Carlos Martínez Rivas: “EN CASA con mis gatos y la Muerte”

393220_288086241225315_100000718259084_975899_693397106_nPor Carlos Martínez Rivas

EN CASA
con mis gatos y la Muerte

Mis Felis catus, mis Felis domesticus,
objeto de mi inclinada solicitud, transitan
sin ver la nube negra que a toda hora se cierne
—agorera—sobre sus cabezas: mi muerte

Hablándome en su idioma, estiran o arquean
el lomo; pasan el largo cuerpo contra la arista
si tienen hambre; cuando se encuentran
juntan sus hocicos; con los ojos cerrados
rascan su cuello bajo la oreja con una garra
de invisible velocidad; bostezan, duermen…

No obstante, observándolos,
su inconsciencia me desgarra el alma
(como lo harían sus propias uñas de acero
o sus afilados dientes); pues, mientras
ellos pasan enseñoreándose de la casa, yo
ya los veo en inválida orfandad animal,
a merced de bestial bruteza humana: maullando

tras la solícita sombra ausente

Alta
Mira
agst
Invierno 1994.

CANASTAS

images

Por Carlos Martínez Rivas

ESAS mujeres viejas y voluminosas
que pasan ida y vuelta todos los días
temprano y al oscurecer, amontonadas
en el depósito trasero de camiones,
entre grandes canastas llenas y vacías;

las reconozco.

Esas mujeres fueron niñas. Niñas de rodillas
puntudas y renegridas, que yo pude haber visto.
Sí, que de seguro vi pasar,
allá por los mil novecientos treintisiete,
con la pasión mórbida de la infancia.
Pasión que pierdes una vez y ya no recuperas.

Esas mujeres— te decía— que veo pasar
temprano y al oscurecer de ida y de vuelta
entre canastas llenas y vacías;
igual ahora hasta de morir antes que nazcan,
no conocerán de la vida más que eso:
el bregar diario que despierta antes
que sus párpados, desgarrándoles el sueño.
Las madrugadas implacables. Los traseros
de camiones. Las eternas canastas.

altamira
marz 1986

A UN ROSTRO

imagescmr

Por Carlos Martínez Rivas

NO prestes atención a la muerte rostro divino.

Eres la faz de tus ancestros; pero sobre todo
de lo venidero, que aún no conoce marchitez.

Que perezca toda carne anterior a ti.
La sacrificada carne que se esforzó
por definir y fijar esos rasgos tuyos
¿al extremo de equivocarse? No, de llegar
a ese límite abisal en que la perfección
podría haberse equivocado.

A pesar del espacio humano que conduce
inevitablemente al estrago, persiste.
Perdurable como ni siquiera tú misma,
ser contingente, lo eres—sino como tu casta.

No prestes atención a la muerte, rostro divino

LOS AMORES

Por Carlos Martínez Rivas
Una vez que un amor nace en uno, crece.
Y no deja de crecer.
Y no muere.
Y al término de la vida se halla uno atado
por esos amores que crecieron como bejucos.
Morimos asfixiados por estos bejucos, enro⎼
llados, apretando el cuello, el pecho, los lomos.
De nada nos servirá podarlos regularmente
con las grandes tijeras jardineras a dos brazos
para impedir su inexorable crecimiento.
Se nos iría la vida en ese esfuerzo; esfuerzo
como el de Sísifo o el de las Danaides, vano.
El único remedio contra los amores
sería matarlos.

¡Matarlos antes que nacieran!

Anuncios

2 Comentarios Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s