La onda de José Agustín

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Por Gabriela Alejandra Gómez García

José Agustín es un parteaguas en la literatura mexicana: a mediados de los años sesenta inició una nueva forma de literatura, una manera innovadora de representar y expresar el pensamiento de una juventud ansiosa por sentirse identificada y perteneciente a un grupo, a una onda. Este esfuerzo dio como resultado lo que hasta nuestros días es reconocido y admirado como el movimiento literario “de la onda”, o literatura de la onda.

José Agustín no sólo se distingue por ser el fundador de esta corriente, también se caracteriza por su manera fresca, irónica y desenfadada de escribir. Un claro ejemplo de esta literatura desenfrenada e inventiva es Se está haciendo tarde (final en laguna), escrito a principios de los años setenta, en el cual en comparación con sus obras anteriores, se ve con mayor claridad su deseo de erradicar todo rastro de tradicionalismo.
Lo anterior se demuestra en el lenguaje de este texto, en el cual se presentan casi todas las técnicas y estilos tipográficos característicos de este movimiento, como el uso de cursivas para poner énfasis fonético, indicar burla o ironía: “Palabra de honor que no” (Agustín, 1973: 67); la aparición del albur: “Oyes, ¿tú eres francés?, preguntó Rafael. / Soy belga. Quiero decir, de Bélgica. / Te gusta la ¿qué?, dijo Francine” (Agustín, 1973: 59); la introducción de neologismos a partir de una lengua extranjera y del español, en este caso, la novela muestra combinaciones con el inglés y el francés: “¡No mametion!” (Agustín, 1973: 70); el uso de tipografía invertida: “Con Virgilio, al revés (Oiligriv)” (Agustín, 1973: 17); la asimilación o elisión de vocales: “conocería a sus amigas, están buenísimas y cogen como ninfomaniacas biencomidas” (Agustín, 1973: 10); la adaptación ortográfica que representa de manera más cercana su pronunciación: “Ahora todos estos muchachitos se creen los astros de Jóligud y me quieren cobrar un dineral” (Agustín, 1973: 141); el aglutinamiento arbitrario, cuando aparece una secuencia de palabras como unidad de un grupo fónico: “señoras-de-clase-media-muy-maquilladas” (Agustín, 1973: 10).
Uno de los cambios tipográficos que sobresale en esta novela consiste en la permuta del uso de las barras oblicuas por las verticales, las cuales indican la interrupción del hablante en turno: “Uno de los cuates, bien pastel, traía el I ching, ¿no?, y que lo tiráramos para qué patín |Y lo tiraron a la basura|” (Agustín, 1973: 83). No obstante, el aspecto más innovador y radica en el uso de la línea horizontal continua y los espacios pintados de negro que sustituyen a los puntos suspensivos o significan un silencio: “Todos se mostraron muy dispuestos, pero Rafael fue sacudido como después fuera sacudido en el charger a toda velocidad” (Agustín, 1973: 2101). Este empleo de oblicuas verticales no sólo se ve en las obras agustinianas, sino también se percibe en la novela Camada maldita del escritor toluqueño Alejandro Ariceaga.
Además de estas peculiaridades, la estructura tipográfica recibe la clara influencia del cine. Al igual que los guiones, esta novela presenta acotaciones,que pueden aparecer intercaladas en el texto entre paréntesis: “No Rosales a mi cuate no le pasa el cruce de caminos, ¿o te gusta, hijo? Claro que no, replicó Rafael (colorado)” (Agustín, 1973: 19), o mediante la división del texto en dos columnas: la primera contiene un comentario o una descripción de la técnica que está usándose, y la segunda, el discurso ficcional:
Flashback elemental     pareció que sonreía con cierto cinismo (sexualidad), lo cual podría justificar sus continuas descargas (Agustín, 1973:11)
José Agustín no sólo renueva, mediante el empleo del lenguaje, la literatura, sino también la refresca gracias a la inclusión del contexto de la música, las letras y los grupos que sonaban en la radio en esos momentos, a las que escuchaban e idolatraban –como el autor– los jóvenes de la onda, los fanáticos del rock. La introducción de este tipo de elementos fue bien recibida y ampliamente imitada por sus compañeros de época. Como muestra, cabe mencionar el caso de Parménides García Saldaña y sus característicos epígrafes, siempre alusivos a alguna canción de su grupo favorito, The Rolling Stones.
En este libro, José Agustín da cuenta de las aventuras, excesos y estropicios de cinco personajes: Virgilio, Rafael, Paul (Paulhan), Gladys y Francine, quienes, tras conocerse en Acapulco, inician un viaje improvisado que los lleva a la laguna de Barra de Coyuca. Este viaje también se efectúa en el interior de cada personaje, hacia el conocimiento de sus historias, de sus carencias –sean morales o monetarias–, dolencias y fantasmas.
Virgilio es un dealer acapulqueño que vive para el reventón, la pachanga y las aventuras de alta tensión. Este personaje alude al personaje homónimo que aparece en La divina comedia, y que, al igual que en la obra de Dante Aligheri, funge como el guía en las puertas del infierno, el mentor que por medio de las drogas, conduce al resto de los personajes al abismo, a los nueve niveles del infierno y al autodescubrimiento de la podredumbre en que han convertido su existencia. “Poeta, que me guías […] aventura en tan profundo viaje” (Aligheri, 2003: 21)
Rafael, en tanto, es un joven de veinticuatro años que vive en la Ciudad de México y se dedica a leer el tarot en un café de moda. Fastidiado de decir mentiras y temeroso de condenar su alma por no ejercer su profesión en de manera correcta, decide viajar a Acapulco para visitar a su “amigo”, el dealer Virgilio, y de paso, leer realmente el futuro y así ayudar a quien esté dispuesto a escucharlo. Este viaje lo sumerge en la experimentación de nuevas drogas, sensaciones y sentimientos que lo desplazan hacia su interior, a sus recuerdos de niño y a la interpretación de las visiones que lo acechan.
Paul (Paulhan) es un joven gay estadounidense que vive en el departamento de sus amigas Francine y Gladys. A pesar de que, como los demás, se encuentra inmerso en la fiesta y las drogas, aporta un poco de inteligencia y sentido común al grupo; de cierta forma, mantiene el equilibrio existente entre los personajes, ya que es el último que se une a la historia: el quinto, un ser dual, con cuerpo de hombre pero sentimientos, pensamientos y actitudes femeninas. Lo anterior se enfatiza con la primera descripción física de Paulhan, escrita de tal modo que no se explicita su sexo, por lo que puede ser percibido tanto como hombre o como mujer:
Paulhan bocabajo, cubierto por unos shorts muy pequeños, adheridos a unas nalgas casi femeninas. Durante unos segundos Rafael dudó de que se tratara de un hombre, ya que el pelo cubría el cuello y una parte de la espalda, y se acomodaba con naturalidad en cada ondulación (Agustín, 1973: 48).
Francine es una mujer canadiense de edad madura, que conserva su belleza física. Al igual que todos, está sumergida en el mundo de los excesos, le encantan el reventón y los chavitos, con los cuales pretende retener una juventud que la abandonó hace años. Francine comparte su vida con Gladys, con quien mantiene una relación de amor-odio. Lo que este vínculo esconde y los años de desenfreno y exceso, la llevan al límite, a un callejón sin salida, a buscar la ayuda que tanto pregonaba no necesitar, a pedir que la rescaten de la inmundicia que impregna su vida.
Gladys, al igual que Francine, es una mujer madura y extranjera que se dejó consumir por los años, pues perdió su figura y belleza en medio de los vicios, desengaños y maltratos de su amiga. Esta mujer es atormentada por sus traumas y fantasmas, los cuales pisotean su dignidad y sus esperanzas de salir del atolladero que significa su existencia.
Durante la narración hay momentos donde cada uno de los personajes tiene alucinaciones, las cuales muestran datos no dichos pero que influyen en su comportamiento además ayudan a exponer las reflexiones que cada uno de ellos realiza sobre sí mismo y su paso por el mundo. Así, se manifiestan tal cual son, sin caretas ni papeles.
El tiempo discursivo de la novela abarca aproximadamente un día con algunas horas más: comienza de madrugada, cuando Rafael sale rumbo a Acapulco y llega ahí al día siguiente, a las seis de la mañana; posteriormente, las acciones ocurren ese mismo día y, por último, la historia termina al caer la tarde en la laguna, al oscurecer, más o menos a las seis de la tarde.
Vio hacia arriba: la bóveda celeste casi negra sembrada de estrellas luminosas; la luna llena blanca, ya más arriba. El lanchero respondió: / Yo creo que mejor nos regresamos. Se está haciendo tarde (Agustín, 1973: 271).
El tiempo de la historia se dilata a partir de los recuerdos de la niñez de Rafael, de las remembranzas de los demás personajes y de la descripción del Acapulco de los años cincuenta, sesenta y setenta. “Esta historia en verdad se inicia […] en la década de los años cincuenta […] A principios de los setenta algunos turistas adinerados…” (Agustín, 1973: 9).
Los espacio en que se desarrolla la narración son la Ciudad de México, el café Scorpio, Torreón, Acapulco, sus alrededores y sus lugares turísticos: Pie de la Cuesta, Caleta, Caletilla, Barra de Coyuca, su laguna, el mar, sus restaurantes, la casa de Virgilio, el departamento de Francine y Gladys, los hoteles, las carreteras y las calles y avenidas de Acapulco.
Se está haciendo tarde (final en laguna) posee un narrador omnisciente que relata las acciones en tercera persona, sabe todo acerca de los personajes, conoce sus pensamientos, sus vivencias pasadas y las que están por suceder. Este narrador cede algunas veces la voz a los personajes para que ellos relaten sus acciones en primera persona.
Rafael tenía que interpretar las cartas arbitraria, subjetivamente, ignorando las combinaciones correctas, que por lo general aparecían con claridad. Bueno, sí. No lo negaré, aunque no me alegra mucho: esa carta es la muerte, pero no a fuerza la muerte física también puede ser un deceso espiritual […] Cada vez que Rafael leía el tarot terminaba con una punzada en los intestinos (Agustín, 1973: 11).
El genio, la destreza y el don literario de José Agustín se demuestran a lo largo de todos sus escritos, pero se expresan mucho más en esta novela. Aunque la vida le jugó una mala pasada enviándolo a la cárcel justo cuando empezaba a idear esta obra, no fue obstáculo para elaborar uno de sus textos más reconocidos y completos.
Bibliografía
Agustín, José (1973). Se está haciendo tarde (final en laguna), Joaquín Mortiz, México.

Aligheri, Dante (2003). La divina comedia, Éxodo, México.
Alonso de Santos, José Luís (1999). La escritura dramática, Castalia, Madrid, 2ª ed.
Arizmendi Domínguez, Martha Elia (2006). “Literatura de la onda”, Movimiento literario mexicano, asignatura en la Licenciatura en Letras Latinoamericanas, Facultad de Humanidades, Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, Méx., febrero-julio.
Moreira, Julián (1996). Cómo leer textos literarios, edaf, Madrid.
Pelayo, Rubén (2004). Los usos del lenguaje y los procedimientos estilístico-textuales en la novelística de José Agustín, http://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v11/pelayo2.html, 15 de marzo 2006.
*”Las acotaciones son las explicaciones que da un autor en un momento determinado de su obra sobre diferentes temas: espacio, movimiento, intenciones, clima, estilo, etc.” (Alonso de Santos, 1999:320).

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