chaleco salvavidas debajo de su asiento

el
Robert Barderena de la Rocha

Por Gema Santamaria

a mí no hay nada que me salve de este llanto y este vértigo. de esta voluntad de comerme las horas para sacarte esa rabia cocida con hilos negros. ya ves, mi mala costumbre de abrir corazones con la lengua enredada, con las manos hambrientas. mi afán de no hablar, de sólo intuir, de pensar que basta un silencio cortando los labios para ser transparentes. una advertencia bastante anunciada: ese diablo en tu pecho no es apto para turistas. no es un lugar que se deja, que se bebe en la esquina, que se olvide en la playa, en el cuarto de hotel o en las sábanas limpias. porque uno corre el riesgo de anclarse, de marcharse sin ojos y ser uno más de los que dicen amar encerrados en casas. a mí no hay nada que me salve. me sé muy bien esta historia de náufragos. no necesito instrucciones ni salvavidas.

Robert Barberena de la Rocha

landing

se hace necesario volver. volver de vez en cuando sobre una misma. escuchar la saliva untándose en los labios, el tronar de su paso en los dientes, su desliz delicado bajo la lengua hasta que atraviesa la garganta y rompe el desierto.

es necesario callar. salir de este cuerpo de títere, romper sus amarras y lanzarse al naufragio. hundirse en la profunda claridad que se teje al final de nuestra cueva interna y observar. ser testigo del propio abismo.
Nicaragüense
se hace necesario volver. para revivir la tristeza y escuchar su paso aletargado detrás de las puertas de los cuartos apagados. abrir el oído hasta que la angustia del trueno se deshaga y deje pasar los sonidos enanos de la calma.

es necesario mirar. ver cómo transcurren las sombras bajo el capricho de la luz para entender que no hay voluntad que no dependa de la luz de otra. ver la sangre herida, envejeciendo en cicatrices anecdóticas, doblando al propio cuerpo, hasta quedar vencida por el tiempo.

pero sobre todas las cosas, es necesario volver a ti, para que no se mueran las ansias, para no perder la poesía escurridiza en la engañosa rutina del día, en esta vida ordinaria, en esta calculada trampa.

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