En el atardecer del mundo desterrado, los poemas de Rafael Soler

Por Eugenia Toledo,Ph D

                                                                                 

porlacalle Patricia Mancilla Ordoñez
Por la calle, Patricia Mancilla Ordoñez.

Rafael Soler, nacido en Valencia, es ingeniero y sociólogo, además de que trabaja como profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Se revela como poeta  por primera vez en diciembre 1979 cuando quedó finalista del premio Adonais con el libro “Los sitios interiores (sonata urgente)”. En abril del 2009 publica en Ediciones Vitruvio un poemario llamado sugestivamente Maneras de volver, y este año 2011 reaparece, publicado por la misma editorial, con otro libro llamado Las cartas que debía. De este texto último me voy a ocupar en esta reseña haciendo referencias también a su segunda publicación. Hablar de libros de poesía nunca es fácil, pero hay un tremendo placer y un desafío para los esquemas mentales personales en la tarea.

            Rafael Soler vuelve al mundo literario como poeta después de 20 años y de haber incursionado antes con renombre el género novelístico. Desde este punto de vista es un caso interesante. Ha dicho que la literatura es trabajo de la soledad y que la poesía es deslumbramiento que él sólo puede plasmar “cuando me encuentro en ese estado interior que la impulsa”. Comprenderemos su visión del mundo a través de estos poemas y su necesidad de contemplar desde la distancia que él mismo se impone, que su retiro no fue en vano, sino una consecuencia necesaria de planteamientos vitales, a los que llega tras un lento proceso de maduración y meditación.

            No es que Soler se alejara del mundo a un cuarto propio, ni que se aislara, sino al contrario, con un lenguaje nuevo y diferente vuelve a presentar mundos en que todos tenemos arte y parte. Mijail Bajtin expresa que la respuesta del artista no es olvidar la situación en que se encuentra inmersa la producción artística. La poesía es más que una producción personal, es una lucha contra el olvido, una pura emoción. Así Rafael Soler, teórico conciente del mundo en que vive, refleja en sus poemas, con una voz viva, emociones y experiencias que todos de alguna manera vivimos. Su posición es pausada, no combativa; analítica, no narrativa. Su poesía es de la experiencia, como él mismo lo ha expresado: “Nuestra vida no cabe en una vida, llevamos los bolsillos llenos de ocasiones perdidas”.

            Quizá la falta de fe en el progreso histórico y la crisis evidente de las utopías hacen que poetas como Rafael Soler tomen en su quehacer poético una escritura corpórea, delirante, a veces minimalista, libre, sin puntos ni comas, con emociones muy esbozadas en una sintaxis de lenguaje que mezcla el habla común con metáforas entreveradas: Cosechador de enigmas prevalezco / como antes hiciera con una mala racha                     y las cartas de mi padre (“Disueltamente entero”).

                        Lugar sin luz escaso / bajo un cielo de piedra me acomodan / a la espera

                        de caricias con su aplauso (“Callado el corazón, ausente mi garganta”).

            El lector es conducido por estos poemas en un flujo continuo de vivencias. Los poemas son como entregas puntuales, como episodios de algo que no se capta totalmente, pero que se atisba o se comprende, para dar un ejemplo, tenemos los poemas de la sección <Al paciente de la 101, que nunca visité>. Es interesante que su libro Las cartas que debía esté dividido en 14 secciones o cartas-ejes con subtítulos poéticos que de alguna forma, desde mi punto de vista, nos preparan para lo que vamos a leer. Luego los 76  poemas que componen las cartas se desarrollan alrededor de temáticas recurrentes, pero siempre nuevas, como la muerte, la locura, la vida diaria o rutina, la enfermedad, el amor, la mujer, etc. mediados por su estilo que conjuga lo real, lo imaginario y lo emotivo. De todo esto deduzco que el tema principal que empuja a Soler es la vulnerabilidad inevitable del ser humano: no vuelves madre ahora nunca / no (del poema “Tú”) o: en plenitud porfía / luciendo con orgullo cada herida / pues siempre vivir te costará la vida. (De “Cuando tu única certeza es el insomnio”).

            Un cierto tono pedagógico y lenguaje bíblico es un concepto inserto en algunos poemas del segundo libro y mucho más en Maneras de volver. Este tipo de  poemas tiene resonancias de toda una tradición de enseñanza y de exponer formas  poéticas <políticamente correctas> de comportarnos en este mundo difícil, tomemos como el ejemplo los poemas “Evocación de cuantos lucen una soga”; “No te acompaña nadie en este viaje”; “Fundación de la hoguera”;  (de Las cartas que debía) y “En busca y captura desde antaño” (de Maneras de volver).

            Hay que dar vuelta el tablero, parece decir el poeta, para comprender el dolor, crecer, hacer las cosas en forma diferente. No se trata de una imposición de maneras de pensar que se quiere lograr a través de la palabra, sino de una búsqueda, de una secuencia de intentos de hacer lo mejor:

                                   ”Haz lo correcto

                                   aunque sea alto el precio y cruel su veredicto”

                        (“No te acompaña nadie en este viaje” en Las cartas que debía).

            Lo que sucede es que Soler se arriesga en su escritura. Crea una tensión de la que surge una perspectiva, una visión diferente. Invita a leer temas que nos son conocidos, pero que al mismo tiempo son escamoteados en sus versos. Quisiera decir que cruza el espejo y se queda mirando desde el otro lado esos estados humanos que son la enfermedad, la vejez, la locura, la muerte de todo hombre. Por ello encuentro en sus poemas la presencia del cuerpo humano como elemento percibido y muy calcado, me pregunto qué busca cuando hace referencia a partes del cuerpo humano; quizá es su manera de acercarse a la vulnerabilidad de la condición humana, la rotunda vejez y la muerte. Incluso el futuro parece estar teñido inevitablemente con la presencia de la muerte, presencia que en cierta medida relativiza todos los acontecimientos vividos. Quizá insinúa la propia vulnerabilidad, por ejemplo, me parece curioso que el “asma” aparezca mencionado algunas veces en estos poemas. Quién sabe, a lo mejor Soler se arriesga a usar rasgos biográficos propios o de su familia como estrategia, no lo sé. Pero sé que el cuerpo concreto manifiesta experiencias –como la experiencia del dolor—como un mecanismo de poesía en alerta. (“Inventario” es un hermoso poema biográfico en Maneras de volver).

            En esta presentación del hombre cotidiano y a veces antiheroico de los personajes poéticos  evoluciona y recrea seres con nombres sin importancia, cuya precaria existencia se ve amenazada por constantes peligros. La voz que habla en algunos poemas resulta ser, por ejemplo, caballero-centauro con espada de fiel “pellejo” y caballero armado ( poema “En este atardecer de plata y frío”), un “esperpento” a lo Valle-Inclán (poema: “Luna de abril para volver a casa”) o una “piltrafa” (poema: “Del cuello a los tacones todo es fruta”), etc. Lejos de ser poesía egocentrista o social o liviana, esta manera de escribir revela una profundidad intelectual y emocional, que –sin apuntar el poeta con el dedo a su público- expresa a viva voz un sentir que va de lo desencantado o defraudado hasta lo doloroso, pero un sentir que ama profundamente esta vida y hasta la muerte como algo cotidiano e inevitable y que aunque este es un mundo desterrado de si mismo, él volvería:

                                   Saluda escucha templa el ceño

                                    desenfunda cuidadoso los abrazos

                                    has llegado

                                    donde quiera que sea ya has llegado

(Del poema“Maneras de volver” que es el último del libro Las cartas que debía).

            Desde estos planteamientos los poemas se convierten en un balance y una valoración de lo vivido, que no resta importancia a los detalles triviales que van junto a lo importante y esencial. Así es, en este poeta talentoso y que trabaja cuidadosamente sus poemas, todo es válido, pues exteriorizando la materialidad del ser humano, logra describir las formas en que somos conformados, los sistemas vivos en plena construcción y deconstrucción en el siglo XXI, es decir, seres frágiles, vulnerables y muy sensibles.

            Vuelvo, finalmente, al placer que producen los buenos libros como es en este caso, libros que me han dado mucho que re(pensar) y re(leer). El tiempo no pasa en vano y la poesía se renueva, nos llega sólida y vitalista. Algo evidente en autores como Rafael Soler.

Seattle, Washington, 2011

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Garcias Eugenia por la justicia que le haces al magnífico Rafael Soler. Un abrazo a ambos.

  2. patri dice:

    hola!! me ha encantado la página! soy la autora del dibujo, y me encanta que lo hayan elegido para acompañar a Rafael Soler!! si quieren ver mas pueden visitar mi blog: http://trinidadmancillada.blogspot.com.es

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