Transnacionales literarias en la narración de América Latina

Por Luis E. Duarte

Después del llamado boom me pregunto cuánto queda de personalidad en la literatura latinoamericana. El premio Nóbel de Literatura al peruano nacionalizado español, Mario Vargas Llosa, es una de las decisiones menos polémicas de los últimos años, pero me hace reflexionar en la actualidad de lo que se escribe desde nuestro continente.

Mis conclusiones no son tan pesimistas como hace varios meses, a pesar de la gran brecha entre lo que se escribe y aquello que se publica.

Hay una literatura de entretenimiento y otra humana, descarnada y profunda, cuyo sentido es otorgarle a su tiempo memoria, razón y sensibilizarla frente a los dramas que compartimos o nos diferencian. Por eso la novela histórica al menos que no sea bajo dotes supremos de genialidad, no es más que entretenimiento porque es una estafa histórica, aunque sea la tendencia preferida de las casas publicadoras más grandes, la literatura clásica es la que habló de su tiempo.

Desde hace algunas décadas las editoriales españolas parecen enfocadas en reducir las letras castellanas a pasquines comerciales, títulos y contenidos a nivel de Belletristik (ver artículos de Moya y Lemus), una literatura sin garra, ni deseos de experimentar, renovar, crear y polemizar, sin una visión crítica del presente, compresión a profundidad del pasado o al menos una propuesta estética narrativa que refresque

Irónicamente, una de las casas editoriales más comerciales, pero irónicamente en crisis, tiene un respiro y una palmadita gracias al Nóbel de Literatura, el primero para el idioma después de 20 años.

Con Vargas Llosa se cierra el círculo del llamado boom latinoamericano, aunque quede Fuentes en el círculo de espera y quizá no tenga que esperar otras dos décadas. Lo que hay por ahora son títulos de venta anual para las grandes casas de impresión que difícilmente se convertirán en clásicos como La Casa Verde o La Región más Transparente.

Estoy casi seguro que esa narración tan extraña al lector tradicional, esa estructura destructiva y de lenguaje antiespañol como fue Conversación en la Catedral nunca hubiera sido publicada en estos años por una de estas editoriales, como tampoco lo hacen con jóvenes con propuestas diferentes en la orilla opuesta del marketing.

Un ejemplo. España ignoró hasta su muerte a Roberto Bolaño, considerado en Alemania el descubrimiento literario más importante de la literatura castellana en los últimos diez años. Poco antes de entregar su herencia literaria sólo pudo ser notado en el viejo continente por uno de los grandes premios que no le entregaron ni en Barcelona, ni en Madrid, sino, en Caracas.

España podrá ser el centro de comercio editorial del mundo hispanohablante, pero de seguir así se convertirá en la periferia creativa que finalmente no está consumada por nuestro malinchismo literario, muchos consideran a la vieja Iberia como centro cultural de lo hispano y se le disculpa porque hace 500 años propagaron el idioma del cuál ahora son una minoría.

Sin embargo, mientras España vende, Latinoamérica mantiene por fortuna su vocación creativa, su colorido y diversidad, aún más que cuando surgió el boom, esta generación literaria es más plural y esa es su marca particular.

No sólo la búsqueda de nuevos motivos, también la necesidad de nuevas formas de escritura basadas en las tecnologías, el cine, la cultura pop, las subculturas, el rock y lo urbano, son esenciales para los nuevos autores. Entre lo que se distribuye y lo que está siendo realmente escrito hay diferecias abismales.

No es extraño entonces que tres de los autores más destacados internacionalmente dentro de la nueva literatura iberoamericana vivan precisamente en Estados Unidos, Junot Díaz y Javier Alarcón, aunque escriben en inglés, pertenecen al canon de la literatura latinoamericana. Mientras el barcelonés Carlos Ruiz Zafón, publica para Planeta desde California.

Hay otro grupo de autores con materiales provocativos que abordan temas actuales olvidados por las grandes marcas de libros, por ejemplo, las drogas, ese demonio que en público se ataca, pero en privado se disfruta.

Ahora que sale un nuevo estereotipo del norte mexicano y su guerra contra los carteles, hay autores que desmitifican la maldad y señalan la fragilidad de los codigos morales y dobles manuales de conducta, pero sobre todo autores que están más claros o al menos mejor informados de lo que está ocurriendo en la literatura mundial.

El intimismo existencialista, la desilusión posmoderna, la corporalidad que incluye el género como objeto literario, léase aquí homosexualidad, también son parte del espectro de muchos autores jóvenes que responden a los tabúes que aún existen en las empresas distribuidoras de libros en nuestro continente, porque la literatura también se crea destruyendo viejos mitos y pensamientos.

Algunos autores destacados de estas tendencias que retomo de un artículo de Pietro Osorno son el peruano Jorge Galarza con El Infierno es un buen lugar, el cubano Pedro Juan Gutiérrez, autor de Trilogía Sucia de La Habana, el mexicano Guillermo Fadanelli con Compraré un rifle, el peruano Javier Arévalo con Nocturno de ron y gatos, el costarricense Carlos Cortés con Cruz de Olvido, y el colombiano Efraim Medina con Técnicas de masturbación entre Batman y Robin.

¿Se encuentran esos libros en nuestras bibliotecas? Por qué de pronto me parece que la crisis en la literatura iberoamericana, no es una crisis de calidad o lectores, sino, netamente una crisis comercial, inventada por empresarios canosos de corbata que no están dispuestos a arriesgarse.

Hay muchas sospechas confirmadas en el informe “El Comercio de Libros entre España y América Latina: Disonancia en la reciprocidad”, preparado por Elena Enríquez Fuentes (2008) para la Alianza Internacional de Editores Independientes.

Enríquez según datos del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina, el Caribe, España y Portugal (CERLALC), sostiene que la mayoría de publicaciones por títulos de ficción y no ficción en castellano vienen de nuestra región, es decir, el 64 por ciento en el 2008, “pero la gran mayoría de estos títulos no circulan en el mercado internacional porque las agencias distribuidoras no cuentan con los recursos y las redes apropiadas que existen en Europa” (cit. Op).

¿Quién publica? Datos de García Canclini y Piedras (2006) en Las industrias culturales y el desarrollo de México, indican que España tiene 114 editoriales industriales que superan la producción de mil títulos al año, las naciones latinoamericanas tienen juntas menos que eso, sólo hay 108 de ese tipo y, el 90 por ciento de ellas, son filiales españolas. Sin embargo, este grupo representa apenas el 0.9 por ciento de los agentes editores de Latinoamérica.

En América Latina el 49.9 por ciento de los títulos los producen sociedades comanditarias, es decir, que aportan trabajo y capital para el funcionamiento, éstas representan el 25.6 por ciento de los agentes editores del continente; en contraposición, en España, sus pares, los editores comerciales privados, realizan el 88.5 por ciento de los títulos y representan el 82.6 por ciento de quienes publican (cit. Enríquez 2008).

¿Quienes leen y quienes ganan de los que leen? “El 56 por ciento del total de las exportaciones de libros españoles en el 2006 fue al mercado latinoamericano, incluyendo el que vive en Estados Unidos y Canadá”. “España gana 175 millones por sus exportaciones de libros, pero América latina sólo exporta por valor a 7 millones, México, la nación hispanoparlante más grande del mundo, es la que más libros españoles compra”.

Hay 123 filiales de editoriales españolas en América Latina, la mayoría por supuesto en Argentina y México, Latinoamerica tiene apenas representaciones internacionales de Norma, Fondo de Cultura Económica, Alfaomega, Trillas, Limusa y Siglo XXI.

Un mito común es considerar que el éxito del libro en España se debe a que Europa lee más. La población lectora en países como México, Uruguay, Brasil y Perú es similar a la de España, en Chile es un poco menor y en Argentina es mucho mayor. Según el PNUD.

En Nicaragua, datos de las Naciones Unidas indican que el déficit comercial de libros aumentó de menos 70,538 en el 2000, a menos 124790 en el 2006. Este dato es muy importante porque significa que en Nicaragua hay lectores, pero la producción local no cubre la demanda, por eso se tiene que importar más libros. Sin embargo, en el continente, sólo Honduras publica menos libros que Nicaragua. El fenómeno de las fotocopias como alternativa para acceder a los libros es también mucho más difundido en el continente y es una alternativa para la lectura.

En resumen, según la Alianza el problema de América Latina no es la calidad literaria, ni la producción, sino, las deficientes estructuras de distribución local y la falta de acceso a las redes internacionales de comercialización de libros.

Quizá creando estos canales, se puede demostrar que pueden haber otros booms en Latinoamerica y reconocer que la calidad de escritura de la región no fue una chispa genial de la historia que se terminó con media docena de autores ya envejecidos.

Berlín, enero-abril 2011

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. arrowni dice:

    Un argumento bastante sensible y acertado respecto a la producción actual, cuestión graciosa el saber que es más digno de autores tomar el riesgo y no poder colocar sus libros que ganar la superficial fama de un mercado en superficie europeo. La primera lógica a mi parecer es entablar la discusión sensible respecto a la calidad de escritos por medios masivos como internet, y reconocer que la calidad de los textos ahora requerirán la garantía de lectores para poder imprimirse físicamente. El sitio del lector en el paradigma se vuelve activo, y el reconocimiento propone superar las fronteras. ¿Podemos tener lectores hispanohablantes que propongan una lectura y un círculo de difusión más digno que el que existe hoy? Solo podemos lograrlo si de veras se propone.

    Surfeando internet en busca de literatura he fallado en encontrar una receta única y simple para conocer lo que existe hallá fuera. Presumir que una nos bastaría es tan inocente que repite el paradigma actual. Quisiera ver discusiones en la red, en las escuelas o en círculos de difusión que resulten adecuados. No es la realidad de un país, sino de muchos, la solución no es atrapar libros españoles ni exportar traducciones, pues una realidad no responde a todas.

    Con todo, me ha agradado el artículo, y me interesaría dirigirme a otros que entablen esta interesante discusión.

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