De las raíces de Carlos Fuentes, sus padres y los inicios de su carrera en las letras

CARMEN SANTANA

Un extraordinario escritor con una prolífica ascendencia. La familia paterna de Carlos Fuentes tenía, entre otros ancestros, raíces canarias producto de la inmigración que llegó a muchos lugares de Hispanoamérica a lo largo del siglo XIX.

El catedrático de Filología Española de la Universidad de La Laguna Juan Manuel García Ramos recordó ayer esos lazos. “Su tío Anatolio Fuentes era un general de La Laguna. Y él era conocedor de su historia”.

Aunque el escritor había nacido en Panamá, Fuentes sentía a la ciudad mexicana de Veracruz como su tierra de origen.

Carlos Fuentes con Carlos Monsivais.

Allí se habían establecido sus abuelos en el siglo XIX, él canario y ella alemana. Cuenta el periodista Fernando Orgambides, que compartió ocasionalmente mesa con el escritor en 2010, que cada vez que Fuentes acudía al Gran Café de la Parroquia, en el puerto de Veracruz, el Premio Cervantes se sentía como en casa.

Las estancias en ese local le ayudaban a “bucear en sus recuerdos de infancia” porque rememoraba cómo acudía a él su abuelo con novelas de época, “que leía plácidamente tras repasar los periódicos del día”.

Además de origen canario, la familia de Fuentes también descendía de inmigrantes llegados de Santander y de Alemania.

Todos se asentaron en México durante la década de 1860. Por sus venas corría también sangre de indígenas yaquis del estado mexicano de Sonora, según cuentan las biografías del autor fallecido ayer.

Los amigos sonrientes, Fuentes y Julio Cortázar.

Junto a los lazos de sangre con Canarias, Carlos Fuentes también dejó constancia en su obra y su trayectoria vital esa especial relación con el Archipiélago, que visitó en varias ocasiones.

El catedrático García Ramos recuerda, en este sentido, la estancia de Fuentes a principios de la década de los noventa del pasado siglo, cuando él ejercía como consejero de Educación autonómico. “Le invité a que participara en un ciclo sobre los escritores ante el fin de siglo. Y visitó el Archipiélago. Fue la primera vez que lo conocí”.

Para el catedrático de La Laguna, y también escritor, la desaparición de Carlos Fuentes de forma tan repentina “asombra” porque el autor de La muerte de Artemio Cruz seguía dando muestras de su brillante capacidad intelectual y su inagotable producción literaria. No en vano hace pocos días se dejó fotografiar y entrevistar con ocasión de su visita a la Feria del Libro de Buenos Aires (Argentina).

Con el maestro Gabriel García Márquez

“Tenía una agudeza descomunal, para escribir y para captar la realidad. Sin duda, es uno de los escritores más sobresalientes del siglo XX y el siglo XXI”, a su juicio.

Los admiradores de la obra de Fuentes reflexionan ahora, ante el episodio de su muerte, sobre la agridulce sensación de que se le hurtara el Premio Nobel, pese a sus incuestionables virtudes para haber logrado el galardón. “Da mucha pena que no se lo hayan dado”, en opinión de García Ramos. “Se lo merecía antes, incluso, que Vargas Llosa porque había empezado a escribir también antes” que el peruano, de menor edad.

Además de la de Artemio Cruz, el catedrático de La Laguna cita otra dos obras cumbres que ha aportado Carlos Fuentes al periodo del boom de la narrativa hispanoamericana: La región más transparente, “una novela muy experimental”, y Los años de Laura Díaz, uno de cuyos capítulos se desarrolla en la isla de Lanzarote. Fuentes ha sido “un intelectual comprometido, sin tacha, con un dominio del lenguaje exquisito”.

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