“Tuve un amigo. Un poeta” Marco Antonio Flores

boloflores8
Estanque
Marco Antonio Flores
Tuve un amigo. Un poeta
que se bebía las noches con cerveza.
Solíamos libar días
enteros hablando de recuerdos, de viajes,
de poemas, de mujeres amadas.
Era inclinarse en el estanque.
Cuando nos capturaron marchó al exilio.
Al volver traía una obsesión atravesada:
la montaña y las armas.
Los poemas arrumbados.
No duró tres meses. Teníamos treinta años.
Lo capturaron vivo y lo quemaron.
Busqué sus restos y me llené las manos de cenizas.
Estuve varios días doliéndome de mí.
La soledad ardía.
El solía decir: “Mi exilio era de llanto”.
 ©Marco Antonio Flores
 Las sillas solitarias
El exilio
es quedarse sin presente,
sin cielo,
sin amigos, sin volcanes custodios,
sin caras familiares,
sin voces conocidas,
sin casa, sin calles infantiles,
sin saludos.
©Marco Antonio Flores
El gusano
 
El tiempo me recorre,
me habita,
se cobija en mis ganglios,
acampa en mis arrugas.
Mirándome lo mido:
la pelambre de mis brazos palidece y ralea,
mi pecho encanece,
la piel de mis manos, que incursionaron las tetas
de mis novias y entraron a saco entre sus piernas,
se ha vuelto negra, dura y arrugada.
Mis ojos cegatones: esos carbones apagados
que vieron escapar a la muerte y ahora la detectan
a mi lado.
En mí está el tiempo.
Me desdibuja.
Me corroe por dentro:
ablanda mis mejillas,
debilita mis piernas,
infla mi vientre,
agita mi acezar,
me agota,
me quita la pasión.
El tiempo es mi enemigo;
me consume,
ocupa mi epidermis,
es mi sangre.
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