Mundo paralelo

HERMIN ABRAMOVITCH

Por Ricardo Granda

El general Marco Dercroix se mostraba incrédulo. No aceptaba la derrota, más aun si lo que estaba en juego era la extinción de nuestra especie. Los esfuerzos de las tropas alineadas en París, el último bastión humano que se resistía a la vorágine de las máquinas, tenía en su haber demasiadas pérdidas. Aunque era la irremediable falta de fe, perdida entre muertos y medianoche, lo que convertía al ejército de la liberación en poco más que un alma en pena.

El último esfuerzo realizado por el general había sido un completo fracaso. Dirigió la última plaga de soldados invisibles, que a modo de virus informáticos se infiltraron en el corazón de Tremor. No llegaron a infectar al monstruo, ya que los centinelas de la red se encargaron de aniquilarlos cuando estaban a las puertas del potente ordenador del Pentágono. La perdida de esta última flota, que sostenía de un solo pie las esperanzas del general y la humanidad, provocaron más de una lágrima entre los refugiados y hasta el soldado más recio, el general, se enjuagó los ojos al enterarse de la desgracia.

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