Sergio Ramírez escribe “La fugitiva”

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Por Eugenia Toledo

 La última novela La fugitiva (Editorial Alfaguara, 2011, 310 pp.) del nicaragüense Sergio Ramírez es muy buena, aunque sigue la copiosa corriente de biografías o memorias de mujeres artistas, en especial algunas que vivieron en el siglo XX. Los escritores están lanzando al mercado literario obras de vidas femeninas tan entretenidas e interesantes como Leonora sobre Leonora Carrington, compuesta por la gran escritora mexicana Elena Poniatowska y publicada también este año 2011. Esta obra no es pura novela, sino una biografía novelada apasionante y exquisita en detalles jugosos que ganó por ello un premio enjundioso. Está de más repetir que Leonora Carrington falleció hace poco en México, una coincidencia inusual además.

Sergio Ramírez, en cambio, elige distanciarse de su personaje por razones personales de sobreprotección, escribiendo las penurias de una escritora de los años 50 llamada Amanda Solano, sobreentendida como una novela sobre la costarricense

Yolanda Oreamuno Unger (1916-1956), de quien se conoce, tengo entendido, sólo una novela porque ella cometió el error de entregarle sus manuscritos a individuos inescrupulosos que nunca se los devolvieron (ver p. 214 de la novela).

Ana Cristina Rossi ha indicado acertadamente que el personaje de Amanda Solano queda en la obra como víctima indefensa o autodestructiva y como causante de sus propias desgracias, pocas atinadas acciones y afición por el elemento masculino. En la novela no se oye a Amanda, no se conocen sus propios pensamientos o el grado de su inteligencia. Desde este punto de vista la obra desazona. Es muy triste y pesimista. Es un texto fragmentario que deja constancia de una belleza física y un genio desafiantes.

En la Internet se puede encontrar la vida de esta escritora e incluso un estudio literario sobre ella y sus opiniones intelectuales y/o políticas. Tuvo efectivamente una vida muy penosa, casi truculenta. Sergio Ramírez usa la estrategia de dividir el texto en tres partes que tratan del mismo personaje. Son entrevistas a tres amigas de la protagonista quienes junto a sus propias experiencias cuentan las cuitas de su admirada Amanda.

Amanda se opuso tempranamente, casi en forma visceral, a una sociedad machista y patriarcal no sólo en su país Costa Rica, pero en Centroamérica y México en general. En aquella época el hecho de que la mujer eligiera su destino y sus relaciones era impensable. Más aún que Amanda reclamara su “cuarto propio” para escribir, cuando el hecho de que las mujeres se expresaran era considerado un pecado mortal en esos tiempos. Fue una chica que enfrentó el mundo sola, de un Colegio de Señoritas alcanzó a participar en la literatura, el partido político y a enredarse con hombres que no cumplieron su compromiso con ella.

Por ejemplo, Amanda Solano se casó con un chileno de la llamada clase alta. Después de entrar a trabajar en la legación chilena por una semana, el ministro de la legación llamado Jorge Calvo Ward le propuso matrimonio. El evento fue improvisado. Ella se había arreglado un vestido para la ceremonia que pertenecía a una amiga, Calvo Ward ofreció un cóctel en la Embajada. Todo echo a la rápida hasta que ella y Jorge, enfermo de gonorrea y otros males como neurastenia aguda, terminan en Chile. Las cosas van de mal en peor hasta que Jorge se pega un tiro en la cabeza en el Cementerio General arrodillado frente a la tumba de sus padres, en el mausoleo familiar. En octubre del mismo 1936 Amanda está de vuelta en San José, viuda y fregada sifilítica y con una afección al corazón. Tiene entonces 20 años de edad. El siguiente marido que encuentra, entre muchos amantes, es Horacio Zamora Moss, hijo de un exiliado de Nicaragua, hombre duro y ambicioso metido en el PC que se transformó en esos tiempos bananeros políticamente en un héroe. Amanda no le puso resistencia. En 1937 se casan y tienen un hijo en 1941 llamado Claudio. Ella adoraba a su hijo. El matrimonio termina muy agriamente y Amanda en estas lides matrimoniales llega hasta perder a su hijo para siempre. La vida era un peso. Amanda se va a México destruida y fallece allá después de muchas peripecias para recuperar a su hijo, mantener amores y escribir. Muere en 1956. Sus amistades hicieron una colecta para enterrarla y comprar el terraje. Una compañera de colegio recupera su cuerpo y lo trae de retorno a su país, Costa Rica. En México era número en el cementerio y en su país fue otro. (P.18).

Como dije, las tres amigas que entrevista al autor son Gloria, la primera voz, mujer de la clase alta de Costa Rica. Marina es la segunda, una mujer acomplejada físicamente por su fealdad que da un recuento interesante de Amanda, resume la vida intelectual y política de la escritora. La tercera voz es marginal, tal vez Chabela Vargas en la vida real, una cantante enamorada de Amanda, de comienzos muy humildes hasta llegar a ser famosa y muy apreciada en México. Tanto el lenguaje como los puntos de vista y las descripciones son en esta tercera parte muy diferentes a las dos anteriores.

Pareciera que la verdadera historia de esta novela es el símbolo de Centroamérica. Amanda Solano publica su única novela en Guatemala. En suma, ella es la fugitiva realidad de Latinoamérica. Amanda Solano no es “Doña Bárbara” sino un a escritora que en la violencia del siglo XX tuvo que inventarse a sí misma, pero al hacerlo,

se va equivocando rotundamente. Heroína con mancha, abusada por su padrastro, castigada, sufre todo tipo de represiones, perseguida y de muy mala fortuna.

Hoy que hasta las formas de leer han cambiado, la real protagonista de la novela de Sergio Ramírez –Yolanda Oreamuno Unger—tiene una escultura en los Jardines del Teatro Nacional de San José. Por fin algo de reconocimiento directo.

 

Seattle, Wa, Julio 2011

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Orlando Cid B. dice:

    GRACIAS EUGENIA UN RESUMEN GENIAL
    ORLANDO

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