Lugar del odio

Por Marta Leonor González

La mujer vestida de inmaculada
demora la peligrosa entrega matinal.
Bajo el corpiño su defunción arrastra
la llamada del brotado ombligo,
el vagabundo sudor que despierta al amante
al hijo que en su regazo duerme
y llora gimiendo la tarde huérfana,
con el pelo alborotado los pies curtidos
la cara sin lavar la mujer regresa
al lugar del odio,
a enjuiciar el rostro del aguijón
la alimaña que abrió la bragueta
sin persignarse
sólo con el miedo, la cara del asombro
y la vergüenza de nunca hacerlo.

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