EL MAPA Y EL TERRITORIO, la obra clásica del Michel Houellebecq

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Michel Houellebecq

Por: Eduardo Huchín
El provocador se ha moderado pero no ha dejado de ser incisivo. Michel Houellebecq, famoso por libros como Ampliación del campo de batalla y Las partículas elementales, que en no pocos momentos solían recordar las vociferaciones de alguno de esos parientes desequilibrados que uno a veces tiene, ha decidido entregarnos una narración reposada, una novela que al menos sí lo parezca. El mapa y el territorio se erige de ese modo, no sólo como la obra más clásica del autor francés sino también como un magnífico libro donde Houellebecq ha tomado el riesgo nada menor de incluirse como personaje y, ya entrado en esas labores, destruirse a sí mismo hasta donde le ha sido posible.
Jed Martin, el protagonista de esta historia, es pintor y fotógrafo. Con un exitoso arquitecto como padre y una madre que se ha suicidado, parece no haber tenido otro destino que convertirse en artista y canalizar su temperamento pusilánime hacia un puñado de obras experimentales (o como sea que pudiéramos llamar a una muestra fotográfica cuyo tema son las herramientas de ferretería). Tras el fallecimiento de su abuela, nuestro héroe tiene una epifanía estética, no a través de la repentina conciencia de la muerte sino durante la contemplación de un mapa “Michelin departamentos”. Excitado por semejante hallazgo, Jed decide fotografiar mapas y montar una exposición denominada “El mapa es más interesante que el territorio”. Los resultados: el consorcio Michelin promueve su obra con gran entusiasmo, una mujer comienza una relación amorosa con el artista y el éxito llega en forma de textos críticos ininteligibles o compras por Internet.
Abrumado por el estatus que adquiere su arte, Jed pretende un giro a su carrera: volver a la pintura y embarcarse en una serie de retratos de oficios. Le parece asimismo que un texto del escritor Michel Houellebecq sobre su obra sería estupendo para imprimir en los catálogos y no menos emocionante podría ser un retrato del propio Houellebecq en el ejercicio de su profesión. Después de algunos inconvenientes y vacilaciones logra el contacto para visitar al autor de Plataforma.

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Michel Houellebecq

El encuentro entre Jed y Michel es uno de los momentos más delirantes del libro. El narrador francés da la impresión de tener siempre la mente en otro lado y de iniciar conversaciones más apasionantes cuanto más absurdas (le indigna, por ejemplo, que el hombre pueda alimentarse de un animal, como el cerdo, capaz de realizar operaciones aritméticas simples). Alcohólico, incumplido, obsesionado con marcas de productos, pero también con el vacío de la vida, el Houellebecq de esta historia muestra a un lúcido ejecutante de la misantropía. Acepta escribir el texto referido, pero sólo por el dinero, aunque con los días entabla con el pintor una relación -por llamarla de alguna manera- “amistosa”.
El Houellebecq que pontifica, el que toma somníferos, el que no sabe usar un cortacésped y ha dejado crecer el peor pasto en kilómetros a la redonda, el que compra la casa de su infancia en Loiret o el que resume su existencia a través de los escozores de la micosis: “En esto se ha convertido mi vida: en una interminable sesión de rascado” son las distintas caras de uno de los escritores más celebrados de la escena francesa. Y todas esas facetas aparecen descritas con ironía feroz y con malintencionado regocijo. Sin embargo, como retrato que contiene a la figura pública y al artista que la dibuja, El mapa y el territorio es algo más: la confrontación de dos visiones creativas. Y como proceso de autodegradación, la novela esconde una vuelta de tuerca sobre la que no abundaré para evitar los espoilers.
Al igual que otros libros de Houellebecq, esta obra podría funcionar como un panorama de la época: de la intrascendencia del arte a la industria del turismo y su intento por hacer de la despreocupación una experiencia de vida, de la sumisión tecnológica a las insípidas prácticas sexuales, del lugar que ocupamos en los “procesos de producción” a los hastíos de la convivencia. Por otro lado, los cameos que contiene son tan significativos como su inventario de marcas registradas: Jeff Koons, Damien Hirst, Steve Jobs, Bill Gates, Frédéric Beigbeder, Roman Abramóvich o Carlos Slim Helú, entre otros. La sola nómina de todos estos personajes podría servir para un cartel con el encabezado de “Siglo XXI”.
Libro sobre el presente, El mapa y el territorio no deja de ser una ácida revisión de nuestras costumbres, posiblemente la empresa que mejor le sale a Houellebecq.

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