Recordando a Roque Dalton

Ernesto Cardenal

Hay una foto de cuando mi primera visita a Cuba, en la que estoy con Roque Dalton en la playa de Varadero, los dos en traje de baño, y los dos estamos tan flacos que parecemos dos insectos, y los dos nos estamos riendo. Uno no podía estar con Roque sin estar riendo.

Una vez me dijo en Cuba muy serio pero siempre riendo: “Cuando te oigo hablar de los obispos de Nicaragua me parece que estás hablando de los dirigentes del Partido Comunista de mi país, que son unos cabrones. Pero por eso mismo yo no salgo de mi Partido, porque hay que componerlo desde dentro y no dejárselo a los cabrones”.

También me dijo en otra ocasión: “Los Partidos Comunistas de América Latina son lo más corrompido que te podés imaginar. Te hablo con conocimiento de causa porque soy miembro militante del Partido Comunista de El Salvador. Pero yo entré porque creo que las personas decentes deben entrar a estos partidos y no dejarlos sólo a los cabrones”.

Roque Dalton, que estudiaba en un colegio católico, a los 17 años se hizo ateo y entró al Partido Comunista. He relatado en mis Memorias que él nos contaba que lo pusieron a recaudar fondos, y algunas veces en el fin de semana se bebía esos fondos. Le hicieron un juicio, y lo iban a expulsar, y entonces él recurrió a la autocrítica. Le era fácil porque en el colegio jesuita había estado acostumbrado a la confesión. Hizo una confesión muy humilde y todos los camaradas lo elogiaron, menos un comunista viejo, un sastre, que dijo que él no se dejaba engañar, que esa autocrítica había sido para recibir elogios como los estaba teniendo, y que lo que hizo lo volvería a hacer. Y Roque reconocía que el viejo había tenido razón.

También en Cuba nos contaba Roque a Cintio Vitier, a Fina su esposa y a mí, que cuando estuvo preso en El Salvador, como se negaba a hablar lo iban a fusilar al día siguiente. Lo que más le aterraba no era la muerte sino lo que le dijeron que iban a decir: que antes de morir él había delatado a los compañeros. Ciertas cosas que ellos ya sabían iban a decir que las sabían por él. Desesperado se arrodilló en la cama de la celda, y oró a Dios diciéndole que era ateo y no podía creer en él, pero que hiciera un milagro. Y nos dice: “La suerte loca hace que esa noche haya un terremoto y se cae la cárcel y yo me escapo”. Le dice Fina: “Nosotros le damos otro nombre”. Desde entonces cuando conversábamos con Roque y aludíamos a Dios decíamos “La Suerte Loca”. Y nos reíamos y él también se reía.

Hablando del humor se me hace fácil hablar de su poesía, que está llena de humor. Humor o sátira, caricatura, parodia o broma. Podemos decir que es una poesía humorista. Y a veces también cómica.

Como cuando dice por ejemplo:

Por expatriado yo

tú eres expatria

O cuando defendiendo a Cuba le espeta a cierta persona:

Lo que verdaderamente falta en Cuba

eres tú.

O estás otras líneas por ejemplo:

Yo acuso a la propiedad privada

por privarnos de todo.

O la referencia que hace de aquel presidente de su país, el General Martínez, el de la gran masacre:

Dicen que fue un buen Presidente

porque repartió casas baratas

a los salvadoreños que quedaron.

También suele hacer bromas y burlas acerca de él mismo. Tenemos por ejemplo aquel poema titulado NO, NO SIEMPRE FUI TAN FEO, que comienza:

Lo que pasa es que tengo una fractura en la nariz

que me causó el tico Lizano con un ladrillo

porque yo decía que evidentemente era penalti

y él que no y que no y que no

nunca en mi vida le volveré a dar la espalda a un futbolista tico

el padre Achaerandio por poco se muere del susto

ya que al final había más sangre que en un altar azteca

y luego fue Quique Soler que me dio en el ojo derecho…

Hablando jocosamente de su país decía que había que dar premios de resistencia por ser salvadoreños. Y también dice:

Todo es posible en un país como éste

que, entre otras cosas tiene el nombre más risible del mundo:

cualquiera diría que se trata de un hospital

o de un remolcador.

Pero amó mucho a su país. Le llama

el papaíto país

También trata a su patria como novia, y le dice en lenguaje muy coloquial:

mamá que parás el pelo

Siendo aún bastante joven, en El Salvador, fue acusado de estar confundiendo la poesía y la política (seguramente por personas que adversaban tanto su poesía como su política), pero no es que las confundiera sino que en realidad él hacía una poesía política. Es una auténtica poesía, aunque frecuentemente con temas políticos. Y una poesía novedosa. Con un sello propio.

El cubano Fernando Martínez ha escrito: “No sólo es un gran poeta que fue revolucionario, sino también fue un revolucionario que afortunadamente fue un gran poeta”.

Ciertamente que lo primero que él fue, fue poeta. Lo dice él mismo: “Yo llegué a la revolución por la poesía”. Yo diría que la poesía lo llevó a ser profundamente humano, o sea revolucionario.

También una importante característica de la poesía de Roque Dalton es la cotidianeidad. Es un gran poeta de lo cotidiano. Es por su condición de revolucionario que él se mantiene ubicado en la vida ordinaria, y en la realidad cotidiana.

A la poesía nueva de él le dice muy acertadamente en un poema:

contigo es posible decirlo todo!

Y en un epigrama a la poesía le dice:

Poesía

perdóname por haberte ayudado a comprender

que no estás hecha sólo de palabras.

Dice tajantemente en otra parte:

El poeta es una conducta moral

Su poesía no fue hecha sólo de palabras, sino de actos vinculados a esas palabras. Esto lo llevó a la revolución y la revolución lo llevó a la poesía revolucionaria.

Su poesía es también osada como lo fueron sus actos. Se necesita valor para escribir una poesía como ésta:

LA PATRIA

En las actuales condiciones del mundo,

la patria para los trabajadores

sólo existe en aquellos países

donde los trabajadores conquistaron el poder.

Los trabajadores soviéticos tienen patria,

y los chinos,

y los polacos,

y los vietnamitas

y los cubanos.

En las sociedades divididas en clases

(o sea en el llamado “mundo libre”),

en los países donde hay pobres y ricos

(o sea en el llamado “occidente cristiano”),

la patria es para los explotadores

el lugar donde ejercen principalmente su explotación

(o sea, donde tienen “el asiento principal de sus negocios”)

y para los explotados

el lugar donde los explotan.

El haberse atrevido a escribir así es, en parte, lo que hace a su poesía novedosa. Ahora Roque Dalton es un nombre célebre en su país y fuera de él. Pero a mí se me hace que entre los que lo aclaman habrá muchos a los que en el fondo no les gustará su poesía. Porque la poesía que a muchos les gusta, que está de moda entre muchos y especialmente entre los jóvenes, es una poesía arbitraria, incoherente y de disparate. Una poesía incomprensible, sin ningún sentido racional.

Es un tipo de poesía que usa palabras como “latido”, “ceniza”, “sangre”, pero en una forma abstracta, con un sentido simbólico, no un sentido real. Latido no es el que se siente en la sien con una jaqueca, sino que podría ser un “latido astral”. La ceniza no es la que está en un cenicero, sino que sería una “ceniza sonámbula”. Sangre no la de un apuñaleado, sino que se hablaría por ejemplo de un “bosque de sangre”. Es una sangre platónica.

A los que les gusta este tipo de poesía, que es la difundida especialmente por Octavio Paz, no les puede gustar la poesía de sentido plano, preciso, de la vida ordinaria, de Roque Dalton, que es una poesía contraria. Lo mismo se podría decir con respecto a Leonel Rugama. También es un gran poeta nacional en Nicaragua, como en su país es Roque Dalton. Hay muchos que de palabra le rinden homenaje pero estoy seguro que en el fondo tampoco les gusta porque es también una poesía contraria. Ambos poetas usan la poesía para comunicar, que es para lo que está hecho el lenguaje. El lenguaje de esta poesía es el de todos los días, como cuando el mesero nos lleva un plato diciendo: “No lo toque porque se quema”.

Roque había dicho que había que dar premios de resistencia por ser salvadoreño. En verdad nadie es más merecedor de ese premio que él, el poeta más salvadoreño, y el más universal de los poetas de su país.

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