Javier Alvarado: “En Matachín hay una estación. Móntate”

RECUERDO DE MATACHÍN*
Javier Alvarado

Matachín reverbera bajo las aguas
Con su voz ahorcada y su dialecto
Con su rostro de músico y sus dedos embadurnados por azogue;
Es una franja de tierra que no puedo olvidar. No la ignoro
Y la acaricio,
La huelo como el primer milagro
Que brotó tras el diluvio
Con sus hojas graduales.
Cierro mis puños y los abro tratando de bracear
Sobre este lago
La vendimia del dolor;
Las letras paganas que compusieron su bitácora de viaje;
Sus maletas llenas de suicidios, y de muertes.
De auroras y de pueblos perdidos

Matachín regresa a mis salomas
Como una constelación que se recoge,
Como una estrella calcada,
Como un grito hechizado a la intemperie.

Aún albergo las ansias de montarme en tren,
De seguir los caminos y los rieles,
Los campos donde se disemina la faena
Donde está Uh Mei con su loto,
Con su estanque de páginas muertas.

Me apresuro a llegar hasta la iglesia de La Línea
Donde la campana sigue tañendo
A pesar del peso salobre de las aguas, me apresuro
A dar cuerda a un gran reloj que sigue andando
Nadie sabe la razón, la hora ni el por qué;
En sus péndulos veo parpadear un mundo
Con su cola de tucán, con sus páramos ausentes.

En Matachín hay una estación. Móntate.
Algún día llegaremos a la eternidad
En lomo de tren. Aquí yacen los chinos dormidos
Con sus colores y canciones. El tren inició
Con los colores del suicidio. Ahora todo es el sabor
Del olvido con su locomotora
Y su hierro oxidado

Móntate.
Algún día llegaremos a la eternidad
En lomo de tren

BITÁCORA FERROVIARIA
Javier Alvarado

En vano recorro estas piedras acumulando historias,
Tocando fantasmas risibles a mi tacto. En el Caribe y en el Pacífico
En esta noche, ¿Qué nos queda? ¿Qué prevalece?
¿Qué ancianos jóvenes
Siguen figurándose la hora diurna del tren
Ahora que sus muertes cuelgan, ahora que sus muertes
Están intactas en el coro de mi sangre?
Esta es la fatiga del mundo en cada letra,
En cada fecha que se desmorona ante los guácimos y los pájaros ausentes
Ante el fuego familiar y el dragón que se arrojó en el lago
Para estertorear desde el fondo su estela de leyenda.
Yo me quedaré aquí en este pueblo deletreando las cosas,
Redondeando las fechas y oyendo como las crisálidas abren sus alas con resplandor incierto,
Como regresan las huellas a su polvo, a su viento más originario,
Donde rebulle su fe, a su agua más leve
Donde la vorágine
Se hace más clara y donde nos duran más los vocabularios
Que estos dioses,
Que estas ganas de llorar
Con los chinos que colorean la tierra
A estas ansias de verlos trabajar y caminar con soledad bullente,
Hacia todos los tiempos que se amortajan con la seda;
Ahora que fijo mis ojos a esta alucinación con la poesía
A este tren solar que se dirige hacia la noche
Mientras las saudades y las preguntas duermen
Resoplándonos y meditándonos a bordo:
¿Qué vagón ocupo? ¿Qué silencio invocamos
Para llegar hasta la mancha secreta del paisaje?
Mientras sigo recorriendo estas piedras,
Acumulando historias,
Tocando fantasmas risibles a mi tacto.

FRAGMENTOS DE UN TREN
Javier Alvarado

En vez de volver de los recuerdos,
durante el proceso de morir
encargo el regreso
de las cosas perdidas.
Wislawa Szymborska
Vagón 0

Tú, que deseas conocer Panamá, dime, ¿ a qué exacta hora de la alucinación
Te atreves a encaminarte por la casaca de cerros, por las colinas asaetadas
Por el sol y por el viento
Que se suceden ante la hierba como un visitaflor
Asimilado por el vértigo,
Como una floresta
Que atravesamos recolectado guijarros y brotes como una espiga nueva
Ante la reunión de los góticos cedros?; si tu bien sabes que cruzar esta franja
Es una medida del destino del hombre, algo que se desdibuja
Como las estrías de la estrella. Era tu hora de emprender
Un largo viaje con tu papo seco al país de la nostalgia.
Era la hora de partida. Eran los trenes que no podías detener,
La falsa hora del sueño, una llovizna, un temblor como de gelatina o acuarela,
Un aleteo en el cuello
Y las aguas que se borran,
Los rostros que sondean la paz al mediodía,
La onomatopeya de un pato salvaje
Que adormece la esperanza,
El parpadeo de los ríos que conceden a nuestras almas un espejo de autorruta,
El pez y la sangre
Y los augures sordos del ciervo en los bosques plateados;
Esas cotidianidades que nos arrastran, que ponen el pan que se ayuna en los abismos de la mesa,
Como cuando se abre un campo ante los maizales de luz, ante las cosechas que hibernan los granjeros,
La naranja y la paloma desparramadas en los surcos,
El otro lado del océano
Y los paisajes que no se detienen en los ojos.
Existíamos
Porque se apuntaban los destinos, otras ejecuciones para el hambre;
Otras maneras de llamarnos, otras maneras de viajar
En cada época del año, entre los bosques y minas de idealización solitaria,
Mascando glebas de irrealidad, entrecruzando las constelaciones
Sobre las verjas de hierro, sobre la soledad que cubre a las compuertas,
Estos huesos de musgo que ya no poseen la ejecución de la risa,
Que ya no tienen sensaciones
Ni marcas de sexo, jadeando en la actuación de la lágrima
Sobre la puerta que da paso a la fuga,
(A esa horda con brazos de ceniza)
Que deambula ahora por debajo de los rieles y durmientes
En una balada orquestada por caballos,
Como si fueran una caravana de dioses que nos ansían contemplar
Ensayando la oración y ejecución del instinto,
Buscando el ombligo amorfo de las fuerzas,
El bosquejo de mi yo sobre la librea de ferrocarriles.

Vagón 12
Javier Alvarado

No estamos preparados para un viaje
que no culmine en su metáfora. R.M.R.

Ya mucho hemos padecido.
Ya mucho hemos fragmentado
Para pegar los huesos de la historia. De este otoño
A nuestras tierras, ¿cuántos ya habrán desaparecido?
A dónde están las sombras resplandecientes de Jonathan Miller, de Ling Fen,
De Francois Martel, de Tomasso Capelli, de Fernando da Luz, de Theodor Martin, de Bardinbrás, el esclavo negro?
Hace ya tanto tiempo que lagrimea la ciudad como una Dolorosa
De Viernes Santo.
El ruido de las hojas
Es semejante a las pisadas de una bestia en busca de algún trofeo
En los alrededores del verano. Ya retumba el sueño
Con una voz violeta y una desesperación tupida. La ruta interoceánica y transístmica
Roe
Nuestros recuerdos como el embalsamamiento de los vidrios,
La música vacía y los vagones dispuestos
A horadar, aquí, en mi memoria.

Ya muchos destinos
Hemos marcado en nuestra guía de ferrocarriles. Tú has aprendido
Como cruzar la comarca y como tirar un paño bordado desde una ventana
Siendo testigo de ese amor absoluto, de esa noche que navega
Sobre nosotros con indiferencia.

Esa dirección a seguir en Panamá, ese cuerpo incorpóreo, esa musitacion de la náusea,
El devenir de los viajeros y viajantes,
Las muertes en las cantimploras y en las botas, en los sombreros donde se motivan los sucesos con las sapiencias del aire,
La sed que es un espasmo reverenciado por el trueno.

Este es nuestro tren,
Este es el destello de una bitácora de luna,
El vestigio de otra época.

El libro de Javier Alvarado se está vendiendo en librerías de Managua, Hispamer y Literato.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s