Abelardo Baldizón: El comando de la reina

El comando de la reina

Abelardo Baldizón

a la señora del máximo líder

la reina, en desmanes obesa, ubérrima desfilando viene con su altivez acuesta. serena en su fálica eyaculación de mando, presume dicha por ganado estatus en sucesivas batallas de limpios vergazos, intachables sobre su blanco, cuidado cutis. Ella channel en desmesuradas proporciones, espeluzna como flato teledigitalizado es querer ser, es jamás poder llegar, tantas ansiedades saturas, mal engullidas, inflando sus estrafalarias dimensiones. La veo, apunto mi ojo saturado por la esfericidad de sus trazos tanto que exánime estoy y me retraigo, frenético a mis despojados pensamientos, para ver que podrá ser de nosotros en el reino de los suyos. Franca ella ningunea, con el ademán de gestos repartiendo tétrica imperialidad, reprocha al súbdito su necio ruido, ordena callar, nos sonríe risueña, se regocijada en el dominio de la jerga televisada. Entonces me alzo, caigo de mis pasos congelados a la curtida realidad, me deslizo de mi encéfalo entumecido, me sacudo toda la baba gaseosa, fulgurosa, en su acidez humeante y se la estampo.

Trabajo y libertad

“…vi por todos lados un gran campo lleno de dolor y de crueles tormentos.”

Dante Alighieri
La divina comedia
Canto IX

Hitler, en su lenguaje tajante, con sus gestos convulsos de ostentosa autoridad, con gesticulaciones macabras del ego delirando en su éxtasis colosal o arrebatamientos desbordados de prepotencia de yo el supremo sin nunca sin ninguna saciedad dijo o mejor dicho incrustó en el ya frio metal de las puertas del infierno terrenal, donde una mujer y un hombre fueron menos que mulas, sacos de piel, huesos transitorios exhalando aire fúnebre al compás de pasos marciales moribundos en el quinto círculo sin mea culpa y lámparas para la placentera lectura nocherniega, estas escuetas palabras: “el trabajo libera”.  Afuera impotente entre diluvio e insolación sobre las amplias calles vacías la gente corroída busca libertad.

Petite woman

Abelardo Baldizón

La niña, que es una prima bailarina, muñequita de porcelana china, sabe ballet y lo demuestra. Sus cabellos café claros, ondulados, los pequeños ojos verdes, la piel levemente bronceada, muestran futuras cualidades de mujer sutil, de encanto natural irresistible. el cuarto de juegos, donde nada falta, pero todo sobra y estorba, revela aspiraciones a barbie de piernas y brazos flexibles, de pelo rubio y cintura pequeñita. Inteligente y educada, da una ligera inclinación, levanta la falda como un extendido abanico, al saludar. En los iris de sus ojos brilla una inocencia de diamante. ¿a esta petite woman quién explicara el cuchillo en su cuero desgarrado?

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