Puerta

el

Por Vilma Tapia

En ti se inicia cada acto
alta, firme
eres señal de la memoria.

Tu densidad se hace
(lo mismo que la sangre)
de voces que se confunden.
Eres una boca grande
que devora
las muecas del alma.
Infatigable, das el pecho por nosotros
a la impiedad.

Desde la cima de la Montaña

Desde la cima de la Montaña descubro el mundo.
La música de una gaita recorta el horizonte
y mis ojos reverentes siguen su filo preciso.

Extiendo mis brazos
la cebada y mis ropas son mecidas
por el viento que me crucifica
¿Habrá mayor contento?
El sol arrodillado en la Montaña
dice su última oración conmigo.

La voz de la Montaña envuelve
en su propio juego a los niños.
Gobierna los sueños.
Conduce largos rebaños de ovejas
hacia escondidos valles de trébol
y pequeñas flores rojizas.

La Montaña derrama una densa neblina
detrás de ella se confunden
inviernos con inviernos
veranos con veranos
nombres, visiones
puentes, caminos. Orillas.

Al pie de la Montaña yo alimento a la vida
soy mis manos y otras manos.
Soy la tierra.
Memoria de la memoria.
Liberada de la pena
en un cuévano voy reuniendo las uvas.

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