Arte de anémona

el

Por Yolanda Castaño

No piensa en ningún príncipe la princesa.

El sol se ha alzado por el oeste y se cierran todas las llagas.

Arte de la anémona: errar y translucir la mímesis,
un fácil y hostil reconocerse.

En mi expedicionario corazón no tengo almena.
Ni veredas, ni ruinas que acariciarme.
Pero hoy el sol se ha alzado por el oeste
y yo cuento de memoria los trazos del paraje.

Nada hay en mí que no vaya a presentir cuando me ocupe.
Soplo anterior a todo y nunca antes.

Galería de Damas: se suicida esa imagen.
Todo lo que pudiera mi cabeza saber de mí.
Conjuga ese verbo intransitivo; transita sin pies por esta onda.

Presagia esta anémona: abrirse a cada brisa
inédita a la vez y parte de mi piel.
Que cada esforzadamente trepada certeza se me mate.
Que me sorprenda lo oscuro.

El inevitable misterio de su anémona.
La sangre ya velada en nuestros pulsos.

POEMA DE OLGA Y ELBA

Soy yo la mujer que ahora ocupa esta casa
en la que exististeis, Olga, Elba,
desde que se abrieron para mí con los pies descalzos
sus labios de actriz que no me aman.

Y ¿qué sois vosotras a mi vida? compañías presentes,
mujeres antiguas y presentes,
dobles pálpitos de ser bordados en la piel de lo que abrazo.

Somos tres y yo cavilo sobre nuestras figuraciones idénticas, perfiles
repitiendo el perfil           de su milimétrica idea de la belleza.
Deslumbrantemente admiradas          y repugnadas hasta la náusea.
Que lo daría todo por ser por un minuto como vosotras,
yo, que os fui, tan abnegada e instintivamente.

Respira el rastro de las caricias          vuestras               en lo que toco,
aún insobornable en la madera de estos muebles,
en los frascos que aún están, en vuestra ropa.
Olga, Elba, abstractamente perfectas como mujeres anónimas,
intactas, como lo que no morirá          nunca.

Aún caliente está la huella de vuestros pies en lo que me acoge,
y en la mesa que comparto con espectrales ausencias
arriendo vuestro espacio implacable con usura.
Que habría de morir por ser más que vuestras cifras
o deseo matar vuestro nombre a cuchilladas.

Olga, Elba, mujeres pasadas y perpetuas,
y yo estúpidamente hija vuestra,
estúpidamente hermana en una genealogía interrogante.
Fantasmas divinos
y feroces
mientras duermo.

(En la Antología estatal Yo es otro. Autorretratos de la Nueva Poesía, 2001)

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