Ocho A.m. de Fabricio Estrada

Fabricio Estrada escritor hondureño

Fabricio Estrada

8:00 A.M.

Llego a la hora en punto.

De esta forma,

el tiempo adquiere matices históricos.

Marco tarjeta

y busco a tientas mi escritorio.

Ya no dirán nada,

he cumplido con llegar

y esto para ellos es suficiente.

Ahora me verán callar,

yendo del baño a la fuente de agua,

de la fuente de agua al baño

y no sabrán que transito siglos atrás,

por montañas del Ponto

y ríos de Mongolia,

acompañando a Julio César y exigiendo

un desfile con elefantes y timbales.

Luchas atrás,

con Gensis Khan

por una larga estepa y con un buen caballo;

con Ibn Batuta y Marco Polo,

junto a walkirias que me ungen

entre los muertos de Germania.

Y nadie sospechará,

me dejarán tranquilo

con mi rostro atento,

dirán que cumplo

y me pagarán por ello.

El Hombre Infeliz de Fabricio Estrada

Resulta fácil reconocer

a un hombre infeliz.

Su pecho gira

como un cubo

de diversas dimensiones.

Ángulos y vértices

los caminos hacia su alma

tienen el margen abismal

de los abrazos posibles.

Su casa es grande

y de fórmulas y alambres cubierta.

Nada de ella con vida se escapa,

ni los ecos

ni la noche que dentro de ella

euclídica se fragua.

Es tan fácil golpear su mejilla,

una palabra de amor lo desbarata,

el paraíso se rompe

y caen pedazos

de sus guardias de bronce.

El hombre infeliz

engorda recuerdos

que saca a pasear por las tardes,

recuerdos rabiosos

que muerden el aire

y que se van abriendo paso

a dentelladas tristes

y a torpes gemidos vanos.

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