Reyes Magos

Por Cristina Castillo Martínez

Aún recuerdo aquel martes de octubre, el patio del colegio, mis dos coletas, mi falda plisada y mis seis años como seis soles. Y todavía recuerdo a A.M.D., aquella silenciosa compañera de clase que aquel día decidió darnos a conocer su voz para cometer la mayor tropelía posible contra la ilusión infantil. Con un movimiento giratorio de cintura y un pedante tono musical entonó aquellas terribles palabras: “Pues que sepáis que los Reyes son los padres”. ¡Uf! Desde aquel momento los Reyes Magos, nuestros tres Reyes Magos quedaron destronados para los restos.

Todos los seisañeros, sieteañeros y hasta algunos avispados cincoañeros habíamos tenido sospechas de algo semejante, pues desde mediados de diciembre y hasta el día de la Epifanía no cesaban de desfilar ante nuestros ojos Melchores, Gaspares y Baltasares a cual más distinto. Los había altos y bajos, gordos y delgados engordados con absurdas estrategias. Unos montaban a caballo y otros (mejor informados) aparecían en camellos. Nos decían que venían de Oriente, pero hablaban con acento gallego, asturiano, castellano, andaluz o aragonés. No obstante, lo más irritante de todo –además del tinte para africanizar a Baltasares lugareños–, era las pelucas, esas descoloridas, despeinadas e inverosímiles pelucas. Y aún así, nos “los” creíamos. Necesitábamos creer en esa ilusión que sucedía una vez al año, que nos llevaba a portarnos bien los días anteriores, nos estrenaba como escritores de cartas y nos hacía dormir con una gustosa inquietud.

Aquella fue mi primera decepción. Y la primera vez que comprendí que a veces es interesante vivir en la mentira, perseguir conejos con chistera, creer en alfombras que vuelan o escalar arcoiris los días de lluvia.

Años más tarde descubrí “secretos” de los Reyes Magos, que A.M.D. jamás hubiera sospechado. Fue al contemplar uno de los mosaicos bizantinos de Rávena (siglo VI), en el que Baltasar, para mi sorpresa, tenía la tez blanca. Y es que en el único evangelio canónico que trata del tema, el de San Mateo (2, 1-12) tan sólo se habla de unos magos de Oriente, sin especificar su número, ni su condición regia, ni tan siquiera sus nombres. El resto de la información que ha llegado hasta nosotros es resultado de la percepción y reelaboración que las distintas civilizaciones han ido realizando a lo largo del tiempo y que nos han dejado multitud de variantes, especialmente en cuanto a la cantidad, pues se llegó a decir que eran 2, 4, 6, 12… ¡y hasta 60!, como creían los coptos. La tradición, sin embargo, fijó su número en tres, tal y como señalaba el historiador Orígenes, al vincularlos a los tres regalos que portaban. Y fue a partir del siglo XVI cuando se los empezó a relacionar con los tres hijos de Noé (Sem, Cam y Jafet), representantes de las tres partes del mundo conocidas hasta entonces, lo que les confería unas características físicas determinadas. ¡Cuán diferente descubrimiento!

Ahora, con más años, como más soles, recuerdo aquella anécdota con una mezcla de ternura y tristeza, sabedora de que en este mundo, por desgracia, siempre habrá A.M.D. deseosos de despertarnos cuando estamos en el mejor de nuestros sueños; empeñados en bajarnos al suelo cuando aún queremos seguir volando.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Lole dice:

    Hay demasiados/as AMD en el mundo, que se empeñan, con la razón como pretexto, en quitarnos la ilusión, ya sea la de los Reyes Magos o la del ratoncito Pérez. Pero, afortunadamente, el paso de los años a algunos nos hace más ilusionables (o no desanimables), y creamos la ilusión con otras cosas, esperando, por ejemplo, un regalo sorpresa, aunque no sea de los Reyes pero sí nos lo traigan unas cuantas Reinas.

    Pobres de las/los AMD del mundo que se quedaron sin ilusiones tan temprano y que, en su afán de saberlo TODO y decirlo antes que NADIE acaban solo haciéndose daño a ellos/as mismos/as.

    El espíritu navideño está, según algunos, pasado de moda y, según otros, es un montaje para fomentar el consumismo más absoluto. Pena de gente¡¡¡

    La Navidad es un momento para reencuentros, para ser más bondadosos que el resto del año, para recordar que debemos ser honestos y generosos también durante los demás meses, que, aquellos amigos de siempre lo siguen siendo, aunque solo se hablen o escriban en Navidad, que tenemos un lugar en su vida.

    Cierto es que compramos cosas no necesarias, pero para eso están los regalos, para recibir aquello que nunca (por prudencia, por inocencia, por dinero o por mil motivos igual de tontos) nos compraríamos a nosotros mismos aunque nos guste.

    Es momento de bondades, y de recordar y acompañar (según nuestro ánimo y posibilidad) a los menos afortunados (donde podríamos también incluir a AMD, pobre chica, si supiera…).

    Feliz Navidad, Lole.

  2. Lole dice:

    Hay demasiados/as AMD en el mundo, que se empeñan, con la razón como pretexto, en quitarnos la ilusión, ya sea la de los Reyes Magos o la del ratoncito Pérez. Pero, afortunadamente, el paso de los años a algunos nos hace más ilusionables (o no desanimables), y creamos la ilusión con otras cosas, esperando, por ejemplo, un regalo sorpresa, aunque no sea de los Reyes pero sí nos lo traigan unas cuantas Reinas.

    Pobres de las/los AMD del mundo que se quedaron sin ilusiones tan temprano y que, en su afán de saberlo TODO y decirlo antes que NADIE acaban solo haciéndose daño a ellos/as mismos/as.

    El espíritu navideño está, según algunos, pasado de moda y, según otros, es un montaje para fomentar el consumismo más absoluto. Pena de gente¡¡¡

    La Navidad es un momento para reencuentros, para ser más bondadosos que el resto del año, para recordar que debemos ser honestos y generosos también durante los demás meses, que, aquellos amigos de siempre lo siguen siendo, aunque solo se hablen o escriban en Navidad, que tenemos un lugar en su vida.

    Cierto es que compramos cosas no necesarias, pero para eso están los regalos, para recibir aquello que nunca (por prudencia, por inocencia, por dinero o por mil motivos igual de tontos) nos compraríamos a nosotros mismos aunque nos guste.

    Es momento de bondades, y de recordar y acompañar (según nuestro ánimo y posibilidad) a los menos afortunados (donde podríamos también incluir a AMD, pobre chica, si supiera…).

    Feliz Navidad, Lole.

  3. PapaFrita Girl dice:

    Cada cuento podía ser una realidad. Podía existir cualquier cosa.

  4. PapaFrita Girl dice:

    Cada cuento podía ser una realidad. Podía existir cualquier cosa.

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