SEMILLA DE NO SÉ QUÉ

Por Esthela Calderón

Un día huracanado de noviembre
fui lanzada al vacío.
Atrás quedó lo que pudo ser mi casa.
Volé empujada por la furia
y la furia misma se volvió mi hermana.
Alcancé las alturas donde agoniza el viento
y la agonía misma también quiso ser mi hermana.
Yo iba y regresaba
me burlaba de un remolino por aquí
me aprendía un silbidito por allá
me acostumbré bastante pronto
a las cadenas del aire.
Gratis era respirar profundo
y admirar la imperturbable majestad de los ríos
que descifran la conciencia de las piedras.
Sentí el vértigo de una montaña de Abetos
con la sinfonía de los coyotes
que aullaban en el laberinto de sus troncos.
Aterricé en una alfombra de negros tulipanes.
Semilla de no sé qué creo llamarme,
hermana de la furia y la agonía.

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