400 Elefantes y la Embajada de México presentan De las cosas que vienen de la nada y otras inmediateces de Zyanya Mariana

En la presentación de su libro Zynaya Mariana junto al Embajador de México en Nicaragua, Raúl López Lira Nava Fotos/ArnulfoAgüero.

Zyanya Mariana y los diálogos cotidianos

Por Marta Leonor González

Zyanya Mariana aparece con su primer poemario De las cosas que vienen de la nada y otras inmediateces como un aljibe donde bebemos y tranquilizamos la sed, igual es el encuentro por donde fluye el agua subterránea, esa oculta que vemos emanar en los días aciagos, pero que sólo la poesía es capaz de mostrar.

Marta Leonor González habla del poemario y alude a la portada diseñada por el editor de 400 Elefantes Juan Sobalvarro. Fotos/ArnulfoAgüero.

Al iniciar el libro la poeta se presenta y advierte a manera de epígrafe con un verso revelador cual es la constante a lo largo de su libro: “¿Dónde estoy entre mi hija y el mundo que aparece?”, es así como reitera su maternidad cuando se anuncia como esa mujer de días cotidianos, sin complejos, que enfoca sus horas hacia los pasos que la conducen a su hija, a las horas comunes y a la belleza que en ella habita: “Y me derrumba cada tambor pequeñito, cada dulce atragantado,/ cada biberón sucio”.

Sus poemas están cargados de ternura, en un intenso y profundo diálogo que la autora establece con su hija en intensa poesía.

También será este un canto familiar, un tono que se extiende a las relaciones íntimas de la familia, padre, madre, abuela, hermano. En este redondel, todo es como un jarrón que se ha roto y la poeta trata de juntar las piezas.

Como un soplo en dos direcciones Zyanya Mariana se descubre a través de una poesía familiar y una amorosa, posiblemente originada por el desasosiego que todo poeta encuentra en sus caminos y ante el cual busca respuestas en cada gesto, en cada palabra, en cada mirada o como dice la autora en este caso, en el “silabeo del mundo”.

Luego de presentarse como una mujer para la que no caben los convencionalismos y esquemas sociales: “Ni puta, ni voces, ni esposa/ ni siquiera mujer madurada en el tacto de un hombre”, además vive los detalles comunes o cotidianos, como “guardar en los cajones las tristezas empolvadas, los libro con flores y la envoltura del chocolate de ayer”.

Mientras al otro lado del mundo todo se visualiza diferente, con otra voz, su alter ego, representado en el binomio hija y madre, ese juego donde ambas hablan en un franco diálogo interminable. La hija pregunta:

“¿Mamá por qué son Dioses?”. La madre seducida por las respuestas le inventa un mundo, hija: “Dioses/ A veces son la Nada,/aparición fugitiva/ voluntad que se transforma”. Y continúa la madre: “Entonces hija Sólo entonces,/ somos dioses transformados”. Y ese juego termina con sorpresa cuando la niña al otro lado del espejo dice: “¿Y yo mamá?/ puedo convertirme en pájaro y volar…”.

Zyanya Mariana una mexicana que dice dividir su vida entre la escritura, la academia y la maternidad, deja estos versos como una forma de conjurar el miedo y amar, de transformar los sentimientos en reflexiones sobre el quehacer de la familia y el amor.

Pero este canto también evoca a los jóvenes enamorados cuando se besan. Su poema Los amantes construido con extraordinaria riqueza plástica evoca la clásica pintura de Gustav Klimt, El beso: “Los amantes están pegados/ Se miran, se juntan/ Sonríen porque son soberbias de dos cabezas,/ círculos con ocho extremidades/ que se buscan, que se tocan,/ y se quedan aletargados en espirales”. La poeta se encarga de recordarle a los amantes que los días terminan: “Rayos matutinos para

recordarles/ que no son nada/ que todas las noches terminan/ que todos los días acaban/ Un destello basta para quebrar todo su aliento”. Lo que Klimt no logra con su pintura por la imagen inamovible de los amantes, Zyanya Mariana lo logra en la poesía recordándoles a los amantes que los días

terminan y han de separarse.

Igual en sus otros poemas: Zejel para mi fortuna; Una tu piel, Culpable y Temporal de xoconostles habla sobre el principio y fin de las relaciones entre hombre y mujer y se descubre como una amante que quiere y sabe la hora de la entrega, frente al hombre que vacila en sus días, que

le teme al amor, a los días, a vivir, como lo dice en este verso: “Traigo sobre mí una tu piel de algodón/ Pertenece a un mi Rilke sin culpas y sin besos/ A un niño que ha olvidado darle a su madre la ropa sucia,/ a pesar de sus ruegos para lavarle los días/ y las noches de otras”.

Prolonga las metáforas en sus conversaciones poéticas, y compara los xoconostles, esa tuna agria que ha alimentado a los mexicanos por siglos, ese fruto espinoso agreste en el que también se reconoce la relación hombre y mujer o las mismas relaciones familiares. Tunas con espinas como

el amor donde ella deja muchas interrogantes y fuentes fluyendo, esos muchos aljibes que son sus poesías.

IMAGENES DE LA PRESENTACIÓN DE LAS COSAS QUE VIENEN DE LA NADA Y OTRAS INMEDIATECES.

La poesía fue convocada y así se presentó el primer libro de Zyanya Mariana entre su editora Marta Leonor González y Raúl López Lira Nava, Embajador de México en Nicaragua Fotos/ArnulfoAgüero.
Asistentes al recital de la poeta Zyanya Mariana y a la presentación de su libro. Fotos/ArnulfoAgüero.
Durante el evento la escritora habló con los asistentes en un período de preguntas y respuestas para conocer mejor su poesía. Fotos/ArnulfoAgüero.
La poesía esa noche convocó desde jóvenes entuciastas por la literatura hasta políticos, diputados y artistas en general. Fotos/ArnulfoAgüero.
Algunos escritores presentes el cineasta Rafael Vargarruiz y Ulises Juárez Polanco. Fotos/ArnulfoAgüero.
Algunos escritores presentes el cineasta Rafael Vargarruiz y Ulises Juárez Polanco. Fotos/ArnulfoAgüero.
El poeta Carlos Castro junto a Zyanya al momento de firmas libros. Fotos/ArnulfoAgüero.
Firmando sus libros en un emotivo momento. Fotos/ArnulfoAgüero.
Junto a Berman Bans celebran la parición de sus nuevo poemario.Fotos/ArnulfoAgüero.


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