Jorge Rothschuh Villanueva: “En Ciudad México comí pijibayes”

Recordando a Cifar

Jorge Rothschuh Villanueva

Pablo Antonio desencaja los huesos mansamente,
su espinazo al sol, la sombra en el costado.
A su Biblia agrega hijos sin notas marginales.
Nada. Su vida clara como el agua
bebe.

El poeta atraviesa los días y moja sus dedos
para escribir sobre la barca los recados de Pedro.
Reconoce la otra orilla del lago Cocibolca,
la cumbre peligrosa del volcán Mombacho
las fangosas llanuras ganaderas de Chontales
la nata inmunda del Barrio de los Pescadores.

¡Ojo!, el poeta apunta palabras como dardos.

Pablo Antonio sueña más cerca de sus pasos.
Cortan sus dedos efímeras espinas.
Espejos rompe.
El tiempo encadena silencios.

El pijibay

Jorge Rothschuh Villanueva

En Ciudad México comí pijibayes.
Seis frutos enlatados Del Monte compartimos
lejos de nuestros pueblos y costumbres.
Adrián de Santo Tomás (1637) describió
fiestas paganas celebrando bondades:
bailan cuando recogen pijibayes
danzan alegremente su llegada.
Lo nombran bajía, sitio celestial de hombres
animales donde encontraron habla terrena.
Lenguaje de cayapas, guacamayas
y loros bulliciosos cuando descienden
al pie de la pirámide.
Escardo sinonimias regadas por incansables lluvias.
Pijibay, pijibaye, chontaduro, jijirre
pijuayo, gasipaes, supa, tenga, pijiguao
paima, pichiguao, pijivaos.
Lengua vivípara chascando tardes y amaneceres.
Rodrigo de Contreras en Nicaragua (1540)
vio a los indios comer palmito de pijibay
era diciembre repleto de cadáveres.
Siglos no han pasado a pesar de los siglos.
Los nombres de los dioses son los mismos,
los nombres de la muerte no han cambiado.

Todos queremos a Borges

Jorge Rothschuh Villanueva

Jorge Luis Borges entiende
lo que no es suyo es de otro.
Quien pega primero, pega dos veces.
¿Lo que hizo fue adelantarse en escribir?
Y lo que fue de él fueron ellas.
Leonor Acevedo, maternidad inquebrantable.
Epifanía Úbeda, nana mimosa.
María Kodama, último suspiro
viejo testamento, heredera
pretexto, lectura, insomnio
ciega pasión sin dormitorio.

Desvestir, mudar, acicalar
a su padre, tutor, maestro
maniquí literario y apretarle
con fidelidad el nudo de su corbata
fue poca cosa.

Lo cierto es que Borges tuvo hembra al fin
por poder, casándose sin edad
sin tiempo, nomás para tapar
el ojo al macho.
Habla poco y pleitean mucho. Dicen.
Y él, mas allá de la muerte
y sus escritos
urde soberbia mortaja en papiros
requisados
sobre las brasas de Alejandría.

Historia de las calamidades

Jorge Rothschuh Villanueva

A Pedro Abelardo poco lo recuerdan.
Preceptor de Eloísa
su amante.
Gozosos coadjutores reclamaron
sus testículos
no testa guillotinada.
Monje ilustrado en parafernalias
lo condenaron al silencio.
Murió reconciliado con la iglesia
agradecido de su buena madrastra.

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