Herencias ocultas

Por Cristina Castillo Martínez

Aunque siempre escuchamos que es preciso vivir el presente, liberados de las ataduras del pasado y sin la inquietud de lo que nos espera en el futuro, lo cierto es que no podemos desligarnos de lo que fuimos, o de lo que son o han sido quienes nos engendraron.En el pasado encontramos respuestas a conductas del presente. De tiempos ya vividos extraemos recuerdos gratos o experiencias negativas a veces imborrables. Y en lo que ya fue se almacenan montones de momentos, vivencias, sabores, visiones, encontronazos que en unas ocasiones nos dan aliento para seguir viviendo y en otras nos quitan la respiración para los restos.

Esto último es lo que le sucedió a Matthew Roberts, un pinchadiscos pacifista que quiso conocer la identidad de su progenitor y, tras varios meses de pesquisas, descubrió que era hijo del famoso asesino en serie Charles Manson. El periódico en el que leí la noticia incluía fotos de ambos tratando de demostrar que, además de la confirmación de la madre, el físico no dejaba dudas. No obstante, los rasgos que a ambos igualaban servían también para alejarlos, pues la rudeza de los del padre se acentuaban con la esvástica tatuada en su entrecejo.

La noticia continuaba diciendo que Matthew Roberts había entrado en una profunda depresión, no sólo por el shock de lo descubierto, sino también por el temor de que  pudiera heredar la esquizofrenia paterna. Y es que quiso conocer su pasado y su presente se volvió aterrador.

El periodista zanjó ahí la información. Y yo no pude continuar leyendo el periódico, porque lo que en principio no era más que una de esas crónicas que gustan a los periodistas (por aquello que dicen de que la noticia no está en que un perro muerda a un señor, sino que un señor muerda a un perro, haciendo que la realidad supere la ficción), a mí me hizo pensar que a veces nuestra existencia es un castillo de naipes y que somos lo que nuestros progenitores han permitido que seamos. Lázaro de Tormes justifica su condición de marido cornudo y consentidor aduciendo que sus orígenes como hijo de un ladrón y de una prostituta no le permitieron ser nada mejor. Los estudiosos de Rosalía de Castro argumentan su desgarrador pesimismo vital señalando que nunca pudo superar el haber sido fruto de una relación ilegítima entre su madre y un sacerdote que, para esconder su pecado, obligó a inscribirla en el registro civil como “hija de padres desconocidos”.

Y es que, al nacer nos cortan el cordón umbilical para que, poco a poco, vayamos iniciándonos en la vida, pero, queramos o no, hay otro cordón mucho más fuerte que nos costará quebrar y que me lleva a pensar que, para bien o para mal, estaremos siempre vinculados a nuestros padres, ya sea por herencia genética (cuya posibilidad es lo que causa terror al hijo de Charles Manson); afectiva (lo que echaba de menos Rosalía de Castro); o educativa (como le sucedió al personaje de Lázaro), y puede que por todo ello a la vez. Es una cuestión atávica sobre la que debemos reflexionar para que la herencia que dejemos a nuestros hijos fructifique y no se anquilose en algún rincón oculto ni del corazón ni de la mente.

Filósofos, antropólogos o psicólogos lo explicarían mejor y seguramente desde otras perspectivas más científicas. Yo sólo lo puedo contar desde una indiscreta ventana a través de la cual observo el mundo a veces incluso con pijama de rayas.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Isa dice:

    La vida es una ecuación con infinitas variables e infinitas soluciones. Heredas a través de tus padres, pero ¿quién te dice que en vez de el gen de la ezquizofrenia de tu padre no has recibido el gen de la salud mental de un tio lejano? imposible de predecir. ¿Por qué pensar que vas a heredar lo peor? ¿es que acaso la humanidad va a peor irremisiblemente? O por el contrario, ¿va a mejor sin que podamos cambiarlo?.

    Nadie es lo que han sido sus predecesores. Ni para bien ni para mal.


    y si nací ya entiendo
    qué delito he cometido.
    Bastante causa ha tenido
    vuestra justicia y rigor
    pues el delito mayor
    del hombre es haber nacido.

    Sólo quisiera saber
    para apurar mis desvelos,
    dejando a una parte, cielos,
    el delito de nacer,
    ¿qué más os pude ofender
    para castigarme más?
    ¿no nacieron los demás?
    y si los demás nacieron,
    ¿qué privilegios tuvieron
    que yo no gocé jamás?

    El privilegio de algunos es la confianza en que el futuro no está escrito. La ley de Murphy sólo es válida para el que cree en ella. Si estás convencido de que las cosas van a ir mal, sin apenas darte cuenta vas a ir dando los pasos para que vayan mal. Si estás convencido de que la vida no funciona así, que la vida no te lleva, sino que la vida se vive hoy, siempre hoy, vivirás tu vida, no la que te hayan marcado. Si estás convencido de que hay un cordón que te ata al pasado, vivirás agarrado a ese cordón y quizás un día te des cuenta de que has estado agarrado a un cordel que en el otro extremo estaba libre.

    Si hoy vives como vives, ¿qué cambiará mañana si te dicen que los que creías tus padres no lo son?. La relación paternidad-filiación es eso, una relación. Y las relaciones se establecen entre seres distintos, nunca entre iguales.

    Los padres han de buscar para sus hijos lo que piensan que les va a hacer más felices, pero ¿qué padre tiene la solución para la vida de su hijo? Ninguno porque nadie puede vivir la vida de otro. Ninguno porque la vida no tiene una única solución.

  2. Cristina dice:

    Entonces, definitivamente, me pondré el pijama de James Stewart para que mis ataduras se confundan con sus rayas. Y de semejante guisa, tan sólo te suplicaré que me muestres tan eficaz ecuación.
    Será que soy de letras y los números se me dan fatal.
    Será que miro al ave, al bruto, al pez, y “segismundeo”:
    “¿Y teniendo yo más alma / tengo menos libertad?”

  3. Cristina dice:

    Entonces, definitivamente, me pondré el pijama de James Stewart para que mis ataduras se confundan con sus rayas. Y de semejante guisa, tan sólo te suplicaré que me muestres tan eficaz ecuación.
    Será que soy de letras y los números se me dan fatal.
    Será que miro al ave, al bruto, al pez, y “segismundeo”:
    “¿Y teniendo yo más alma / tengo menos libertad?”

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