La aterradora Casa de Myriam un relato de Carlos Manuel Téllez

LA ATERRADORA CASA DE MYRIAM
Carlos Manuel Téllez

Myriam es consciente que esta casa es lo único que conserva del recuerdo de sus padres. De manera que está convencida que nadie tiene el derecho de habitarla, por mucho que hayan pagado por ella, porque me la robaron, no es por lo que vale es por lo que representa; esos cuartos, su extenso jardín, su sala, su cocina, su comedor son recuerdos de mis padres conmigo, porque en los días que estábamos juntos no nos separábamos. Lo lamentable es que cuando se iban y me dejaban sola monda y lironda con mi tío Miro-Miro… Un día en la escalera estaba jugando y cantando con mi muñeca Catrina, en el pasamanos de la escalera, y desde el arranque me acechaba Miro-Miro y yo subí más allá buscando la manera de ir hasta el cuarto donde me encierro, me guindo en el tiempo; Miro-Miro me sigue acechando, y yo subo, corro y corro porque cuando el me mira-mira de este modo me da un pánico. Corré más deprisa, me dije, guindo, corréte y me fui corriendo…, pero si guindo-guindo me cayera de las escaleras… no puedo correr más, se lastima la rodilla de ardilla, entonces él me comiera. Llegué hasta mi cuarto, lero velero candelero, el tío Miro-Miro viene: Tan, Tan ¿Quién es?, El diablo con la sartén. Por qué cerrás con llave el cuarto, me dijo. Tengo miedo le respondí. No tengás miedo lero velero, guindo-guindo, y en su fortaleza el tío abre la puerta con un empujón borón bon bon… Lero velero dónde estás. Si cuento a la una, la luna… a las dos, Juan de Dios… a las tres, Juan Andrés… a las cuatro, garabato… y a las cinco, la barriga te jinco… Dónde estás lero velero, y yo estaba bien camufladita. Pero lero velero en el ropero, lero velero en el baño, dónde estás lero velero, y él cuenta de nuevo: 1, 2, 3, 4… En la calle 24 una vieja mató un gato… Soy tu tío Miro-Miro, me dice. Y qué hacés adentro del ropero, yo estaba como muda, aterrada envolviendo con mis brazos a mi muñeca. ¿Qué hacés allí?, me dice, y yo le contesto que quiero a mi Mita. Lero velero, triturador de vidas… Lero velero patas de cangrejo… Lero velero, guindo-guindo, Miro-Miro… ¡por qué me odias…! Y estos pensamientos que por mucho tiempo me traen como ojo de carnero o santo mocarro cabeza de jarro que quiero salir, escapar… Para no haber nacido ese cate cara de aguacate; pero yo no, yo tengo que limpiar mi vida, no quiero vivir atada a los malos recuerdos, de eso me encargo yo porque si es verdad que hay cicatrices que cierran a veces otras no se curan por mucho que trate y trate pero nada de nada, culo de nada.

¿CUÁNTOS DEDOS TENGO AQUÍ?

Carlos Manuel Téllez

Colombina cree que un columpio le marcó la vida. Cierta vez, cuando venía de clases, dejé la mochilita en el césped, toqué sus asientitos, las cadenas caídas el propio peso atadas por sus tornillos, me senté, me balanceé ajustando mi falda color azul plisada, mis zapatitos negros satinados me empujaban para sentirme feliz al balanceo como un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña…. Loco loroco cabeza de coco fueron creciendo las cosquillas en mi panza de catapanza; ese viento soplando en mi cara, me sentí libre, quería sentirme paloma en la loma y volar libre como cualquier otra niña. Ese columpio fue algo más para mí, pasaba a veces días enteros meciéndome en él, llegué a quererlo más que mi vida misma al sentir las presiones de mis manos en esas cadenas, hasta que un día volvió a pasar. Mientras me mecía llegó mi papaíto por detrás sin que yo lo sintiera, sin que yo lo viera venía a mí el gato garabato y me pregunta si me gusta columpiarme. Agaché la cabeza, no quería darle la cara careta, pero él estaba hincado frente a mí. ¿Te gusta columpiarte en el columpio, Colombina?, me volvió a preguntar y yo sin contestar. Quería unas piernas ligeras por Si estás en la carretera y oyes un bip-bip, quería irme y atravesar la calle, subir al primer autobús, esconderme bajo el asiento. Pero no podía, él estaba frente a mí, arrodillado diciéndome Abracadabra, patitas de cabra; pero no, yo no quiero. Él otra vez con sus manos duras en mis tobillos de molinillos; Abracadabra, querés que tu papaíto te mesa; yo moví mi cabeza diciendo que sí, que no, que caiga un chaparrón… como para que se fuera. Se fue no tan lejos, por detrás, rozó mi hombro con su mano cara de banano, después con la otra cara de patriota; y empezó a empujarme por la espalda. Estabas asustada, Colombina, no digás que no; y él seguía empujándome fuerte y después el miedo, debía haber pensado en corre, corre niña, pajarito vuela que las estrellitas están en la escuela… las cosquillas en mi panza crecían. Papaíto me detuvo en seco, y otra vez frente a mí me pregunta si le gusta a Colombina volar por los aires; Sip!, le digo. Una vez más sus manos pero en mis piernitas terciecitas y blanquitas, ¡Abracadabra! Y él subiendo su mano entre mi falda color azul de pijul. Retorna a preguntar: ¿te dio cosquillita la pancita?; Sip!, Abracadabra ¿te gustaría sentir otra cosquillitas Colombinita bonita?; Sip!, Abracadabra, tenés que prometer que nadie, nadie, NADIE va a saberlo; Sip!, Abracadabra, ni a la dama que le dice que la ama; Sip!, Abracadabra, ni la profe Roque cabeza de alcornoque. Y su mano subiendo lenta como amarga menta hasta La cucaracha, la cucaracha ya no puede caminar…. ¿Lo promete niña bella?, me pregunta, Sipirirín! Le digo yo. Entonces, finalmente me dice: ¡Abracabrona las patas de mona! Y mientras su mano cara de banano y después la otra cara de patriota… Recotín tin tin ¿cuántos dedos tengo aquí?…

Carlos Manuel Téllez.
Nació en 1977, en León. Estudió una licenciatura en Español en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua.
En el 2007 Fundación Libros para Niños le editó su segundo cuento: El semáforo.
En el 2008 escenificó en el Teatro Municipal José de la Cruz Mena la obra: Yo Rubén Darío, escrita y dirigida por su maestro José Manuel Plaza. Ha publicado la novela; Una serpiente en mi boca, elegida por el Centro Nicaragüense de Escritores, en el 2013.

Pintura:  ERNEST DESCALS, coleccion sobre deidades y dioses de la antiguedad, entre ellos los annunakis, dioses sumerios supuestamente creadores de la raza humana.

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