Ezequiel D’León Masís nos habla de que “Nos gusta el cliché”

Marta Leonor González

La escritura de Ezequiel D’León Masís está poblada por la experimentación y el juego. En ella transitan seres de locura, espejos que chocan y se fragmentan en situaciones, gentes que dialogan con lo absurdo, así surgen los poemas, los cuentos, los prosemas, los guiones de teatro, las canciones, retratos de un mundo moderno en el que Ezequiel se transmuta.

Su primer poemario Trasgo , ese pequeño breviario que habló de la página en blanco y de ese duende de la imaginación donde acampan los sentimientos más íntimos del ser humano, búsquedas de joven autor.

Su segundo libro, La escritura vigilante fue más diversa, ahí el poema en verso se extendió por sus páginas y se presentó como uno de los preferidos de D’León Masís.

Hace 14 años D’León Masís publicó su primer libro. Los años lo han conducido a una escritura que retoza, regresa a los orígenes y se entretiene en las cosas comunes. En su poemario Wawa Yelly están las huellas de ese camino donde pone en evidencia su gusto por el poema en prosa y las narraciones breves.

¿Cómo vivís la escritura?

La vivo como un registro emocional, como una radiografía espiritual de los distintos momentos que la vida me va regalando. Un registro ontológico, el ser viéndose en el río de la escritura, en espejos al que hay que regresar para ver por dónde hemos pasado.

Siempre se dice que toda literatura es autobiográfica. De tus libros Trasgo y La escritura vigilante, ¿cómo te retratas en ellos?

En Trasgo me muestro con mucha transparencia en el sentido de vivir la literatura con una intensidad profunda en el sentido de agarrar la literatura como canal de expresión. La poesía como ese canal de expresiones que se estancan en el cuerpo y en otras partes de mí ser.

En Trasgo reflejo ese mundo emocional tendiente a lo depresivo y luego se repite en La escritura vigilante , la tendencia a lo depresivo, también está la escritura como esa catarsis de estos estados emocionales. En La escritura vigilante me proyecto en varios personajes que tienen obsesiones, ciertos miedos así están perfilados.

¿Cómo reaccionás cuando te ves en ese estado depresivo en lo que escribís?

Siento, y no sé si tiene sentido lo que voy a decir, pero de muy joven creo que era más maduro, mis estados emocionales los solucionaba con una soledad creativa, siento que hoy estoy lejos de ese Ezequiel que escribía de esa forma con una seguridad de controlar ciertos estados emocionales de nostalgia, de melancolía, hoy los tengo pero esos momentos me es más difícil procesarlos o aceptarlos, es una paradoja, siento que emocionalmente era más maduro antes.

Durante un tiempo me estuve dedicando a hacer trabajo social y eso implicó entregarme de lleno a procesos colectivos de organizaciones de otras personas y de alguna forma me olvidé de mí mismo.

Hoy estoy en un proceso de regresar al hogar como dicen los chamanes, regresar al fuego primigenio, no es tanto ser feliz o no, sino regresar a esa seguridad y controlar tus estados emocionales.

La escritura es una gran herramienta que te ayuda a ordenar pensamientos, te ayuda a elaborar emociones, siento que antes tenía un vínculo con la literatura muy estrecho y muy sincero y que eso lo he perdido y estoy tratando de regresar a esa relación.

¿Cómo llegás a Wawa Yelly que es experimental? ¿Son tus obsesiones?

Toco un poco la identidad sexual queer, es como superar desde la identidad sexual todas las etiquetas que nos han inventado, en ese libro exploro eso, hay un viaje por el mundo de los paraísos artificiales que son las drogas, también está presente cierto humor de hacer seudociencia, toco la patafísica, hablo con tono serio de cosas que no tienen ninguna significancia, ninguna importancia, es hablar con tono científico sobre la sandía, el aguacate, cosas cotidianas para hacer un pretexto, un juego verbal.

¿Es una burla a la norma a etiquetarlo todo con seriedad?

Así es, exacto. Es una forma que desde un discurso racional se llega a la burla y sobre todo en el discurso de la personalidad. Los teóricos Jean Francois Leotard que habla de la condición posmoderna o Julia Kristeva, hacen sistemas simbólicos a partir de palabras y aplican términos de otras áreas científicas de la filosofía que no tienen nada que ver, así la gente le ha parado bola, en Wawa Yeli hay poemas donde invento frutas, países imaginarios, ciudades.

¿Vos siempre estás jugando en la escritura, pero la literatura nacional se ha vuelto aburrida, incluso la de tus contemporáneos?

Creo que la literatura nicaragüense siempre ha sido aburrida desde Rubén Darío, es decir, el oficio del poeta, la autoimagen del poeta se ha tomado tan en serio que tenés poetas aburridos a excepción de algunos poemas que han quedado para la posteridad.

De esos poemas que no son aburridos están los de José Coronel Urtecho, Joaquín Pasos, Ernesto Mejía Sánchez, creo que lo que hace aburrida la literatura es esa autoimagen del poeta que se ha venido labrando desde la tradición cultural. Claro está que esta generación última o como se llame recibió unas rutas de exploración ya gastadísimas, ya cuando el realismo mágico está gastado, cuando todo ya pasó de moda, cuando todos los paradigmas literarios están gastados y trillados, es difícil que esta generación nueva nos divierta, entonces surge el intimismo lacerante que sería un cliché en el cual me incluyo.

Esa imagen de poeta decadente, triste, despreciado, incomprendido, sumido en las drogas y el alcoholismo ¿qué fin tiene?

Es solo llamar la atención, es como el extremo de la bohemia, son asuntos ridículos y extraliterarios en los que nos hemos vuelto algunos, no todos.

Hay algunos que mantienen su búsqueda en orden, siento que todos estos poetillas del 2000 andamos en tres búsquedas, el esteticismo a ultranza que denota una carencia de maestros, puede ser, el plan drogo de la ñata fuma piedra, y hasta cierto sentimentalismo que no ha pasado de moda. Siento que somos la generación con más golpes de los cliché que ha existido como grupo.

Por otro lado te digo, es difícil de romper, ¿se trata de hacer algo nuevo? creo que no, se trata de divertirnos con lo que hacemos. Y alguien que escriba para ser famoso no creo que se divierta.
¿Le falta diversión a la literatura nicaragüense?

Le falta diversión, baile, chinamo, hacer las paces por fin con la cultura popular, abandonar la visión del intelectual y hacer las paces con esa cultura que es exuberante, vivimos en un país con una vocación kitsch de la cual podríamos aprender a reírnos más y pasarla bien. Tenemos que ser menos serio, nos gusta el cliché y por eso le hace falta ludismo a lo que estamos escribiendo.

En mi caso la literatura no es lo más importante en mi vida, actualmente no, hago otras cosas, la literatura ha pasado a otros niveles, pero tengo amigos que para ellos tiene un lugar importante y creo que más a ellos les toca revolucionar el asunto.

¿Decís que hay que escribir con la humildad de que las palabras son vacías, es una contradicción porque lo menos que tiene un escritor es humildad?

Así es, y cuando te encontrás un escritor humilde es engreído de humildad, tiene un ego inflado por ser humilde y no se resuelve nada.

¿El poema en prosa ha sido menospreciado, en esto tiene que ver la visión crítica de la academia o los prejuicios de los escritores?

Porque el prosema es impredecible. El lector de poemas ya sabe de entrada a lo que va, igual el de narrativa, pero el prosema tiene una anchura de recursos. Entonces el lector y la lectora poco curiosa ahuyenta al ver un universo de referencias. El prosema tiene una forma intermedia que permite incorporar aspectos narrativos al discurso poético.

¿Ernesto Mejía Sánchez por qué es un autor que no alcanzó el reconocimiento que tuvieron sus contemporáneos?

Porque es parte de una generación en la que lo acompaña una vedette underground que fue Carlos Martínez Rivas y un escritor oficial. Mejía desarrolló un culto a lo cultural, como Eliot.

Generación del 2000 ¿qué representa siendo vos uno de ellos?

Haya o no generación, es un tema de la historia literaria, yo soy escritor, no historiador. Me tiene sin cuidado. Ahora bien, si llamamos generación hace que otros colegas tengan trabajo como promotores culturales, está bien.

15 de marzo del 2014. Managua.
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