José Paredes: Misticismo vuelto a la tierra

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Por Eugenia Toledo-Keyser, Ph. D.

Quizá a causa de que hubo un momento en que la sabiduría de las religiones antiguas basadas – en la Diosa Madre, en la Fertilidad de la Tierra, en los ciclos de la naturaleza y de la vida fue separada de las propuestas de las  religiones emergentes – es que aún hoy dominan el imaginario colectivo de la mayor parte de las culturas; mientras tanto el Misticismo como propuesta de cultura o imaginario de espiritualidad, se perdió.

De esta manera todo lo místico se fue para “el cielo” (como en el poema “Ascensión” de Fray Luis de León) o para arriba y  nos quedamos en la tierra con lo profano, lo salvaje, lo impuro y lo prohibido. Nos quedamos con la soledad. Al mismo tiempo, todo lo que tenía que ver con lo místico y  el logos se transformó cuando arribó el gran negador y dijo Dios ha muerto (Poema 9).

El ser humano se separó. Se partió en dos. El hombre queda desamparado.

Se ha construido una espiritualidad muchas veces, no siempre, basada en una figura masculina, patriarcal, y además controladora, castigadora y castradora hasta del conocimiento y el saber. Un hombre gigante y todopoderoso que estaba por encima del ser humano pero que no era un dios sino un contador que apunta todo lo que hacemos para pedirnos cuentas al final. El Creador es un librero y tiene un libro muy grande. Con este predicamento es que se han fundado, las sociedades, las culturas, las civilizaciones, la historia.

Pienso que de allí viene la proposición de José Paredes en su libro Firmamento y olas – El Juglar, Silver Spring, Maryland, 2008 – recordándole a sus lectores desde el principio que Dios ha muerto y que ha quedado solamente balbuceo, enigma, paradoja, perplejidad y el ruido del silencio (Poema 7) y nos ha transformado en pura existencia sin retorno (Poema 7). Entre ‘firmamento y olas’ estamos, entonces, en este momento.

Entrar en un libro es una aventura y un conocimiento. Es adentrarse también en los parámetros de pensamiento de su autor, armar el rompecabezas, observar su “cuarto propio” y dilucidar sus claves. “Todo libro de poemas o poema es un libro abierto” – nos dice el autor – “como un abrazo, y para que cada amor o lector entre en él o en ellos a aventurarse en la (a) ventura del conocimiento, del sentimiento y de lo que nos deja perplejos.”

Y la idea del ideal llegó hasta lo que es hoy; me refiero a la necesidad de dominar a la naturaleza del Hombre – Siempre viviendo en el error (Poema 56). Tan caótica, tan poderosa, tan implacable; la que se domina desde el miedo y desde el miedo se la agredió y despojó de valor. Se reprimió los procesos naturales y biológicos y a la relación del ser humano con lo natural. Por ello, una de sus propuestas es volver al origen, al conocimiento, al arte.

No está equivocada en su lectura la obra Firmamento y olas.

Este libro es un viaje y a la vez todos los viajes posibles; los que hacemos y los ocultos: al cuerpo y a su carne, al alma y a la energía que hay en ella y lo que hay más allá de la visión del verso, del verbo, de la idea, de los cuerpos; la destrucción de éstos, el nacimiento de todo; el apareo de la hostia con el verbo terreno y el cuerpo inasible y a la vez al alcance de las manos; los hombres son energías que se oponen y se superponen:

Después de probar / la realidad del cielo, / optaron por la tierra / […] / por los elementos de la vida / y sus incógnitas, / las del número, los huesos y el azar. (Poema 69).

En cada poema de este libro se presentan elaborados temas. Está la patria chilena de donde viene el poeta, también la búsqueda de la identidad del ser humano, una crónica de eventos históricos, fechas claves 1090, 1135, 1492, y otras como 1559, 1560, 1938, 1498, 1492, en que la literatura española está como testigo y la Historia como vaivén. Desde esta dimensión absolutamente amplia e incompleta la poesía se transforma en un medio de experimentar experiencias. Experimentar es sobrepasar los bordes, ir más lejos de donde se está o de lo que se fue, enfrentar las complejidades de la ciencia y el espíritu:

Desde ese oscuro y su desangre / el tiempo corre en contra nuestra. Historia repetida, severa y lujuriosa. (Poema 46). Lo que vivían les era el comienzo y la nada. (Poema 68).

Uno de los temas de este poemario, fuera del acercamiento a la Historia de José Paredes, es su amor a la lluvia de azúcar y la lluvia a chuzo que no se va nunca; esa lluvia fina y de horas y horas que lo traspasa todo a uno. Siempre que camina bajo la lluvia vuelve a aquel sur chileno. Ahí reside, inferimos, la rica inversión en la naturaleza de su libro, a partir del sur.

Un misticismo actual es ver al otro y verse en el otro con todas las consecuencias; debiera ser como el de aquel pasado, la con-fusión del encuentro con el otro o con la otra, con el cuerpo del Cristo, del Dios, del Santo, de la Santa y lo ‘pagano’. Al Credo se lo quería en cuerpo y en alma, sin la evasión de la ‘mística’ posterior, la que sublimó todo y después se volvió bárbara al predicar el celibato. Ahí se perdió la cercanía con el Dios, cuando se le puso en el Altar y lo alejaron del polvo. Con respecto a la Paciencia, como valor y virtud, el autor se remite a la “Ardiente paciencia” de Rimbaud, concepto rescatado por Neruda en su discurso de aceptación del Nobel en 1971.

Como es natural, lo lírico ocupa un lugar destacado cuando la voz del hablante se vuelve hacia su circunstancia personal y toca estos aspectos tan íntimos. Sin embargo, la cuestión del género de esta obra es más compleja. Como una gran parte de las obras que se escriben actualmente, los géneros se entremezclan y sus límites se hacen borrosos. Aquí lo lírico se entrelaza con lo épico; comulgamos con la emoción del instante, pero también, y con mucha fuerza, advertimos que transcurre aquí el relato de una historia colectiva e individual, un devenir. Una historia que, por lo cercana, debe más a la memoria reciente que a la historiografía, de manera que el ‘género memoria’ entra en el juego. Se recuerda y se construye el recuerdo batallando contra el olvido, condición necesaria a la hora de los balances que se hacen y deben hacerse: “Con el perdón de la culpa nada queda y así todo forma parte natural del olvido”, dice José Paredes.

Nuestro buscarse más allá de la luz / y la leche celestial, mi Señor. (Poema 90).

El Misticismo – lo he dicho en otras ocasiones – debe ser para el escritor una experiencia integral que compromete sus niveles mentales, emocionales, intelectuales y espirituales.

Firmamento y olas es un poemario de seducción que merece ser leído y comentado. No es un libro egoísta, del yo místico o una crónica personal, sino un libro contemporáneamente místico, una ventana para asomarse al mundo.

Buscar la razón de ser sigue siendo un acto sagrado.

Senda recta y herencia secular del amor. Buscar en la raíz misma de lo femenino o de la primera mujer siempre ausente desde el principio. Herencia de tradición bíblica; el hombre era el cuerpo, la mujer el margen, la costilla. José Paredes invierte este predicamento al final de su libro de modo que en su poesía queda un hombre-mujer; la mujer el cuerpo, el hombre el margen:

Naufrago / y me levanto por enésima vez / a ser la misma, / la de las visiones, / la de la miel, / la del gusano, / la de la greda y la vasija […] (Poema 90).

Hay ferocidad y generosidad en este libro. Es todo un solo poema; una serie de poemas que se deben leer como un único gran poema.

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