De cómo el viajar y el leer pueden ser una misma cosa

Por Cristina Castillo Martínez

En multitud de ocasiones he escuchado –y hasta yo misma lo he repetido– que la lectura se asemeja a los viajes y que abrir un libro es como conseguir un pasaje a países lejanos o vecinos, a mundos existentes o nunca vistos, a espacios minuciosamente descritos o a tiempos ya olvidados. Porque, en una lectura inocente, sin conocimientos previos sobre lo narrado, viajamos con rumbo fijo aunque lo desconozcamos y siempre con compañeros que tomarán la palabra por nosotros para que podamos pisar sobre sus pasos y llorar e inquietarnos con sus historias, y reír, sorprendernos o asustarnos con lo narrado.

En los libros, don Quijote aprendió a soñar. En los libros, madame Bovary descubrió el amor. Y, a través de las obras que estos inmortales personajes protagonizan, también nosotros hemos conocido formas de soñar y de amar, de vivir, de pensar o simplemente de disfrutar. Pero demos la vuelta al razonamiento, pues de la misma forma que la lectura es un viaje, viajar es una forma de lectura, aunque lo que interpretemos no sea exactamente un texto y lo que recorramos no sea la conjunción armónica de un puñado de letras.

Viajar es descubrir, es intercambiar, es disfrutar, es probar y probarse, es conocer y conocerse. Viajar, o lo que es lo mismo, salir de nuestro entorno, supone dimensionar la realidad, ajustarla a sus proporciones, comprenderla en su diversidad. Viajar nos enseña a sentirnos iguales en lo diferente, a identificarnos en otros que hablan idiomas distintos (o nuestra lengua con otro acento), a asumir los designios de la historia o a rebelarnos contra las injusticias de la fortuna. Y a fin de cuentas, viajar es leer el mundo con la posibilidad de mezclarnos con sus personajes, de intervenir en sus historias y, con suerte y valentía, de cambiar o al menos modificar su final.

Pero que yo asocie viaje y lectura no resulta descabellado y no sólo porque siempre me acompaña un libro, sino porque, en buena parte de los casos, la literatura ha sido causa de mis viajes. Hace tan sólo tres días regresé de impartir un curso sobre la novela del Siglo de Oro español en la ciudad de Monteiro situada en el interior del nordeste brasileño. Y es que a Cervantes y a toda una caterva de escritores de la época debo la oportunidad de haber conocido esta ciudad de mañanas calurosas y noches frescas, de una quietud alterada tan sólo por los sones del carnaval, de amplias calles poco concurridas, de semanas sin días, porque el tiempo parece haberse detenido, y de caminos sembrados de nubes y cañaveral.

Sí. Definitivamente viajar y leer es para mí una misma cosa. Por eso, brindo por los viajes, los libros y los amigos; o mejor dicho, brindo por un buen viaje acompañado de buenos libros y de mejores amigos.

¡Salud!

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Isabel dice:

    Totalmente de acuerdo contigo… pero no siempre.

    Hay mucha gente que viaja y no lee. Ahora que hay tantas oportunidades de viajar sin un gasto excesivo, ha incrementado el número de viajeros, pero no de lectores.

    El último viaje lo hice a través de una agencia. Me apunté a un viaje organizado. Creo que ha sido el viaje en el que menos he aprendido y en el que menos he conocido el país, sus gentes y sus costumbres. El caso es que visité múltiples lugares, pero… como si me hubiera leido únicamente el primer capítulo y sin enterarme mucho de lo que leía.

    Esto además del duro golpe al ver lo poco de lo que se enteraba el resto. Lo mismo les daba un judío que un musulmán que un cristiano. Todos en el mismo saco. El de “ellos” que tanto se diferencian de “nosotros”. Así que asignaban las distintas religiones y costumbres a unos y otros y siempre concluyendo que lo mejor es “lo nuestro”. Abominable.

    Y supongo que también hay libros “que no llevan a ninguna parte”.

    Por cierto, me encantan los libros de Riszard Kapuscinski, en los que narra sus viajes. Por ahora me “llevo” leidos Ebano, Viajes con Heródoto y El Imperio. Magníficos los tres.

  2. Isabel dice:

    Totalmente de acuerdo contigo… pero no siempre.

    Hay mucha gente que viaja y no lee. Ahora que hay tantas oportunidades de viajar sin un gasto excesivo, ha incrementado el número de viajeros, pero no de lectores.

    El último viaje lo hice a través de una agencia. Me apunté a un viaje organizado. Creo que ha sido el viaje en el que menos he aprendido y en el que menos he conocido el país, sus gentes y sus costumbres. El caso es que visité múltiples lugares, pero… como si me hubiera leido únicamente el primer capítulo y sin enterarme mucho de lo que leía.

    Esto además del duro golpe al ver lo poco de lo que se enteraba el resto. Lo mismo les daba un judío que un musulmán que un cristiano. Todos en el mismo saco. El de “ellos” que tanto se diferencian de “nosotros”. Así que asignaban las distintas religiones y costumbres a unos y otros y siempre concluyendo que lo mejor es “lo nuestro”. Abominable.

    Y supongo que también hay libros “que no llevan a ninguna parte”.

    Por cierto, me encantan los libros de Riszard Kapuscinski, en los que narra sus viajes. Por ahora me “llevo” leidos Ebano, Viajes con Heródoto y El Imperio. Magníficos los tres.

  3. Cristina, mucho gusto. Me encanta tu comentario. Viajar hoy dia es importante, casi vital diria yo para darse una clara idea y personal del mundo y de las cosas.
    Las noticias y la internet mienten mucho, es mejor ver las cosas bajo tu propio prisma. Leer cuando se viaja es vital, porque la lectura te
    abre los sentidos para captar mejor tu alrededor, tu entorno, te inspira y te abre mas puertas. Me encantan los libros de viaje, los sencillos que captan el detalle, lo que nadie capto, lo que no tiene importancia.Bien expuesto.
    Un saludo y estamos hablando, sinceramente,
    Eugenia

  4. Cristina, mucho gusto. Me encanta tu comentario. Viajar hoy dia es importante, casi vital diria yo para darse una clara idea y personal del mundo y de las cosas.
    Las noticias y la internet mienten mucho, es mejor ver las cosas bajo tu propio prisma. Leer cuando se viaja es vital, porque la lectura te
    abre los sentidos para captar mejor tu alrededor, tu entorno, te inspira y te abre mas puertas. Me encantan los libros de viaje, los sencillos que captan el detalle, lo que nadie capto, lo que no tiene importancia.Bien expuesto.
    Un saludo y estamos hablando, sinceramente,
    Eugenia

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