tiempo, en sus pliegues y oquedades, mantienen la huella del cuerpo in absentia, como elemento indicador de una presencia reciente.

Asimismo, mediante la sinestesia o asociación de sensaciones, la artista crea una nueva materialidad que despierta en el espectador una serie de impresiones visuales donde combina los elementos táctiles con el sonido, para crear diferentes experiencias y percepciones. Mediante las asociaciones sinestésicas, los colores se oyen, los sonidos se ven y las texturas se sienten con la vista. Esta interrelación, tan recurrente en su obra, es lo que ella califica como “crossreferecing media” (cruce referencial de géneros mediales) al considerarla como una forma de borrar los límites entre los diferentes medios empleados, estableciendo un diálogo constante.

“Cuando hago una escultura, pienso en el dibujo… cuando dibujo, pienso en el espacio… cuando pinto pienso en el volumen… y las instalaciones, son como pinturas de gran tamaño … Incluso ahora, con el video y la fotografía, me ocurre algo semejante: mis videos tienen un movimiento casi imperceptible… los veo como pinturas que se mueven ligeramente y las fotografías casi siempre son puro color, forma y líneas invisibles que hablan de momentos fugaces y elusivos” (3).

La obra de Marisa Tellería refleja claramente la asimilación de elementos diferentes que mediante un proceso de transformación crean nuevos significados. Los murales de objetos, que ella considera como “non heroic works”, y las instalaciones a base de círculos ensamblados, funcionan como pinturas y bajorrelieves mientras que las fotografías de objetos descontextualizados –hisopos y colchas vistas como dunas- expresan contrastes cromáticos, sensaciones visuales o hápticas que oscilan entre lo palpable y lo intangible. Asimismo, en ese proceso de transformación, la mayoría de los objetos han sido despojados de su funcionalidad y “removidos de su realidad cotidiana”.

La otomana, las almohadas y los cojines, pierden su función original y se convierten en objetos artísticos para adentrarse en el mundo emocional del espectador a través de las sensaciones. Asimismo, en los discos coloreados, los cojines y las almohadas o las láminas de plexiglass lijadas y pintadas se mezcla esa dualidad de formas y volúmenes que oscilan entre lo bidimensional y lo tridimensional creando nuevas percepciones de la realidad, mediante la luz y el color. Frente a los materiales blandos de Claes Oldenburg –plásticos, vinilos, caucho, látex- que desafían los conceptos tradicionales de perdurabilidad, peso y estabilidad, los trabajos de Marisa Tellería, realizados con materiales duros, transmiten la idea de suavidad mediante la sensación táctil que transmiten los pliegues del tapizado o el brillo y la textura de una tela imaginaria. Resulta difícil descifrar cómo láminas de poroplast pegadas una a una, hasta formar un bloque compacto, después de recortadas y de aplicarles varias capas de Hydrostone (yeso de gran dureza y resistencia) han sido desbastadas y talladas como la piedra o la madera, pasando a ser cuidadosamente lijadas y pulidas.

En algunos casos, aplica fibra de vidrio y las pinta con compresor para lograr el brillo sensual de la seda o del terciopelo. Lo que el espectador percibe es la sensación de un objeto mullido y confortable, que invita al placer y al descanso, pero la flexibilidad y la suavidad son aparentes, pues se trata de una “escultura dura”. Las instalaciones en el piso guardan cierta similitud con las prácticas objetuales en el sentido de rematerializar el objeto: no son objetos encontrados sino trabajados manualmente por la propia artista, en los que combina el collage, el dibujo, la pintura y la escultura para crear grandes murales al estilo de sus trabajos antiheróicos o non heroic works y al ensamblarlos sobre el piso, resaltan sus cualidades narrativas y su contenido lúdico.

Actualmente, en estas instalaciones de piso y algunas de pared utiliza el neón, el vidrio, el cedazo y el papel. Objetos que en esencia carecen de valor poético, han sido transformados en algo imaginario y fantástico; materiales funcionales y utilitarios como los cedazos de diferentes colores, dispuestos sobre el piso en dobleces, pliegues y superposiciones, han sido utilizados para transcribir la presencia de los elementos naturales a la hora de representar la fuerza de las olas, las nubes o la vibración del aire. Desde el momento que la obra permite al espectador desarrollar su experiencia imaginativa y descubrir nuevos significados a través de la percepción multisensorial, la interpretación se convierte en una praxis liberadora y en una experiencia imaginativa. La observación de la naturaleza y las sensaciones visuales.

La fenomenología de Merleau-Ponty y su beneficiosa influencia en la obra de Marisa Tellería ha propiciado una comunicación a través de las sensaciones hápticas y la participación del espectador alrededor de la obra como un campo de experiencia, de manera que la percepción sensorial es crucial dentro de su estética. Actualmente, surge de la observación directa de la naturaleza, fuera de las cuatro paredes de su estudio, lo que ella considera como un inspirador paso hacia fuera (“inspiring step outside”).

Tanto las fotografías como los videos son producto de su relación con el mundo externo para encontrar una nueva forma de hacer arte partiendo de las sensaciones visuales. Las fotografías rompen totalmente con el naturalismo para presentar abstracciones y sensaciones cromáticas de luces y colores sin formas concretas, que pueden referirse al sol intenso del mediodía o a las tonalidades rojizas de un atardecer. No están directamente colocadas sobre la pared sino sobre un soporte intermedio que las convierte en relieves o en elementos flotantes. Incluso, podrían considerarse intervenciones arquitectónicas sobre las paredes al igual que los pequeños objetos minimalistas pintados en blanco, donde el juego de luces y sombras crea reverberaciones cromáticas y atmosféricas.

Estas piezas escultóricas ofrecen la equívoca sensación de poseer una luz interna, cuando en realidad han sido pintadas al reverso o en su contorno de manera que la pintura fosforescente crea un aura luminosa. Merlau-Ponty en La fenomenología de la percepción hace referencia a la ambigüedad cromática dentro de la experiencia visual cuando afirma que el color y sus tonalidades dependen de las sombras o del juego de la luz sobre las cosas, “en dependencia de su configuración espacial” (4), de tal manera que cada pieza obliga al espectador a girar o moverse en su entorno y el movimiento del cuerpo engendra una pluralidad de experiencias relacionadas con las sensaciones, como una forma de aproximación múltiple a la realidad. Los lugares de tránsito temporal han generado no sólo fotografías sino también videos que mantienen un diálogo especial con la pintura. En este caso, sus viajes en avión han dado origen a visiones cromáticas múltiples, donde abundan los más variados campos de color que representan desde estados de ánimo hasta un amanecer o un atardecer suspendidos en un espacio ilimitado y atemporal.

La pieza titulada Siete cielos, pudiera ser un estudio tanto del color como del movimiento de las nubes que dan paso a la luz. Se opera, finalmente, una incorporación del tiempo al proceso creativo y una unión entre la tecnología del presente con la magia de una realidad cambiante que se repite cíclicamante. Conclusiones: los ciclos repetitivos. La obra de Marisa Tellería está cimentada en una serie de ciclos o repeticiones cíclicas que van del todo a la parte o viceversa. Su espacio artístico es revisitado de forma continua, partiendo de temas individuales a los que imprime un nuevo tratamiento hasta lograr la transformación de lo temporal o lo evanescente en algo definitivo. Su obra conlleva la búsqueda de armonía entre su mundo interno y el mundo externo en un intento de comprender la realidad o de aproximarse a ella. Asimismo, se opera todo un proceso de apropiación del mundo que la rodea y del cual es parte, tratando de coexistir con una realidad que a veces le pertenece o que en algunas ocasiones la siente ajena.

La búsqueda continua es parte de la fluctuación entre un espacio interno y externo, físico, psicológico o corporal que forma parte de un continuo viaje donde coexisten y se mezclan el pasado, el presente y el futuro.

  1. Enrico Crispolti. Cómo estudiar el Arte Contemporáneo. Traducción de Marisa García Vergara. Celeste ediciones. Madrid, 2001, p. 167.
  2. Maurice Merlau-Ponty. Phenomenology of Perception. Traducido por Colin Smith. Routledge & Kegan Paul. Londres, 1962, p.440.
  3. Conversación de Marisa Tellería con Olga Viso, Directora Walker Art Center, Minneapolis. Comunicación por correo electrónico, 14 de agosto 2008. Traducción libre de María Dolores Torres. 4-Maurice Merlau-Ponty. Phenomenology of Perception. Traducido por Colin Smith. Routledge & Kegan Paul. Londres, 1962, p. 5.

Galería de esculturas

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Alejandra Gutiérrez dice:

    es un trabajo metafórico de interesante sobriedad.
    Sus instalaciones son exquisitas…saludos desde Costa Rica.

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