Beso

Ariel Santana

La miró frente a frente, la tomó por el cuello y tocó su boca con el dedo haciendo círculos lentamente. Acercó el dedo a su nariz y cerró los ojos tratando de perderse en el aroma que tanto adoraba.

– Si tù no fueras muda, me pasaría la noche entera hablando contigo. Solo me queda besarte y beberme tu esencia hasta quedar embriagado. Cuando salga el sol me despediré de ti y mañana me buscaré otra con tu misma apariencia, tu mismo sabor y por supuesto con tu mismo nombre.

Era su ritual acostumbrado antes de tomarse una botella ron añejo.

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