QUIÉN ES EL CULPABLE

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Por Zyanya Mariana

El jueves 23 de junio se reunieron en el Castillo de Chapultepec, en la ciudad de México, el presidente Felipe Calderón y el poeta Javier Sicilia.Hablaron durante cuatro horas… Lo peor no fue enumerar el aumento de feminicidios y trata de mujeres en el país, destacando la violencia en Ciudad Juárez y el Estado de México; ni la cantidad de fosas comunes encontradas en Durango, Tamaulipas y otras regiones norteñas del país; ni el número de levantados y migrantes desaparecidos (sólo ayer desparecieron otros 80 en Veracruz, http://www.jornada.unam.mx/2011/06/28/portada.pdf); ni la alarmante cantidad de fusilamientos de jóvenes en los centros de rehabilitación para toxicómanos; ni la cifra creciente de secuestros; ni el silencio para procesar culpables, tanto en el incendio de la guardería ABC de Sonora donde murieron 49 infantes, como en el caso de las madereras y talamontes que hostigan a las comunidades indígenas, Cherán en Michoacán por ejemplo, porque se oponen a la tala ilegal de árboles y al saqueo de recursos naturales; ni la nómina de asesinatos cotidianos que hoy se cuentan como 40 mil muertos. No nada de eso es importante en un país donde sus poderes: ejecutivo, legislativo y judicial se niegan a ver que el 98.5% de los delitos que se registran quedan impunes, que el problema fundamental no son las redes de narcotráfico pagándole a los preparatorianos con mercancía que luego revenden en las escuelas porque no hay trabajo, ni los migrantes que cruzan el país arriesgando la integridad y la vida (las mujeres piden una vacuna para evitar un embarazo en caso de violación), ni la madre asesinada, Marisela Escobar, por identificar, frente a cuerpos de seguridad, a los asesinos de su hija; sino una guerra a dos fuegos. Por un lado la Guerra declarada de Calderón al crimen organizado y por el otro la corrupción total de las instituciones. ¿A quién beneficia esta guerra? ¿Al sistema financiero internacional y el lavado de dinero; a los productores de armas; o a las fronteras de los países ricos que han dejado de controlar las hordas hambrientas de desempleados en busca de trabajo? Lo cierto es que la Guerra de Calderón sólo ha fortalecido a los cárteles. Y sin embargo Calderón insiste “Los malos están afuera, son los criminales. Los 40 mil muertos, hijos, madres y hermanos, son sólo daños colaterales. Yo no soy el culpable, sino el crimen organizado, repite una y otra vez.” La actuación de Calderón frente a los medios de comunicación, erigiéndose cual héroe, recuerda un cuento de la tradición religiosa de la India: “Érase una vez un príncipe que, sentado en la orilla de un río, vio una muchacha muy hermosa. Ella, desde la otra orilla, le empezó a hacer señas que sólo el hijo del canciller, amigo del príncipe, pudo interpretar. Con señas dijo su nombre, el de su familia, su reino y su amor por el joven príncipe. Otro día, el joven príncipe y su amigo, el hijo del canciller, fueron a la ciudad donde vivía la joven. Por medio de una vieja, la muchacha explicó por signos, siempre descifrados sólo por el hijo del canciller, cómo saltar el muro de su casa, cómo encontrar su alcoba y reunirse con ella. Todo lo hizo el príncipe, según lo descifrado, pasando la noche en los brazos de ella. Sin embargo, cuando la muchacha se enteró que sus señales no habían sido descifradas por el príncipe temió la indiscreción del interprete y decidió envenenarlo. El hijo del canciller, que todo lo descifraba, se adelantó a los hechos. Se disfrazó de asceta mendicante y convenció al príncipe para que representara el papel de discípulo de asceta, después mediante un hábil estratagema hizo a la muchacha sospechosa de brujería y convenció al rey, de aquel país, de que ella había sido la causa de la reciente muerte súbita de su hijo pequeño. Proporcionó tales pruebas que fue condenada a una muerte ignominiosa. Expuesta desnuda fuera de la ciudad, fue dejada allí como alimento de los animales del bosque. Pero apenas acababa de ser abandonada cuando los dos jóvenes, habiéndose procurado unos caballos, acudieron a llevársela y huyeron con ella al reino del príncipe donde se convirtió en su esposa y futura reina. El dolor que experimentaron por el deshonor y por la pérdida de su hija destrozó a los ancianos padres de la muchacha, les rompió el corazón y murieron.” En la tradición de la India este cuento se inscribe entre los 24 enigmas que le impone al rey, un espectro, para convertirlo en sabio. Este le pregunta ¿quién es el culpable de la muerte de los viejos? El rey, que teme la amenaza del espectro de perder su cabeza responde: “Ni la joven ni el príncipe, son culpables, pues ardían los dos por las flechas del amor. El hijo del Canciller tampoco, pues no actúa bajo su propia responsabilidad. El único culpable es el Rey quien permite que tales cosas sucedieran en su reino. Ni siquiera imaginó la ingeniosa pasada que se le jugó al explotar la pena natural que experimentaba por la pérdida de su hijo. Fue incapaz de ver que la apariencia del monje mendicante no era más que un disfraz. No supo nunca nada de las actividades de los dos extranjeros en la capital. No sabía ni siquiera que estuvieran ahí. Por ello debe juzgarse al rey culpable de faltar al deber real, pues su deber consistía en ser el ojo que ve todo su reino, el protector informado de todo, el guía del pueblo.” Utilizando el cuento como alegoría de la situación en México, expongo los símiles. La muchacha representa todos los jóvenes desempleados en México que se integran consciente o inconscientemente a las filas del crimen organizado. No se les puede culpar, no hay empleo después de terminar los estudios y los únicos empleadores en estos tiempos de acumulación de riqueza y despojo del campo son los narcotraficantes. ¿Realmente se puede culpar a esos jóvenes, por más violencia que añadan, por seguir los sueños que les venden los medios? El joven príncipe y su amigo, el hijo del canciller, podrían compararse con el crimen organizado. Descifran las necesidades de los jóvenes, actúan en territorio que no es de ellos y engañan al poder. Y a pesar de lo que diga calderón, e incluso las buenas conciencias, los narcotraficantes no son peores que los especuladores financieros que han hecho a los pobres más pobres y a los ricos más ricos. Los viejos muertos son todos nuestros muertos, los 40 mil asesinados y todos los demás que traen el corazón roto. Y finalmente el culpable es el rey, el poder ejecutivo, Felipe Calderón quien ha permitido que tales cosas sucedieran. Ni siquiera imaginó que enfrentar al narco en un país de donde las instituciones y los poderes, de todos los niveles, están corrompidos era llevarnos a una guerra de impunidades donde los únicos perdedores éramos la población. Culpable cuando no supo que agentes norteamericanos trabajaban en México hasta que uno fue asesinado, cuando nada sabe del contrabando de armas que ingresa por la frontera norte, o cuando no sabe porque la PGR detuvo a Hank Rhon, hombre de largo historial, por acopio de armas de fuego exclusivo de las Fuerzas Armadas. Según algunas tradiciones filosóficas Felipe Calderón, el presidente, es el culpable, No en balde afirmó con arrogancia: “Tenemos la ley, la fuerza y la razón”.

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