El Pirata Morgan. Un narración de Carlos Castro Jo

Carlos Castro Jo

A mí me llaman el Pirata Morgan. No sé por qué porque yo no le he robado nada a nadie, todo lo que tengo me lo he ganado trabajando. Es cierto que yo nací pobre pero gracias a los talentos que Dios me dio y a mis propios esfuerzos, he tenido éxito. Yo vengo de abajo, mi mama tenía que lavar y planchar para poder darnos de comer y mandarnos a la escuela. Mi mama fue la que me crió, mejor dicho nos crió, a los tres, nosotros somos tres. Mi papa nunca nos ayudó, él estaba casado con una mujer del centro, una mujer blanca, eso es lo que recuerdo de ella. La vi pocas veces, de largo. A veces cuando pasaba por su casa, ella estaba en el corredor del segundo piso. De lo que sí me acuerdo es que cuando la revolución, como ellos eran somocistas, les confiscaron la casa. Yo vine a Bluefields inmediatamente después del triunfo para ver cómo estaba mi mama, yo estaba estacionado en Rama. Sólo para curiosear fui a echarle una ojeada a la casa de mi papa. El viejo se había ido del país, los dos se fueron a Miami. Recuerdo que los muchachos encontraron en la cama de ellos un vibrador. Los muchachos no sabían para qué se usaba, yo tampoco sabía. Lo sospechamos por la forma, pero nosotros nunca habíamos visto algo parecido. Yo hasta después me di cuenta de lo que era pero no porque lo haya usado. Los muchachos se pasaron prendiéndolo y apagándolo hasta que le gastaron la batería.

Alguien me llama, esperame. ¿Dónde está el jodido teléfono? Pasame ese cartapacio, creo que ahí está. Sí, ese. Gracias. Aquí está. ¡Ah!, es esta mujer que no me deja en paz. Aló. ¿Qué querés, amor? ¿Cuándo? Hoy no puedo, tengo una reunión. Yo te voy a llamar, ahorita estoy ocupado. Okey, bye.

¡Qué jode esta mujer! Yo ya la corté, ni hijos tengo con ella para que me esté llamando a cada rato.
¿En qué estábamos? Ah, bueno. Yo lo que quiero es que vos seás mi abogado. Todo está desordenado, yo no sé lo que tengo. Mirá aquí este documento que me acaban de entregar. Quiero ver…por escritura pública de…extendida.. .el señor Miguel Morgan, de 47 años, de este domicilio. Ah, este es el título de propiedad del terreno que va de la entrada a la bahía hasta la boca del Cake River. Ese terreno va a estar a mi nombre ahora, vos sabés, no es mío, es del partido, pero voy a poner unos siembros a ver si pegan. Yo sólo lo voy a administrar.

Bueno, ese es mi nombre, Miguel Morgan, como mi papa. Como te dije, él nunca me ayudó en nada, sólo me dio el apellido, y ni siquiera eso porque creo que fue mi mama la que me lo puso. ¡Quién sabe cómo lo hizo! Mi mama me dijo que él era mi papa, pero él siempre lo negó. Lo que pasa es que me parezco a él, dicen que hasta en lo vivo. Cuando terminé la secundaria, yo fui a hablar con él para ver si me ayudaba en algo. Sólo me quedó viendo, me parece que lo estoy viendo ahora, el viejo sentado en su mecedora de mimbre en el corredor de su casa, “¿a cuenta de qué?”, me preguntó, “ si yo no soy tu padre”. Me dio una arrechura, yo me levanté y me fui. Desde entonces odio a la burguesía.

Mi mama fue la que me dio la educación que tengo. Me mandó a León a la universidad porque yo quería ser abogado y allí estaba la escuela de leyes. Yo no sé cómo se las arregló para mandarme, pero me mandó. Por eso yo, en cuanto triunfó la revolución, le di su casita y le comencé a pasar una mensualidad. Mirá, en eso nunca he fallado, es hasta hoy y soy puntual.

A mi viejecita no le puedo fallar.

La pobre se sintió desilusionada cuando se dio cuenta de que yo me había ido a la guerrilla, ella creía que había desperdiciado su dinero. Lo que pasa es que yo llegué a León en los setenta y ya la cosa estaba encendida. Yo me metí desde el primer año. Eso era nuevo para mí, yo venía de Bluefields y aquí no había nada de eso. Cuando llego a la Facultad de Leyes, ya eso era un hervidero de sandinistas. Había manifestaciones por todos lados, mitines, lanzaban panfletos por todas partes. Tu papa ya andaba metido en el Frente. Yo lo conocía de pasada, él era como tres años mayor que yo. Y como los dos éramos costeños se puso a reclutarme.

Lo primero que hizo fue presentarme a sus amigos. Con ellos él sólo hablaba de política, así es que me fui dando cuenta de la coyuntura, como la llamaban ellos. Después me dio a leer unos libros mimeografiados de Sandino, Marx, Lenin y no sé de quién más. Todavía me acuerdo de uno sobre la plusvalía y el trabajo asalariado que, para serte franco, nunca entendí. Yo soy hombre práctico. Yo le dije a tu papa, a mí no me des teoría, eso es para los intelectuales, a mí decime qué hacer.

Entonces me hizo su correo, vos sabés llevar mensajes de una casa de seguridad a otra, llevar materiales. Después me dijo que fuera su chofer. El problema es que yo no sabía manejar, en ese tiempo casi no había carros en Bluefields. Yo le dije que no sabía manejar, entonces me dijo que me iba a enseñar. En unas vacaciones que venimos a Bluefields, él le prestó un jeep a un muchacho de apellido Downs, Melvin, ellos tenían un jeep, y me llevó a la pista –así le decían al aeropuerto en ese tiempo- y allí me enseñó. Así comencé, y así fui avanzando en la guerrilla. Así avanza uno en la vida.

Después de esas vacaciones es que tu papa conoció a tu mama. Se conocieron en una de las casas de seguridad. La verdad es que tu papa era guapo y era uno de los jefes y tu mama era bien simpática. No creás, aun en la guerrilla uno es humano. Los jefes son los jefes, ellos consiguen lo mejor. ¿Vos naciste un año antes de la revolución? Sí, hombré, qué mala suerte, tu papa murió en la insurrección.

Tu papa y yo éramos buenos amigos, vos sos como un hijo para mí. Por eso en cuanto me llamó tu mama para pedirme que te ayudara, yo le dije que sí inmediatamente. Me dijo que eras abogado y eso es lo que yo necesito, un abogado de confianza. Me contó su situación, me dijo que ella se quedó sin nada después que perdimos las elecciones. Lo que pasa es que ella es tonta. Aquí la situación ha cambiado, hay que ponerse las pilas, esto es sálvese el que pueda. Yo, por suerte, estaba a cargo del transporte del partido, tenía medios, unos carros y hasta manejaba la gasolina del partido. Con eso comencé.

Pero me costó levantar esto. Al comienzo no sabía de negocios, no creás, perdí oportunidades por no saber de negocios. Una vez me vendieron un ternero para una de las fincas que tengo, digo, que administro, me dijeron que era de raza y nada de raza tenía, hasta estaba enfermo. En cuanto lo compré se comenzó a enflaquecer, como si solo estaba esperando eso. Ahí se murió.

Lo único que yo sabía era de armas. Yo me fui a la guerrilla en el 75. Después del asalto a la casa de Chema Castillo se desató una represión y nos tuvimos que ir a la clandestinidad. Yo me fui a la montaña primero, después me mandaron a entrenar a Cuba. La insurrección me agarró en el Frente Roberto Huembes, en Chontales. A nosotros nos mandaron a que nos tomáramos esos pueblitos que están en la carretera a Managua y eso es lo que hicimos.

Ahora que te cuento eso me acuerdo que yo era malo. En los primeros días después del triunfo, yo estaba en Rama, a mí me mandaron de Rama para acá para reforzar la zona con cuadros militares. En Rama yo era el comandante. Yo andaba detrás de una chavala -bonita, ¡para qué!- y había uno en el pueblo que se la quería echar también. Yo decreté un toque de queda, a las ocho de la noche nadie podía andar en la calle. Ahí lo jodí, ya no podía visitar a la chavala. Entonces, yo la iba a ver. Solo te puedo decir que la chavala estaba tiernita, era virgen. Después me transfirieron para acá y la perdí de vista.
Un día alguien me dijo que estaba en Miami.

Yo vine aquí a Bluefields como jefe militar. En los primeros días viví en el cuartel. Un día vi a una chavala bonita, burguesita, la Lorena. Eso sí, yo no odio a la mujeres de la burguesía. Yo no la conocía. Comencé a echarle la carreta y como en esos días nosotros éramos los chavalos de la película, vos sabés, yo era el jefe militar, la chavala también me agarró la vara. Yo sabía que no podía llevarla a vivir a cualquier parte, así es que confisqué la casa de la loma, que era la del alcalde. Todavía me acuerdo que yo llegué personalmente a confiscarla, llegué, qué, un miércoles, saqué al cuidador, el alcalde ya se había ido. El viernes hice la primera fiesta. Invité a las mejores chavalas y mandé a uno de mis viejos amigos a invitar a la Lorena. Esa misma noche me la llevé en el saco y desde esa noche se quedó a vivir conmigo. Vivimos juntos por varios años y tuvimos dos hijos.

También tengo una hija con la Enriqueta. La niña ya la tengo en la universidad, esa va ser su herencia. A la Enriqueta le voy a dar una casa, apuntá eso. Ella y yo estamos juntos desde que estaba con la Lorena. Por ella, la Lorena y yo nos dejamos. La Lorena se dio cuenta de que yo me llevaba a la Enriqueta cuando íbamos a visitar las comunidades. Me armó un alboroto, me tiró las cosas a la calle, y se fue a ponerle la tabaquera a la Enriqueta. Ahora ya se le pasó, pero desde que me sacó las cosas a la calle, yo me fui de la casa. Así soy más libre, la Enriqueta no me anda fregando.
Esperate, voy a contestar esta llamada. Aló. ¿Sí? ¿Qué pasó, amor? Ah, claro. El pegue ahí está esperándote. Vos sabés, amor, podés contar conmigo. Okey. ¿Cuándo? ¿Hoy? Claro que sí. Por ahí paso.

Bueno, lo que yo quiero es que todo esto quede en orden. Yo ya no estoy joven, padezco del corazón, aunque, ahí donde me ves, todavía funciono. Quiero dejarle todo arreglado a mis hijos. Ese va a ser tu trabajo, me vas a ordenar todo lo que me pertenece y me vas a hacer un testamento. Quiero que todo pase a mis hijos, a las mujeres no. Apenas me muera yo, ellas van conseguir otros hombres y van a dejar a mis chavalos en la calle. Yo no quiero que les pase a ellos lo que me pasó a mí. Vos tenés permiso para entrar a mi oficina, vos sos de confianza, sos casi de la familia. Podés leer todos los papeles que tengo aquí para hacer tu trabajo. No te preocupés por el sueldo, eso lo arreglamos después. Buscate una propiedad que te guste y yo te la consigo. Y podés comenzar ya si querés, yo tengo que ir a ver a la Daisy que me acaba de llamar para decirme que el marido salió a pescar ayer. Así es que vos hacés tu trabajo y yo el mío.

El libro El Pirata Morgan y otros cuentos está disponible en librerías Literato e Hispamer en Managua.

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