Poesía de Las cosas que se dicen en voz baja

el
Daniel Rodríguez Moya, fotografía de  José Domingo.
Daniel Rodríguez Moya, fotografía de José Domingo.

Por Daniel Rodríguez Moya

Raquel mira las huellas de Acahualinca

Igual que aquellos hombres asustados
que huyeron de la furia de un volcán
y dejaron sus huellas marcadas en ceniza
fundidas para siempre con la tierra,
del mismo modo,
hay veces que el amor
nos empuja hacia un lago que antes fue una frontera.

Escuchas cómo todo se derrumba.
Caen pavesas del cielo,
como lentos pedazos de un mundo que se quiebra.

Y todo queda atrás,
al frente sólo el agua
que igual que el buen amor, el verdadero,
nos salva del desastre.

Ya has llegado a la orilla.
Continúa.
No mires a tu espalda,
no quieras convertirte en estatua de sal.

Un murmullo

Por Daniel Rodríguez Moya
Todos los ruidos del mundo
forman un gran silencio.
Joaquín Pasos

Da igual que sea en un bar
o al abrigo del fuego
al principio del tiempo de los hombres.
Siempre ha habido un murmullo envolviéndolo todo:

Las voces de la tribu ocupando la cueva,
el clamor de guerreros tras la caza,
el estruendo incendiado en las revueltas,
el grito enardecido en un estadio,
aplausos y ovaciones en la televisión,
las risas de los niños que juegan en los parques.

Un zumbido presente todo el tiempo,
como un motor en marcha que nunca se detiene.
Ni siquiera en las noches se detiene,
temblor de luz eléctrica y de vértigo.
Son frases inconexas que abrazan la cadencia
de las ondas acuáticas
si se lanza una piedra en el centro de un lago.

Alguien cree que hay silencio justo antes
del disparo de gracia en un fusilamiento,
pero el eco devuelve repetidas
las últimas plegarias de los ejecutados.

Siempre ha habido un murmullo envolviéndolo todo,
un ruido permanente.

Más que el miedo al silencio,
el temor de sentir
las cosas que se dicen en voz baja.

Poesía de Las cosas que se dicen en voz baja

portada Las cosas que se dicen en voz baja

El libro ha sido publicado por la prestigiosa editorial Visor, donde Rodríguez Moya publicó su anterior poemario, ‘Cambio de planes’ y la Antología de la poesía nicaragüense del siglo XX. Con dicho poemario obtuvo la XXXIX edición del Premio de Poesía Ciudad de Burgos.

“Las palabras altisonantes, los grandes enunciados, la solemnidad del lenguaje, encierran muchas veces un gran vacío”, asegura Rodríguez Moya, que considera que a través, sobre todo, de los medios de comunicación, “estamos acostumbrados a escuchar frases lapidarias, contundentes afirmaciones que son muchas veces tan sólo un escaparate, una ventana que reluce tanto que no deja ver lo que hay al otro lado”. En este sentido, los poemas de este libro “reivindican las cosas que se dicen en voz baja, sin afectaciones ni grandilocuencias” y reflexiona precisamente sobre el propio lenguaje, “que es el modo en el que nos podemos explicar el mundo”. La manipulación del lenguaje, asegura Rodríguez Moya, provoca que las palabras “acaben despojadas de su sentido y terminen pareciendo su contrario. Así, “cuanto más alto se gritan palabras como verdad, justicia, libertad, parece que más se confunden con un murmullo difícil de desentrañar”.

 

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