Gioconda Belli desnuda los poemas de Blanca Castellón

Gioconda Belli

Blanca Castellón. Fotografía de Marta Leonor González

Recuerdo de muy joven quedarme extasiada ante un prendedor de filigrana. La delicadeza de los delgados y dorados filamentos que formaban círculos, hojas, flores con absoluta levedad y desenfado me hacían imaginar la maestría de la mano del orfebre rindiendo el oro, obligándolo a comportarse como hilo de seda.

La misma sensación he tenido leyendo Agua para los Días de la Sed o Water for the Days of Thirst de Blanca Castellón, la bella antología bilingüe, que con una impecable traducción de Roger Hickins, publicó en Nueva Zelanda, Cold Hub Press.

El libro en sí es muy cuidado y hace honor a su contenido. La portada, el papel, el tipo de letra, el diseño están hechos con delicadeza y buen gusto. Por otro lado, el prólogo y la selección fueron hechos por Cold Hub Press, poeta mexicano, que hace un análisis acertado de la calidad y originalidad de la poesía de Blanca.

Su poesía, dice: “No es común en Latinoamérica, es como una ‘ínsula extraña’ y esto claramente la enlaza a Pizarnik, Plath y Dickinson, pero también con Ida Vitale e Idea Vilariño, dos grandes poetas contemporáneas cuyas originales e inconfundibles voces las sitúan aparte del status quo de una lírica dominada por voces masculinas”

No es un elogio inmerecido el de Guedea cuando coloca a nuestra Blanca en esa compañía. No puedo estar más de acuerdo. Sin embargo, él también dice que la poesía de Blanca es una poesía que la poeta construye en la soledad de una isla desierta.

Con esta apreciación, yo tengo algunas diferencias. Blanca Castellón es en Nicaragua una poeta singular. Como si realizara un acto de presdigitación ella se parece a lo que escribe y al mismo tiempo no se parece en nada. Dentro de ella hay dos Blancas.

Ella misma lo dice en un poema donde se dirige a su otra que describe “insustancial y etérea” y le dice: “Blanca bajá, que me hacés falta y una brisa repentina me humedeció los ojos”.

Esta tensión entre las dos Blancas, la de afuera y la de adentro, la terrenal y la etérea, la poeta y la madre y esposa, es lo que hace que su poesía pueda venir lo mismo de esa soledad de isla desierta y desolada que de la mujer absolutamente juguetona y vital, la de los poemas perrunos u otros que revelan la Blanca extrovertida, divertida, sociable que reaparece cuando ella retorna de esos viajes interiores donde se fuga literalmente y se oculta en su isla aunque los habitantes de su patria poética aúllen como lobos por ella.

De cierta manera y quizás a su pesar, Blanca no solo escribe, sino que habita sus poemas en su manera de moverse, de ver, de ser también ella misma una criatura bella y leve que bien podría estar hecha de filigrana.

Hay en ella, además, me parece, el deseo de desafiar esas convenciones o clichés que siempre dibujan a los artistas como rebeldes sociales y transgresores. Ella no ha optado por esa tesitura. Yo creo que la idea de una Insurrección Solitaria deCarlos Martínez Rivas, es también la postura vital de Blanca, que opta por vivir a la vez como mujer tradicional en la sociedad y como duende poético.

Ese andar de puntillas entre una Blanca y otra, entre la extroversión y la isla desierta es lo que pienso le da a la poesía de Blanca esa extraña cualidad de ser leve en su construcción, por muy pesados que sean los materiales que use. Ya verán por ejemplo cómo aborda el tema de la muerte en su excelente poema Los Moridores.

Blanca es enemiga de la dramatización y de la teatralidad en la poesía. Sus poemas son, en general, cortos, directos, pero a la vez dueños de un lenguaje rico en matices o simplemente capaz de quebrar el diamante o volver maleable el acero. Uno la lee y de pronto lo que se venía leyendo, gira y nos sorprende con un desenlace o una interpretación que jamás esperamos.

La poesía de Blanca es arquitectónica con la grácil elegancia de un puente colgante pero con la solidez para ir de orilla a orilla de lo que dice, sin que su alada estructura se tambalee.

Esa estructura no es casual. No se crea que porque Blanca es también “la Blanquita”, ella no se toma en serio. Tras la gracilidad de su poesía existe una mujer tenaz y estudiosa para quien la obra poética no es solo el producto de la inspiración. Soy testigo del rigor con que Blanca se exige a sí misma, de lo mucho que medita hasta la colocación de una palabra.

La puntería y el acierto con que ella logra compactar una idea compleja, sus poemas cortos y sorprendentes responden a una búsqueda, a un espíritu nutrido por amplias lecturas y horas de reflexión, de tachar y volver a empezar.

Es obvio que hay una parte mágica, una divina imaginación que le suple esas felices imágenes, como la del poema con forma de cactus que almacena agua para los días de la sed y que da nombre a este libro.

Este libro es, no metafórica, sino verdaderamente, agua para los días de la sed. Esta selección de varios libros de Blanca, es una piedra angular, la Blanca esencial, the essential Blanca.

Léanlo.
Les calmará la sed.

El libro está disponible en Literato, Managua y librerías de Hispamer.

 

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Teresa Campos dice:

    Precioso el texto de Gioconda Belli.

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