Kadhafi no está loco

Por Zyanya Mariana

Escucho en los pasillos, en los comentarios de las mamás de la escuela de mi hija, Kadafi está loco.  Es lo que los medios corean, pero las cosas son siempre más complejas que la noticia televisiva de 5 minutos.  Escandalizados, hoy los medios olvidan, convenientemente, que los locos dictadores están ahí porque fueron reconocidos por sus pares ricos, sedientos de petróleo, particularmente Europa y EU.  Por supuesto nunca les perturbó el golpe de estado de los Warfala a Kadhafi en 1993, aunque los muertos hayan sido muchísimos; ni el Tratado de Paz firmado en 1979 entre Israel y Egipto a pesar de las consecuencias entre la población Palestina y el Mundo Árabe: había que salvaguardar las puertas de los energéticos.  Tampoco les inquietó la visita de Kadafi a Italia en agosto del año pasado cuando Berlusconi pidió incluso perdón por el pasado colonial, con tal de preservar la relación Italia-Petróleo libio.
Todos repiten la palabra locura, como repitieron hasta el cansancio que la rebeldía Egipcia fue consecuencia del Facebook y el Twitter que los jóvenes utilizaban para llamar a la revolución.  Ahí también se les olvidó recordar la larga lucha de los movimientos obreros y sindicales, la pauperización de la región a pesar de la riqueza petrolera (el 40% de los 80 millones de egipcios viven con dos o menos dólares al día) y un hecho fundamental, el ciclo histórico iniciado después de 1945 por los Estados Unidos en la región para eliminar el monopolio europeo sobre el petróleo, circunstancia que hoy parece culminar.  En efecto los lideres hoy cuestionados llegaron al poder a mediados de los 70’ u 80’s, casi todos lucharon contra el colonialismo y entraron al poder después de tres sucesos: la crisis petrolera en el 73, el fin de la paridad oro-dólar y la 4ta guerra  árabe-Israelí, la guerra de Yom Kippur.  Hoy las edades de estos hombres, en su momento héroes, oscilan entre los 69 y 80 años.
Es el caso de Zayn al-`Abidin Ben Ali de 75 años  -no he incluido el caso de Yemen pues su pobreza petrolera lo aleja del interés occidental.  Nace en 1936 y toma el poder, también después de un golpe de Estado en 1987, derrocando al héroe independentista Habib Bourguiba.  Por su parte el 3er presidente del Egipto independiente es Hosni Mubarak de 83 años.  Nació en  1928, fue vicepresidente de Egipto en el 75, dos después de la crisis del petróleo, y electo Presidente en 1981, también dos años después de los Tratados de Paz con Israel.  Nuestro último caso, Muammar Kadhafi, es aún más complejo.  Este militar de 69 años, llega al poder con escasos 27 años, después de un golpe de estado al primer rey independiente de Libia Idris 1ero.  Así como la independencia de Libia inspiró los movimientos independentistas de la región, así el discurso panislamista de Kadhafi  en los años 70’s presionó al alza el precio del barril desencadenando un efecto dominó en los países productores de petróleo y poniendo en jaque a las naciones occidentales, particularmente a los Estados Unidos.  A pesar de las apariencias no es un verdadero enemigo de occidente, reestructuró a Libia en función de los intereses de las compañías petroleras; tampoco los otros dictadores enriquecidos por sus pares occidentales son enemigos.   En realidad todos son sátrapas que trabajan para  las grandes compañías petroleras que buscan petróleo barato y derivados del petróleo caros (un poco lo que pasa hoy en México), lo que se conoce como el sistema centro-rico y periferia pobre.
En términos internacionales la geopolítica del petróleo implicó una concentración de la riqueza aún en las naciones desarrolladas y una pauperización de las naciones pobres incluyendo aquellas con reservas petroleras.  La pobreza sumada a las luchas sociales, sumada a la vejez de los dictadores, sumada a una nueva generación “hiper comunicada” (ahí sí Twitteros y facebookeros) dio por resultado, lo que suelen llamarse en la prensa europea “la primavera de los pueblos… musulmanes”, una serie de reivindicaciones económicas, políticas y sociales en Medio Oriente.  Esto lo sabe “el loco de Kadhafi”, quien también sabe que a las naciones occidentales no les interesan ni los vivos ni los muertos, sino conservar la geopolítica del petróleo.  Para ello necesitan detener la ola de revueltas, que por ahora sólo convienen a los silenciosos Rusos y Chinos, que obviamente se oponen a una intervención de la OTAN.  Kadhafi también sabe que Libia, a pesar de la modernización, sigue siendo un país tribal y guerrero, y que la guerra entre tribus forma parte de la identidad por extraño que nos parezca.  No es casual que los textos más antiguos que nombran a Libia, hablen de los mercenarios que luchaban para el imperio Egipcio, o de aquellos que junto al ejército Cartaginés de Hanibal cruzaron los Alpes amenazando al Imperio romano.  La pelea entre tribus es compleja ,pero hoy viejas riñas reaparecen, como la de 1993.  No es casual que  los Warfala, asentados en su mayoría en Bengasi, se hayan declarado enemigos de Kadhafi y hayan logrado el reconocimiento del gobierno francés de Sarkozy.  Para ser una guerra civil entre locos, los Warfala y los Gadhafa saben muy bien cómo funciona el sistema internacional y su necesidad petrolera.

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