Andrés Cisneros: alquimia de la catástrofe

FueCatástrofePortadaPor Marco Antonio Murillo

Cuando comencé la lectura de “Fue catástrofe” de Andrés Cisneros de la Cruz encontré que en sus páginas existe una bella alquimia que muestra el proceso de experimentación y juego de lenguaje. En un principio el poemario se abre engañosamente: el epígrafe parece desnudar el libro a través de las definiciones de catástrofe. Leemos: suceso infausto que altera el orden, cosa mal hecha, desenlace fatídico, etc. El epígrafe no debe ser tomado al pie de la letra, su voluntad de diccionario no dice, sugiere varias maneras de interpretar. Más que destrucción o caos, el poemario recuerda que la poesía se vincula con la alquimia. La palabra, que originalmente señala la realidad, se transmuta y pasa a ocuparse del interior del individuo. Así, el cuerpo que se nombra en el verso, es diferente al cuerpo real, está pleno de significados que originalmente no le pertenecen. Acaso Andrés se percató de esta fórmula mientras iba construyendo su libro. Dice en su poema “Encuentro”:

he descubierto el mundo de mi cuerpo

la escoria que me dio la forma

Qué desgracia sería perderme de mí en mí.

Sin duda una obra alquímica tiende al hermetismo, su lenguaje parece abstracto, a veces incomprensible, pero en realidad está saturado símbolos y referencias que pueden confundir. El alquimista, decía Michel Butor, considera esencial esta dificultad de acceso, ya que se trata de transformar la mentalidad del lector a fin de hacerlo capaz de percibir el sentido de los actos descritos. Para mí, lo fascinante de la alquimia no es el resultado, volver el plomo en oro, hallar la piedra filosofal, sino el proceso que lleva a ello, y que hace coincidir varias disciplinas como la química, la semiótica, el misticismo y el arte. En ese sentido, en “Fue catástrofe” no sólo están los resultados de la alquimización de los sueños en el papel, también se presiente el proceso formal que el poeta tuvo que experimentar para obtener dichos resultados. Unidos por una misma voz, pareciera que cada poema es una forma diferente al anterior y es susceptible a devenir en su propio metal precioso. Poemas partidos, poemas de largo aliento cuya base sonora es endecasilábica, poemas brevísimos, e incluso hechos de silencio, son los registros poéticos que el lector puede encontrar en el poemario. Enamorado de su forma clásica, pero también atraído por sus raras imágenes, el poema que prefiero a todos es el cuarto, que se titula “La noche del sueño”. Esta es su primera estrofa:

y después de la escritura fue el nombre

que en alquimia lúcida se revelaba

(y la oscura pócima

dio a la carne el deseo que deseaba)

y subió hasta la cima

y se descubrió vacío igual que hombre

Después de dominar la escritura, nos dice Andrés Cisneros, nace la posibilidad de nombrar las cosas a través de la poesía, que es una de las formas en que se manifiesta el deseo. A través del deseo la poesía puede encumbrarnos al mismo tiempo que abismar. Esta paradoja, donde está presente el eros y thanatos, es lo que nos descubre como verdaderos seres humanos. Quien ama y vive, y al mismo tiempo acepta el dolor y la muerte, llega a comprenderse a sí mismo. En el poema final del libro “Frínica estera”, esta misma temática parece ser recobrada:

los muñecos se despojan de los hilos y se escapan de la mente

yo invento el muñeco que soy

adentro lo veo

salgo de mí

el muñeco se desvanece

sólo quedo yo

y la catástrofe

Para mí la catástrofe es el momento que precede al objetivo del alquimista, es decir, ese instante en que el poeta ensaya todas las texturas y colores de la materia prima que desea transmutar. La mesa de trabajo, como es de esperarse, estaría aparentemente desordenada; pero hasta en el desorden existe cierta estrategia. En el caso de “Fue catástrofe” los poemas están organizados en veintinueve números. Cada uno de ellos da cuenta de las etapas que el ser debe atravesar para llegar a ese momento a solas con la catástrofe, momento en el que se entra en comunión con uno mismo. Ignoro si al final Andrés Cisneros halló la forma de crear su propio oro; de lo que sí estoy seguro es que estamos ante una propuesta interesante que exige a sus lectores participar profundamente del recorrido poético que nos plantea el libro. Quien decida acercarse a él lo deberá hacer no como quien busca respuestas precisas, sino como el que se divierte buceando en la forma de la imagen y en las palabras que la pueblan.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s