En el café de la ópera

07750005Por Marco Antonio Campos

“A los lugares hermosos, si fuiste feliz,
si anochecen los años, si demora el reloj,
es mejor no pensar en la vuelta”, oí que me decía
Joan Margarit en el Café de la Ópera.
Veía la Rambla, el Teatro del Liceo.
El tigre del otoño, con uñas feroces,
desgarraba el follaje de los plátanos.
“No te equivoques. Deja que
lo bello, si lo fue, lo transforme el alma”.
Y como luz violenta volvieron de Acapulco
hermosos días azules y amarillos del ’71
con amigos joviales y jóvenes soleadas
en casas ruidosas de alegría explosiva, o
en playas o al lado de piscinas donde el deseo
quemaba a la mujer como la arena ardiente, o
en la fuga de coches velocísimos en la ancha
costera, o bailando en la pista -con música de estrépito-,
del círculo del Boccaccio o del Tequila a Go Go.
“Yo tenía 22 años, y todo el ímpetu ciclónico
sobre las aguas ribereñas y la tierra firme.
¿Sabes, Joan? Desde aquel entonces
no volví. Desde aquel entonces
no quise vivir los días de entonces”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s