“Como un niño haitiano en las calles de Santo Domingo”

el


Por Gahston Saint-Fleur
I

Sangra la Tierra y nadie llora
La degüellan como un ovejuno en el matadero
Mezclada con el sudor de los verdugos
Y el rojinegro del hombre
Cuela y cuela… la sangre
Manchando a almas y corazones.
Del Norte al Sur
Del Este al Oeste
Se expanden víctimas y verdugos
Pronto seremos jodidos todos.
Crece el hombre
Y se reduce su humanidad
La tierra se queda huérfana
Abandonada a su suerte
Como un niño haitiano en las calles de Santo Domingo.

II

Ya no tenemos una iglesia que, beata,
Nos pueda ilusionar con el más allá.
El Estado está en mal estado.
El Mercado, ciego y desalmado,
Aun sin ser garante de nadie ni de nada,
Nuestro único guía y fuente de inspiración.
Los apellidos están desautorizados
Cada quien enfrenta con su nombre
Los retos de salir del marasmo
Y permanecer a flote.
El hombre se reduce a su pésima condición:
SOLO.

III

Late el corazón
Se hinchan los pulmones
La gente come y bebe dándose placeres
Y la esperanza cada vez más se aleja
Como el sol en el atardecer.
Ya nadie tiene visiones.
Vivimos en un mundo de gente sin apellido.
Un mundo circular
Donde izquierda, derecha
Frontal o trasera
Todos se turnan según la posición.
Y los del centro apretaron los dientes
Mordieron su pulgar los mayores
Pero ya el campanero tocó
Listo o no, el entierro va
Cada quien con su cadáver a cuestas
Y la tierra, lastimada y en lágrimas
Se abre para recibir lo que entregó con tanto gusto
¡Adiós a la vida!
¡Adiós hombre!

IV

¿Quién escuchó mi opinión respecto a nuestra venida aquí?
¿Quién me preguntó si crecer en hombre quise o no?
Quién está, está por imposición.

El medio es “schola prima”.
Para crecer como ellos,
Ser lo que son, aunque en algo me han permitido distinguirme,
Me pusieron en un medio lleno de extraños seres
Que después me enseñaron que eran hombres;
Bien que más tarde, pude cerciorarme de que,
Esta denominación corresponde a una expresión potencial.

Y cuando empezaron a dejarme expresar mi voluntad
Comenzando yo con morder los senos de mi madre
A llorar para que me atendiera sólo a mi
Dejando todo lo demás, incluso a lo que me fuera útil,
Y todas las demás expresiones posteriores de esta índole,
Tan sólo expresaba una voluntad terciaria
La cual de hecho no era mía
Estando contemplada ya en la de otros que actúe yo así
Al perder las dos expresiones de voluntad anteriores
Perdí también el sentido de la expresión de la voluntad propia
Sabiendo que “nadie puede estar libre dentro de un círculo cerrado”.

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