¿Es la cazadora de tesoros en el espejo? En Palomas equilibristas de Marta Leonor González

2112159191_e6da8441a0Por Blanca Castellón

“En este espejo soy los cazadores de tesoros
La madre, el padre, la hija, todos: luz y caverna”
Marta Leonor González

La poesía de Marta Leonor Gonzales ha sido desde sus inicios, perturbadora, arriesgada y un atentado en contra de la inercia (monotonía) convencional. En Huérfana Embravecida, según uno de sus críticos, la poeta hace de la furia un instrumento lingüístico que logra comunicar la violencia presente en la vida cotidiana de la Nicaragua de hoy.
En La Casa de Fuego se develan esos temibles infiernos familiares que la mayoría de víctimas y victimarios prefieren ocultar. Entrar en su obra exige una actitud igual a la que da nombre a su nuevo poemario. Una actitud de Palomas equilibristas.
Esta vez la autora de Juegos de la escritura, nos conduce hacia un planeta caótico, poblado de “sordos histéricos que se comen unos a otros”, animales, colores y olores extraños que acechan “como una perra de veinte cabezas”.
Habría que imitar esa exquisita facultad de las aves de subir y bajar por abismos y montanas de huesos, para disfrutar plenamente de la singular flora y fauna abúndate en su propuesta “el alma que entra ahí debe ir desnuda” como dijo Rubén Darío, nuestro vate inevitable.
Tal parece que la autora después de un largo recorrido por el mundo real, capturó su esencia y nos la revela con alteraciones provocadas por la fuerza de su maquinaria literaria, fragmentos trastocados que mantienen al lector alerta y en ejercicio pleno de los cinco sentidos.
La sensación al leerla, es la misma que experimentamos cuando nos enfrentamos a la complejidad del mundo globalizado, cada vez más conflictivo, caótico e incompresible. Marta Leonor traduce el fenómeno en versos imposibles que consiguen lo inalcanzable. Por ejemplo “calcular la tristeza del mar que somos” o “pinchar la pupila hasta ensangrentar la cereza” ecuaciones muy particulares, ajenas a las matemáticas, y demás ciencias de la exactitud. No hay líneas rectas para cruzar su territorio poético, hay que sortear curvas, pendientes y cimas que aun con la geometría fractal serian difíciles de calcular.
La exactitud que podríamos acaso encontrar en Palomas Equilibristas, viene del corte y confección de un mundo construido con material selecto. Micro universo elaborado con frutos de la recolección antojadiza de imágenes y sensaciones, con atrevidas incrustaciones de un erotismo claroscuro, capaz de engendrar imágenes de “lirios naciendo entre las piernas o leguminosas que brotan de los pezones.”

Hay una clara perturbación del orden tradicional

Ya Calvino nos había legado una valiosa conclusión al respecto: “La verdadera máquina literaria es aquella que siente la necesidad de producir desorden como reacción a su anterior creación de orden; es aquella que convierte en vanguardia su producción para desbloquear sus propios circuitos, obstruidos por una obra que ha respondido demasiado tiempo a las pautas dictadas por el clasicismo”
Como lectora como hedónica consuetudinaria, sin academia, al pulso de la de la anemia de mi paladar literario, lo único que puedo garantizar con conocimiento de causa, es que la virtud que destaca en su poesía es y ha sido la originalidad y valentía.
No hay más poetas González que arriesguen su solido conocimiento literario. Experiencia de vida. Mente. Cuerpo y espíritu por un verso suspendido en su propio planeta, con rotaciones alrededor del lado oscuro del placer.
Un verso intenso, autentico retrato de laberintos internos y recorridos por los intricados parajes de la vida consiente, por el dolor de ser vivos y el temor de haber sido y el futuro terror.
En Palomas Equilibristas hay fatales novedosos y extraños gozos por retomar. La belleza de sentir las punzadas de la camisa de mil puntas cruentas hundidas a lo largo y ancho de la existencia.
Llama la atención el zoo que se mueve con luces y sombras en las páginas de este libro que hoy presentamos. Renos sobre pedestales. Pájaros recolectores de botones. Nubes de mariposas que hibernan. Caballos. Jirafas. Leones en cautiverio. Gatos y cabezas de perros entre otros.
En este poemario Marta Leonor González abre las puertas en pampas de su reino interior y su experiencia externa, por donde entran y salen animales resbaladizos, fantasmas o ángeles lujuriosos que solo anidan en sus versos y a veces en instituciones de altas y bajas esferas de poderes diversos.

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Geometría Fractal
Navegando por las profundidades del océano google me tope con la Geometría Fractal, aparentemente ajena en cuerpo y sustancia al nacimiento de las Palomas Equilibristas que ahora nos convoca.
Me sorprendió gratamente encontrar en algunas explicaciones sobre esta ciencia, la explicación que me habría gustado ofrecer a los lectores que se dispongan entrar en esta aventura hasta ayer inédita, de leer y gozar el nuevo libro de Marta Leonor González. Las líneas las transcribo exactas, sin fuente precisa, pues las traje conmigo después de un día de esparcimiento googoleano. Ya encontraran por cuenta propia el hilo conductor que las hilvana con el nuevo engendro de la pluma de Marta Leonor: “Parece difícil de creer, pero estamos tan acostumbrados a medir distancias en líneas
rectas que olvidamos la falsedad de este sistema. Si camina durante unos minutos a lo
largo de un acantilado cubriría probablemente unos centenares de yardas en línea
recta más o menos, pero no habría trazado el límite exacto.
En realidad, el borde de la ruta se curva suavemente y si examinamos las rocas y arena que la componen, podrás ver cientos de pequeñas hendiduras y cómo la superficie parece un tejido en un patrón aparentemente al azar. Si vemos bajo un microscopio hay incluso más imperfecciones dentro de sus límites. Este concepto se aplica desde el nivel atómico, al nivel cuántico de quarks y más allá hacia lo desconocido. Es la esencia de la geometría fractal, si busca más encontrará”.
No hay tal cosa como una línea recta en la naturaleza, por lo que el verdadero camino es ilimitado en longitud. Y repito yo, tampoco existe una línea recta en la poesía de González, el camino es ilimitado, si buscamos mas encontramos más, objetos, situaciones y paisajes de sorprendente complejidad.
Estas palabras de Michael F. Barnsley, especialista en el tema, parecieran haber sido escritas para la presentación de Palomas Equilibristas “La geometría Fractal cambiará a fondo su visión de las cosas. Seguir leyendo es peligroso. Se arriesga a perder definitivamente la imagen inofensiva que tiene de nubes, bosques, galaxias, hojas, plumas, flores, rocas, montañas, tapices, y de muchas otras cosas. Jamás volverá a recuperar las interpretaciones de todos estos objetos que hasta ahora le eran familiares” Igual riesgo correrán los lectores en la obra de nuestra poeta, regresar del viaje con nuevas interpretaciones de la vida corriente.
Como sospecharan, no tengo autoridad, ni en esta y otras ciencias para interpretar los hallazgos mágicos en este poemario que seguramente agitara las aguas de la literatura nicaragüense.
Me guía el afecto y la admiración por la amiga entrañable, que ha crecido en los cuatro puntos cardinales de la cultura y la manía que tengo de leer con los ojos virados al alma. Es con esta técnica que he detectado en Palomas Equilibristas, la práctica de aquel vicio inteligente que Milán Kundera confesó alguna vez “Escribo por el placer de contradecir y por la felicidad estar sólo contra todos”.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Daisy dice:

    Excelente presentación de un poemario que, por las palabras de Blanca, ya quisiera tener en mis manos.

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