Poema en onda corta

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Por Fabricio Estrada
Con la radio venía la revolución.
Por las noches, cuando mi abuela dejaba
el responsorial y la estación católica
interrumpía su señal,
la radio quedaba a la deriva
en la curiosidad del niño:

¿Quiénes eran los santos furibundos
y quiénes los mansos pecadores?

“Condenamos
la grave orientación de la revolución vietnamita
y el leve alzamiento de la revolución filipina.
Condenamos
la lejanía que advertimos en la revolución sandinista
y el tímido apoyo de los afganos
a los tanques soviéticos.
Condenamos
el marasmo en que camina la revolución en Polinesia,
y la interpretación vaticana a la furia del italiano.
Condenamos
la pésima interpretación de los comandantes búlgaros
y la casa de caracol donde duermen
los comandantes albanos.
No hay duda que la doctrina jamás será superada,
así, que también condenamos
el enfriamiento de la pasión
en los camaradas moscovitas
y el calentamiento prematuro
de las Panteras Negras en Louisiana…”

Con la abuela, llegaba el fin de la revolución.
Siempre me atrapaba trasnochando,
cambiaba el dial y me reprendía.
Con tres padres nuestros olvidaba,
según ella,
el evangelio prohibido
que ya se filtraba en mis sueños.

La nieve es una vitamina
Por Fabricio Estrada

Cuando sueño con nieve
Ninguna hoja en blanco sobrevive.
Al despertar, copos de papel llenan con su ventisca
Las horas del trabajo, entre sorbos de Leteo
E imaginación barata
Hago trizas currículos, noticias,
Cualquier fragilidad impresa de frívolas propiedades.

De aquí supongo
Que el lápiz es la estación del hielo,
Un patín que rasga veloz a la llana palabra.
Claro está, que nunca he visto la nieve.
El granizo ha sido como un abrazo que se detiene,
Una sonrisa a la cual, de improviso, se le caen los
dientes.
Pero he aprendido a vivir sin ella,
Y qué lastima, porque con nieve
Hubiera aprendido a amar las runas y a Kant,
Al positivismo y al revisionismo, en fin,
Tendría bonanza y frialdad, una abuela de las
colonias,
Vacaciones en Mallorca, pedantería de sobra
Y en mis sueños, no habrían Blancanieves
Ni esta mezcla de asombro y suspenso
Que acompaña siempre
A todo soñador del trópico.

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